Nuestras vidas están escritas a más de la mitad, a veces, me comentas, en la paz de las tardes, caes en la tentación de ponerte a pensar qué hubiera pasado si los sucesos se hubieran acomodado de diversa manera, ¿acaso serías la misma? Sí, añades, son utopías, falacias que te distraen de la realidad, y no es que ésta te disguste, solo que una vez suelto el pensamiento, corre como un caballo salvaje sin freno, atraviesa y remonta la llanura de tu vida y torna a los días empolvados tejiéndoles finales diferentes.
A ti, te gusta observarlos perdida en tus reflexiones, como si vieras una representación exclusiva para ti, aunque después seas presa de un desasosiego que te inquieta y te espanta el sueño.
Pero en esos días, cuando nuestro cuaderno apenas se escribía y aún estabas a tiempo de que fuera diferente, desgraciadamente no estaba en tus manos enmendar el rumbo, no tenías el lenguaje suficiente para expresar tus necesidades y frenar su egoísmo, después, te sorprendió una ola sepultándote en un mar de furia y arena. Y es que las personas no están hechas a nuestra medida, y cuando contamos con las palabras precisas, el tiempo ya pasó, y te estructuraste de tal o cual manera. Esas ramas que crecían fueron podadas con la saña cotidiana de esos ignorantes que no entendieron que ansiaban tocar el cielo.
Sí, te digo, no nos es permitido escribir nuestras historias, a mí me hubiera gustado hacer algunas puntualizaciones que se quedaron en el tintero. Coincido, somos figuras de lego que se ensamblaron y el resultado fuimos nosotras. Y ya sé que no te consuela, porque tus anhelos maravillosos prometían mucho, pero sólo son eso, polvo que toma forma en tu imaginación, un microcosmos que gira con lunas y planetas al refugio de un rayo de sol.
Una vez, te digo, soñé que un intruso bajaba la escalera a todo correr y yo trataba de frenarlo en un escalón inútilmente. Me miró con unos ojos furtivos que eran iguales a los suyos, después, bajó de dos en dos los peldaños con la preciada carga que era mía y desapareció dando un portazo. Muchas veces me pregunté qué habría pasado de haberle dado alcance, si lo hubiera obligado a repartir sus días a la fuerza, pero el amor no funciona así, el cariño es como un camino de hormigas que a diario reparten el corazón con persistente entrega que no cesa, pero que es, principalmente y sobretodo, voluntaria.
No sé si estuviste de acuerdo con mi comentario pues me contestaste con evasivas. Te entiendo, no siempre tiene uno que coincidir en todo, la realidad se escribe sin respetar tus preferencias, no es un cuento de hadas.
Pero cada quien se completa de diversa forma, algunos se victimizan para sacar algún provecho, otros idealizan seres fantasmas que tienen las manos vacías, otros se resisten a ver, no sé, todos somos diferentes. Sospecho que tú en el silencio de la noche, cuando baja la intensidad de los ruidos pasajeros, sueltas las riendas de tu pensamiento, hasta que finalmente escuchas el galope de los caballos y te cubre la mentira que trae ese Pegaso en el batir de sus alas.