En la actualidad, el mundo se encuentra inmerso en una transición ecológica. El cambio hacia un mundo ambientalmente sostenible y respetuoso con el clima es fundamental para responder a la crisis climática mundial. El éxito de la transición hacia un mundo más verde dependerá del desarrollo de competencias verdes en la población. Las competencias ecológicas o habilidades verdes son “los conocimientos, capacidades, valores y actitudes necesarios para vivir, desarrollar y apoyar una sociedad sostenible y eficiente en el uso de los recursos”.

 Las competencias ecológicas son pertinentes para personas de todas las edades, tienen mayor importancia para los más jóvenes, que pueden contribuir a la transición ecológica durante un período de tiempo más largo. Las encuestas muestran que el 67% de las personas creen en un futuro mejor, siendo los jóvenes de 15 a 17 años los más optimistas al respecto. Más de dos tercios (69 %) de la población total cree que si los jóvenes tuvieran más oportunidades y más voz en sus instituciones, los sistemas políticos mejorarían.

Los jóvenes pueden ser una fuerza positiva para el desarrollo cuando se les brinda el conocimiento y las oportunidades que necesitan para prosperar. En particular, los jóvenes deben adquirir la educación y las habilidades necesarias para contribuir en una economía productiva; y necesitan acceso a un mercado laboral que pueda absorberlos en su tejido. En la actualidad, hay 1200 millones de jóvenes de 15 a 24 años, el 16% de la población mundial. Para 2030, fecha límite para los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), se estima que la cantidad de jóvenes habrá aumentado en un 7%, llegando así a casi 1300 millones.

De acuerdo con el informe Estrategia de las Naciones Unidas para la Juventud (2020), el mundo alberga a la generación de jóvenes más numerosa de la historia con 1.800 millones de personas, de las cuales cerca del 90% viven en países en desarrollo. En México hay 30,7 millones de jóvenes, es decir 24,6 % de la población total.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) define a las y los jóvenes como aquellas personas de entre 15 y 24 años. En México, el rango de edad va de los 15 a los 29 años de acuerdo con el Instituto Mexicano de la Juventud (Imjuve). No obstante, el concepto juventud está matizado por los factores socioculturales, institucionales, económicos y políticos de cada país, variando incluso de una región a otra. En México, por ejemplo, para construir esta definición se requiere considerar todos los ámbitos ocupados por este bloque poblacional, desde lo educativo hasta lo laboral, de lo cultural a lo político; se deben reconocer sus capacidades, sus oportunidades, pero también sus necesidades y vulneraciones. Por esta razón, buscar encerrar todas las complejidades de ser joven en un concepto delimitado solamente por la edad nos ubica en un plano lineal donde la juventud se reduce a una etapa de transición, “en el paso de una condición de niños a adultos”, reduciéndolo a un período “frágil y temporal de la vida”.

Las situaciones de violencia que afectan a los jóvenes son principalmente la discriminación, la falta de acceso a derechos básicos y la pobreza. Sin embargo, las y los jóvenes que participaron en el cuestionario perciben la inseguridad y delincuencia como principales formas de violencia que afectan su vida cotidiana.

Tanto mujeres como hombres jóvenes identificaron los asaltos, agresiones físicas, secuestros y asesinatos como las formas de violencia más comunes en su entorno. La inseguridad generalizada se perfiló como el mayor riesgo. Una abrumadora mayoría expresó sentir “miedo” de salir a la calle para realizar actividades tan cotidianas como asistir a la escuela, trabajar o convivir en espacios públicos. La calle fue señalada como uno de los espacios más inseguros, en tanto que la delincuencia común y el crimen organizado fueron identificados como los principales perpetradores de estas violencias.

Las diversas expresiones de la violencia de genero ocuparon también un lugar importante.

A la pregunta “¿qué significa para ti vivir en paz?” la respuesta más frecuente de las y los jóvenes fue “vivir sin miedo”. Una vasta mayoría expresó abiertamente su deseo de vivir con tranquilidad y sin temor o preocupaciones: “es no tener que preocuparte por tu seguridad”, “salir y no sentir miedo”, “poder caminar libremente por las calles, saber que tus seres queridos están sanos y salvos dentro de casa, que un niño pueda salir a la tienda sin miedo a ser secuestrado, vivir en paz es vivir en armonía y tranquilidad en el espacio en el que convives con tus vecinos”.

Es necesario crear un ambiente digno, protector y potenciador para apoyar el desarrollo de las y los adolescentes, que les brinden oportunidades en su educación, formación en valores y un proyecto de vida; así como espacios de recreación, expresión y participación, formación técnica en oficios y emprendimiento, es una tarea pendiente de la sociedad.

¡Por la Construcción de una Cultura de Paz!

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