Historia 078

Esta es la historia 078 de 450 que te contaremos sobre León

Durante más de ocho décadas, una fábrica textil marcó el pulso industrial y laboral de León, sin que hoy muchos lo recuerden. Se trató de Hilados y Tejidos La Americana, que tuvo la primera planta termoeléctrica de México. 

Esta empresa, adelantada a su tiempo, fundada en 1877 y cerrada en 1961, dio empleo a cientos de leoneses y dejó una huella profunda en la historia económica y social de la ciudad.

La factoría se ubicó en lo que hoy es el estacionamiento Serdán, antes conocido como Boliche Serdán, en una zona estratégica del centro de León. Entre sus figuras clave estuvieron su fundador, don Ildefonso Portillo Carlín, su socio Jorge Heysser, así como Gustavo “El Güero” Saviñón. El último propietario de la empresa fue don Indalecio Andrade Torres.

La fábrica La Americana se ubicó en lo que hoy es el estacionamiento Serdán. Foto: Cortesía Eva Guillermina Saviñón

Pero el impacto de La Americana fue más allá de la industria textil. Gracias a la visión empresarial de Rafael Portillo Martín del Campo, hijo de don Ildefonso, en 1897 León tuvo finalmente acceso a la energía eléctrica. Portillo invirtió su propio capital para instalar, en la entonces calle Real de Guanajuato -hoy Francisco I. Madero-, la primera planta generadora de electricidad ligada a La Americana.

Rescatan legado de La Americana

A pesar de su importancia, La Americana quedó relegada a la memoria de unos cuantos. Por ello, la licenciada Eva Guillermina Saviñón Mejía emprendió una investigación histórica para rescatar su legado y dejar constancia escrita de su papel identitario en León, trabajo que cristalizó en el libro La Americana / Crónica Identitaria. La fábrica operó durante 80 años y tuvo una de sus entradas por la calle 27 de Septiembre, a unos pasos del Barrio Arriba, una zona que en otro tiempo fue habitada por población mulata.

El proyecto editorial también tiene un profundo componente personal. El padre de la autora, Gustavo Saviñón Sandoval, ingresó muy joven a la fábrica y desarrolló ahí toda su carrera hasta convertirse en jefe, entregando su esfuerzo y conocimiento hasta el cierre definitivo de la empresa en 1961. Esa historia familiar fue el motor que impulsó una investigación larga, minuciosa y apasionada.

El padre de la autora, Gustavo Saviñón Sandoval, ingresó muy joven a la fábrica. Foto: Cortesía Eva Guillermina Saviñón

Dos símbolos marcaron la vida cotidiana de La Americana: su chacuaco, que desde temprano lanzaba bocanadas de humo, y su silbato, que sonaba con precisión casi inglesa a las seis de la mañana, a las tres de la tarde y entre las seis y siete de la noche. Hubo un día excepcional en el que el silbato no marcó turnos, sino historia: cuando se anunció el acuerdo de paz y el fin de la Segunda Guerra Mundial, su sonido repicó como campana de templo.

Guillermina Saviñón recuerda con emoción sus dos visitas a la fábrica. La primera ocurrió cuando tenía entre seis y siete años, acompañando a su madre a llevarle comida a su padre.

La primera cuando tenía aproximadamente 6-7 años, que acompañé a mi madre que le llevó de comer a mi papá, que no era frecuente; cuando vi aquel mundo, el traca traca de las lanzaderas de los telares, el fuerte ruido y todo el espacio lleno de algodón, yo creía que era el cielo. Veía a mi padre como un titán”, relató.

¿En dónde estaba La Americana en León?

La fábrica se localizaba a dos cuadras de la Catedral de la Santísima Virgen de la Luz, a una cuadra del Estadio Enrique Fernández Martínez —hoy ISSSTE—, a unas cuadras del Santuario y a unos pasos del Barrio Arriba, entre las calles Acuña (hoy López Mateos) y Melchor Ocampo.

Su segunda visita ocurrió en 2018, cuando el ingeniero Aiscorbe —yerno de Moisés Andrade, hijo de don Indalecio— le permitió ingresar al predio, entonces ocupado por un negocio de sanatorios móviles. La experiencia fue profundamente emotiva.

“Me tapé la boca porque sentía que el corazón por allí se me salía. Dios bendito, pude entrar y tomé fotos”, recordó. Lo que más la impresionó fue el espacio donde estaba la campana conectada al motor, los ventanales y el techo de dos aguas, elementos que detonaron definitivamente la reconstrucción histórica de La Americana por escrito.

La Americana y la historia familiar

El valor del libro también se nutre de una historia marcada por la tragedia y la resiliencia. Su abuela, Altagracia Sandoval, quedó viuda tras el asesinato de su esposo Stanislao Saviñón durante la Cristiada, a causa de sus ideas religiosas. Ella ingresó a trabajar a La Americana, y poco después lo hizo su hijo, quien pasó de ayudante a jefe de la fábrica. No existe otro libro que aborde de manera integral la historia de esta empresa.

Guillermina relata que su padre dedicó toda su vida a la industria textil. La fábrica fue su escuela: sin ser ingeniero, fabricaba maquinaria del ramo en San Francisco y trabajó también en YAT, otra empresa de don Indalecio Andrade, ubicada en lo que fue la Bodeguita de Orsini. Posteriormente se trasladó a Puebla para laborar en una textilera.

“Eso le puedo decir de mi padre, a quien cariñosamente le llamaban ‘El Güero’ Saviñón, que en un tiempo practicó el béisbol”, recuerda.

Gustavo Saviñón Sandoval, Mostrando maquinar de la fábrica que atendió en la calle México. Foto: Cortesía Eva Guillermina Saviñon

La Americana producía tussor, mantas, rayadillos, mezclilla, hilatura, hilos de algodón y artisela para rebozos. Fabricó durante años el rebozo de algodón conocido como “corriente”. Con altibajos, la empresa sobrevivió ocho décadas y fue sustento de numerosas familias leonesas.

Un hecho histórico poco conocido es que la fábrica vistió al Ejército Mexicano durante épocas de luchas armadas, tema abordado en el Archivo Histórico Municipal de León durante la conferencia El Ejército Liberal en la Reforma, impartida por el historiador Carlos Armando Preciado el 28 de noviembre de 2025, lo que representó un motivo de especial satisfacción para la autora.

El libro ha tenido 27 presentaciones en distintos foros culturales. La primera fue el 8 de noviembre de 2023 en la Biblioteca Central. Su elaboración tomó alrededor de cinco años y actualmente se vende incluso en la Feria de León y ha estado presente en la FENAL.

Guillermina Saviñón ya prepara un segundo volumen, con nuevas investigaciones sobre el mismo tema, titulado La Americana / Luz y Lustre, que se publicará en 2026, en el marco de los 450 años de León.

“Yo creo que León le debe gratitud a La Americana”, afirma. “Duró, con sus altas y bajas, 80 años en la ciudad. Ya es una trayectoria, ya dejó huella”.

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