Como si fuesen chicas de tacón dorado, el PVEM y el PT se han dado tres semanas de encerronas exclusivas con la “Comisión de la Presidenta” para la Reforma Electoral para vender caro su amor y llegar a un acuerdo continuando su alianza o apareamiento político.

Resulta que Morena requiere a sus satélites para lograr los votos necesarios y así poder concretar esta reforma, a la que ya llaman “Ley Maduro” (el Senador Ricardo Anaya la bautizó tan aptamente), la cual ha sido descrita también como la puntilla que dará muerte a la democracia en México.

No les quede duda de que la actual “objeción” del PVEM y el PT se esfumará cuando parte -o toda- la partida secreta que maneja el prócer de la democracia, el parangón de la virtud política y hermano putativo del inquilino de “La Chingada”, Adán Augusto López, líder ejemplar de los Senadores morenistas, aproveche la opacidad que cubre los 894 millones de pesos de la partida secreta discrecional para tornarla en poderoso agente aplanador de conciencias y haga ver a sus compañeros lo errados que están al apartarse del rebaño.

Pretextos nunca faltan y, en este caso, esgrimen que debe reducirse el costo del INE y de los procesos electorales y emplear ese dinero en beneficio del pueblo. Para ese caso, simplemente regresen a Hacienda la partida secreta que maneja en total opacidad AAL y dejen de enviarle crudo a Cuba: entonces, sumados, esos miles de millones de pesos inviértanlos en dar mejores servicios de salud a los derechohabientes del IMSS. A ver si logran que las citas médicas tarden dos horas en lugar de dos meses.

Recordemos: cuando por fin México logró la democracia plena en el 2000, poniendo fin a los 70 años del ejercicio de un monopolio del poder por parte del PRI, clamábamos todos por “una democracia sin adjetivos”. No se quería, se repudiaba, una “democracia revolucionaria” o cualquier otro eufemismo: democracia y punto. Quienes más gritaban y se desgañitaban pidiéndola eran quienes hoy ostentan el poder; sólo que, ya que lo tienen, no lo quieren soltar y entonces han comenzado a colocarle adjetivos a principios que no lo requieren: son y punto.

Por ejemplo, que el INE sea una institución independiente y autónoma. Autónoma es autónoma: no hay media autónoma, ni autónoma humanista, ni autónoma del Bienestar, ¿y qué creen ustedes? El jueves la Presidenta, que de joven era demócrata, “prometió” que con su reforma electoral tendremos un INE con una “autonomía razonable”. ¿Qué diablos es “autonomía razonable” y quién decide qué es razonable y qué no?

Otro ejemplo de esta tendencia tiránica son los plurinominales: dicen que están a favor de ellos, pero prefieren que sea el pueblo y no los partidos quienes los designen. ¡O sea, otro acordeón para “elegir” los llamados plurinominales, que ya no lo serán!

El pequeño tirano que traen dentro nuestros gobernantes cuatroteros está truqueando para imponernos un INE controlado por ellos, con reducida participación de las minorías, con menor pluralidad, mediante la instalación de una hegemonía partidista que permita el ejercicio de un totalitarismo disfrazado, encubierto por un sistema de democracia simulada. ¡Exactamente como la que ejerció el PRI por siete décadas!

Lo traen en su ADN: la mayoría comenzaron como priistas o como miembros del Partido Comunista; después se pasaron con Cárdenas al PRD, luego lo traicionaron y fundaron “su” partido, Morena, destripando al PRD.

De manera que “los trabajos” que hacen en la Comisión de la Presidenta para imponernos una reforma electoral no es para una mayor democracia en México. ¡Al revés! No buscan democratizar el control, sino controlar la democracia, creciendo su poder morenista y minimizando la influencia de otras corrientes y partidos que no sean el suyo.

Cuando ellos hablan de “democracia” y se escudan detrás del “pueblo”, en realidad invocan la tiranía y realmente hablan a nombre de Stalin, de Chávez, de Maduro, de Ortega, de los Castro Ruz y de Díaz-Canel. ¡A otro can con ese hueso!

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