Las estadísticas no mienten. Las generaciones jóvenes viven y se entienden, ya sin un dios. El avance de la ciencia y la tecnología es tan grande, que encontramos explicaciones lógicas a mucho de lo que nos rodea. Por eso, dicen muchos jóvenes, ¿para qué necesitamos a un dios? ¿Estamos entonces, frente al fin de las religiones? Pareciera que, por siglos, la humanidad hubiera tenido que crear a sus dioses para intentar comprender el origen y el final de la vida. Inevitablemente, los números indican que en el mundo y en México, la religión tiende a extinguirse. Particularmente, el número de católicos disminuye aceleradamente, pero, aun así, el cristianismo y el catolicismo, parece, “tienen cuerda” para muchos años más. La “extinción del catolicismo” no es algo que se esté produciendo a nivel global, pero sí hay una disminución enorme en Europa y Norteamérica.
Esto se debe a factores como la secularización, la pérdida de fe entre los jóvenes, a los escándalos de pederastia y a la percepción de la Iglesia católica como una institución tradicional y alejada de las realidades modernas. Por el contrario, el catolicismo sigue creciendo en África y en partes de Asia.
El declive nacional se debe al crecimiento de otras denominaciones religiosas (protestantes evangélicos) y a personas sin religión (ateísmo). Además, hay menor práctica religiosa, incluso entre quienes se identifican como católicos. En el censo del 2020, el 77.7 % de la población mexicana era católica, esto es, casi 98 millones de personas. En Guanajuato, es el 91 % de la población, lo que nos convierte en el estado con el mayor porcentaje de católicos en México. León es la ciudad más católica de todo el País, con el 94 %.
Tampoco ya hay sacerdotes y la estructura vertical de la iglesia todavía cierra las puertas a los laicos y a las mujeres, pues no se quiere ordenar “sacerdotizas” ni obispas a las féminas, como lo hacen otras iglesias. La voz de los laicos todavía es relegada. Algunos teólogos sugieren que la Iglesia necesita modernizarse y volverse más “samaritana y misionera” para seguir adelante y mantenerse relevante en el futuro, como el Papa Francisco ayer y hoy, el Papa León XIV lo predican. Pero no hay mucha respuesta para que las vocaciones al sacerdocio se reactiven. Las proyecciones sobre el futuro del catolicismo varían según la región. Mientras que algunas proyecciones advierten de un futuro “negro” si la iglesia no se adapta, otros estudios recientes sugieren un resurgimiento de la fe, pero sin sacerdotes, es decir, animada ya por los laicos.
Algunas congregaciones católicas han comenzado -más por necesidad que por convencimiento-, a dejar en manos de laicos sus obras; así, escuelas, obras sociales e incluso universidades, ya están administradas por ellos. El perfil de los sacerdotes también cambia; hoy el promedio de edad rebasa ya los cincuenta años y tienden a ser paulatinamente, más ortodoxos. Veo algunos cambios: una tendencia hacia la ortodoxia teológica, formas más tradicionales de praxis litúrgica y mayor conservadurismo político. (“progresista” y “ortodoxo” entendidas como inclinaciones teológicas de una persona, y “liberal” y “conservador” como orientación política).
Y esto no es casualidad, los sacerdotes que se autodenominaban liberales o progresistas, han ido disminuyendo en los últimos 50 años, con Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco, por su salida masiva.
Hoy no es fácil la pastoral juvenil, pues hay pocos sacerdotes “especializados” en jóvenes, que les entiendan y sepan moverse entre ellos. No solo para predicar el Evangelio, sino para invitarles a la vida religiosa, es decir, a vivir el celibato (haciendo votos de pobreza, castidad y obediencia) y estando bajo la autoridad de un obispo o superior religioso, cuando se encuentra ya el mundo en una cultura de horizontalidad y colegialidad, donde las mujeres tienen roles protagónicos. En resumen, la corriente progresista en el catolicismo ha ido desapareciendo con el paso de las décadas, a pesar de que los dos últimos Papas salieron de esas filas.
Lo que vendrá en las siguientes décadas, es que continúe el descenso del catolicismo en México, hasta estar en menos del 50 % en 20 años y en que los sacerdotes pasen de ser 19 mil a menos de 8 mil. Solo si la iglesia se abre a la participación de los laicos y la apertura a la participación de las mujeres, el catolicismo tendrá futuro.