Las consecuencias de los errores en cadena que cometen los de la 4T, como el cerco cada vez más ceñido que se ha colocado en las libertades de los ciudadanos, se las achacan al “conservadurismo”. No se percatan de que en un mundo muy diferente al de la ola socialista de los 50 y 60, sus ideas no funcionan por obsoletas, retrógradas y contrarias a la libertad individual, o sea, a los universalmente reconocidos derechos humanos.
Si analizan el mundo y le echan una oteada a la bestial represión en Irán de un régimen totalitario cuyo peso se ha tornado insoportable para la población, se percatarán de este fenómeno global. Mismo que igualmente hemos visto en Latinoamérica, con el triunfo de la derecha en numerosos países que intentaron experimentos socialistas y fueron expulsados por la ciudadanía.
¿Por qué? Porque la intrusión en la vida cotidiana del ciudadano, en Gobiernos cuyo control invade sus libertades, se torna intolerable. Los Gobiernos existen para potenciar al ciudadano, para facilitarle su progreso y bienestar, no al revés; no existe el ciudadano para potenciar al Gobierno, como sucede en los socialistas totalitarios, o bien de control fundamentalista basado en la religión, como Irán.
La tendencia global es la de incrementar la libertad del ciudadano, anteponiendo sus legítimos intereses por encima de los de la burocracia que gobierna. En este sentido, la 4T está empecinada en hacer en México lo opuesto: se encamina a incrementar su injerencia en la vida de los ciudadanos, a aumentar su control sobre ellos, a someterlos más. Esta intromisión que viola la privacidad del ciudadano se apareja con otras limitaciones, mismas que a continuación explicaremos.
Tenemos primero la nueva ley de registros telefónicos: la obligación que nos impone el Gobierno de hacerle saber si tenemos teléfono, cuál es nuestro número, en dónde lo tenemos, quiénes somos, qué hacemos… todo para que éste pueda saber con quién hablamos, qué tan frecuente y por cuánto tiempo.
El que lo hayan aprobado tras la imposición ilegal de tomar el 75 % de la representación legislativa con apenas el 54 por ciento del voto no torna esta ley en menos inconstitucional, pues viola la privacidad, misma que la Constitución nos garantiza. Los cuatroteros de Morena invocan un sinnúmero de pretextos: quesque la seguridad, la protección al ciudadano, la voluntad del pueblo y que su tía en bicicleta.
La verdad es que corresponde a OTRA medida de control del Gobierno sobre sus ciudadanos que no es necesaria ni para la seguridad ni para maldita la cosa, pues si de seguridad se tratara, con el espionaje del Centro Nacional de Inteligencia (antes CISEN) y del Ejército (apoyados con el malware “Pegasus”) completan y les sobra. El problema no es que no sepan quiénes son los malos y con quiénes se juntan: el problema es que el gobierno mismo les concede protección e impunidad. Curioso, pues, que la 4T a los delincuentes -dentro y fuera del Gobierno- les permite todo y a los ciudadanos les quita libertades y los acosa con el SAT.
Otro ejemplo que tenemos en puerta de los errores garrafales que cometen estos señores (y señoras) es la mal llamada reforma electoral, mamarrachada en la que sólo participaron Morena y sus aliados, cuyo fin es reducir la pluralidad en el Congreso, incrementando aún más el monopolio del poder que ejercen Morena y la 4T sobre la ciudadanía.
Al igual que en Irán, ya no tendremos Presidentes que se ciñan a leyes limitantes, sino ayatolás con poder ilimitado. ¡Y a ello le llaman “democracia”, y a quienes se oponen a la tiranía los tildan de “conservadores”! Si la contienda fuese de epítetos rimbombantes, estos señores -y señoras- se llevarían la medalla de oro (con Putin la de plata y Trump la de bronce, acorde con su tono).
Muchas veces, como en Irán, el repudio ciudadano a la pesada intromisión del Gobierno en sus vidas tarda en llegar, pero la historia nos muestra que inevitablemente llega. Sigan, pues, jodiendo… pero aténganse al futuro.