Historia 076
Esta es la historia 076 de 450 que te contaremos sobre León
Desde el piso 40 de la Torre Lumiere, la más alta de León, , ubicada en Gran Jardín, Guillermo Velasco Velázquez mira la ciudad que ha ayudado a construir y vuelve, inevitablemente, a su infancia. Tenía apenas tres años cuando quedó huérfano y creía que, a través de un pequeño agujero en la pared de su casa, podía hablar con su papá, que ya estaba en el cielo.
Hoy, a sus 85 años, Guillermo conserva una energía que sorprende. Empresario exitoso, desarrollador de vivienda y católico, celebra cada logro agradecido con Dios y rodeado de su familia. Sus amigos y clientes coinciden en una cualidad que lo define: es un gran vendedor.
Una noche bastó para confirmar esa fama. En la presentación de Portones del Campestre, Guillermo vendió 200 casas.
Expusimos las características, invitamos a los proveedores de los materiales de construcción… y vendimos”, recuerda con una sonrisa.
Antes ya había sido pionero en la vivienda de interés social, en Las Huertas, donde construyó 600 casas con una convicción clara: servir antes que lucrar.
Junto con sus amigos de infancia, Ricardo y Juan Succar Chebeia, Guillermo Velasco se convirtió en uno de los principales desarrolladores de vivienda de la zona norte de León.
El proyecto más emblemático del grupo empresarial es la zona Gran Jardín, formada por varios fraccionamientos que suman alrededor de 5 mil casas, reconocida también por albergar la Torre 40 Lumiere, de 165 metros de altura, cuyo nombre -luz- resume la filosofía del desarrollo.
Innova nace en 1991 por los hermanos Ricardo y Juan Succar y Guillermo Velasco. A lo largo de su trayectoria han desarrollado proyectos como La Antiqua, Gran Jardín, El Bosque y las campiñas, la más reciente Campiña Francesa, entre otros. Antes de iniciar el nuevo siglo, innovaron con el llamado Financiamiento Compartido, un esquema similar a las tandas tradicionales. No había créditos hipotecarios e Innova formó cinco grupos, uno por año, de 100 compradores y entregaba dos casas mensuales a los participantes.
Crecimiento precoz
Mucho antes de descubrir su vocación como desarrollador, Guillermo aprendió el valor del esfuerzo.
Su padre, Carlos Velasco de la Paz, vendedor de pólizas de seguros de La Nacional, murió de un infarto cuando él tenía tres años. Su madre, María Teresa Velázquez Herrera, quedó viuda a los 26, con tres hijos pequeños. Guillermo era el mayor.
La abuela materna, preocupada por la familia, quería que su hija y los niños vivieran en casa propia, por lo que María Teresa compró una pequeña vivienda en la calle Juárez y retomó el trabajo de su esposo: vender seguros. Sacó adelante a sus hijos con trabajo y disciplina.
Los hermanos estudiaron en el Colegio Camarena y en el Instituto Lux, y su hermana en el América.
Desde muy joven, Guillermo trabajó durante las vacaciones. “Mi mamá no quería vernos de flojos”, recuerda. A los 12 años ganaba cinco pesos semanales en una tienda de juguetes, después vendió gas, muebles y repartió leche.
A los 13 años, apoyado por sus tíos, hermanos de su mamá, Carlos, Jesús y Gustavo Velázquez Herrera, combinaba el estudio con el trabajo. Se levantaba a las cinco y media de la mañana para ayudar a repartir leche y luego se iba en bicicleta al Lux. Si llegaba tarde, Bonifacio cerraba la puerta.
“Me quedaba afuera, en la ventana del salón, escuchando la clase de Matemáticas del padre Carlos Hernández Prieto sentado en la bici. Después de la primera hora, podía entrar”.
Por las tardes trabajaba con su tío Gustavo en La Casa del Pueblo, una tienda de ropa cerca del mercado República. Ahí aprendió a vender, a cobrar cuentas y a tratar clientes. Ganaba 25 pesos a la semana entre ambos trabajos. “Para un jovencito, era mucho”.
El camino empresarial
Guillermo dejó el bachillerato cuando el rector del Lux, Alberto de la Rosa, le dijo algo que marcaría su vida: “ Eres bueno para trabajar, mejor ponte a trabajar, ayuda a tu mamá. Para el estudio no eres bueno”.
Su tío Gustavo, a quien Guillermo veía como un padre, lo contrató de tiempo completo con un salario de 250 pesos semanales y, poco después, le vendió a crédito una de sus tiendas. El joven pagaba con las utilidades y trabajaba hasta la medianoche en temporada de feria.
Gustavo abrió otra tienda, llamada La Casa del Pueblo -aún existe-, y un día le dijo a Guillermo: “aquí no te vas a hacer rico, vente a trabajar conmigo y te doy una participación de todas las ventas”.
A los 19 años se convirtió en el brazo derecho de su tío, quien tenía haciendas, fábricas, y camiones urbanos.
Guillermo reunió dinero y al cumplir 25 años, abrió su propio negocio: Almacenes Velasco, en el Barrio Arriba. La tienda prosperó y se compró su primer auto nuevo, un Opel 1965.
Más tarde, junto con su tío y otros socios, compró camiones urbanos y fundaron la línea Circuito Colonias.
Guillermo Velasco asumió la gerencia de la empresa de transporte mientras su hermana atendía Almacenes Velasco. Enfrentó robos, capacitó conductores, negoció créditos y tarifas.
Durante el movimiento estudiantil de 1968, incluso evitó la quema de un camión entrando solo a negociar con los estudiantes. Su habilidad para conciliar ya era evidente.
El desarrollador
La transición a la construcción llegó casi por casualidad. Un primo de Guadalajara le dijo: “Tú eres bueno vendiendo. Si haces casas, ganas más que por las camisas”. En esos años la ganancia por camisa era de 10 pesos.
La idea coincidió con la inquietud de un grupo de amigos empresarios, llamado Midas, que quería hacer negocios.
Compraron un terreno en León Moderno y construyeron seis casas. Guillermo las vendió a 110 mil pesos cada una.
Las vendí tan bien, que otro amigo quiso que hiciéramos un negocio y me prestó el dinero para hacer otras seis casas y nos fue bastante bien”.
Luego vinieron más proyectos aunque la creación de Infonavit a nivel nacional, detuvo los créditos bancarios para vivienda.
El Gobierno estatal por su parte creó un programa de vivienda social y Guillermo obtuvo un contrato para construir 600 casas en Las Huertas.
Concluido el contrato, conoció a un propietario de 50 terrenos en Jardines del Moral quien no tenía interés en construir. Los terrenos estaban urbanizados, “yo ahorita no tengo dinero pero si me los fías te los compro…y me los fió”, recuerda el empresario.
En sociedad con su amigo, construyó las 50 casas y las vendió.
Guillermo y varios de sus amigos continuaron desarrollos en Jardines del Moral. En el trayecto enfrentó crisis severas: la falta de créditos, inflaciones, invasión de El Guaje, la devaluación de 1994, el 2008…
Vendió camiones, terrenos y cerró negocios. “Nada se podía hacer sin financiamiento y solo quedaba la ayuda de Dios”.
Con nuevos socios creó Promotora Habitacional del Pacífico “Habitat” y más tarde, junto con Juan y Ricardo Succar, creó la marca Innova.
Habitat, integrada por Ramón Romo, Juan Succar, Pepe Salem y Guillermo, tuvo proyectos exitosos. Un fraccionamiento campestre en la sierra de San Felipe y la venta de villas en Las Hadas, Manzanillo.
Poco después. Juan y Ricardo Succar Chebeia se asociaron con Guillermo y crearon el grupo Innova y compraron el terreno en donde construyeron el fraccionamiento residencial Portones del Moral.
Guillermo Velasco había experimentado en construir un modelo de casa cómodo y funcional y con materiales que permitían bajar tiempos y costos.
Siguió el desarrollo La Antiqua, Portones del Campestre, donde en una noche en la Casa de Piedra se vendieron las 200 casas ; finalmente nació Gran Jardín, un proyecto que comenzó “urbanizando con las uñas”, vendiendo terrenos a plazos para financiar el crecimiento.
La zona era conocida como Chichiguas e inicialmente compraron 50 hectáreas a 50 pesos metro, con agua. Años después, en 1999 aproximadamente se integró como socio Memo Velasco Padilla, hijo de Guillermo.
Actualmente, la zona desarrollada ocupa 600 hectáreas.

Fe, familia y legado
Para Guillermo Velasco Velázquez, el desarrollo de vivienda siempre ha sido un riesgo. “Planeas ganar 10 o 20 por ciento y a veces no da”, dice. Lo que no es negociable es la calidad ni la palabra empeñada. “Si ofrezco algo de primera, tengo que cumplir”.
Su fe ha sido constante. “Dios dispone, Dios siempre nos ha ayudado. Estamos en sus manos”, afirma cuando recuerda las crisis que casi lo llevan a la quiebra.
Hoy, la zona Gran Jardín es casi una ciudad con iglesia, comercios y servicios. La segunda generación de las familias Succar Chebeia, ya participa en el Consejo de Administración de Innova. Su hijo, Memo Velasco Padilla, dirige La Campiña Francesa; Ricardo Succar Velázquez -hijo del socio fundador Ricardo q.e.p.d.- dirige la mercadotecnia del grupo y participa en las decisiones.
“Mi idea siempre fue cómo sirvo a los demás, no cómo me sirvo yo”, resume Guillermo. Aquel niño que hablaba con su padre a través de un agujero en la pared, ha construido una vida con trabajo, fe y palabra.
DAR
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