Adriana Martínez Martínez / Profesora–investigadora ENES León/ Miembro del Colegio de Economistas de Guanajuato

Del 19 al 23 de enero se realizó en Davos, Suiza, la 56ª Reunión Anual del Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés). Uno de los documentos que marcó las discusiones fue el Global Risk Report 2026, donde se identifican los principales riesgos que enfrenta el mundo. El mensaje central es claro: hemos entrado en una nueva era de competencia, marcada por la fragmentación geopolítica y el uso de la economía como instrumento de poder.

El informe señala que la confrontación geoeconómica – a través de aranceles, sanciones, subsidios y políticas industriales agresivas – se ha convertido en un riesgo de corto plazo. A esto se suman la reconfiguración de las cadenas globales de valor y un crecimiento económico débil, especialmente en economías emergentes. Todo ello reduce el margen de maniobra de los gobiernos para atender seguridad, infraestructura, transición energética y protección social, justamente los pilares de la competitividad de largo plazo.

En Davos se insistió en que la globalización no ha desaparecido, pero está cambiando. Se habló de “reglobalización” para describir la reorganización de las cadenas productivas con tres criterios: mayor resiliencia, cercanía a los mercados finales y alineamiento político. En este contexto, el nearshoring (acercar la producción a mercados como el de Estados Unidos) y el friend-shoring (producir en países aliados y confiables) ya no son teorías, sino decisiones empresariales en marcha.

En este nuevo mapa, México aparece como un caso emblemático. Su cercanía con Estados Unidos, el marco del T-MEC – que ya enfrenta tensiones y revisiones – y su base manufacturera lo colocan en posición privilegiada para atraer inversión en manufactura avanzada, electromovilidad y servicios industriales. Sin embargo, el mismo informe advierte que estas oportunidades conviven con vulnerabilidades profundas.

Entre los riesgos más relevantes para países como México destacan la delincuencia, la economía informal, la polarización social y la debilidad de servicios públicos como educación y salud. A esto se suma una limitada capacidad fiscal. Estos factores no solo afectan el bienestar de las personas; también erosionan la confianza empresarial y elevan los costos de operar e invertir.

Este escenario global no es una discusión lejana para el Bajío. En Guanajuato, uno de los principales polos industriales del país, estas tensiones se sienten de forma directa. La región forma parte de un corredor automotriz y logístico estrechamente vinculado al mercado estadounidense. Cambios en aranceles, reglas de origen o estándares ambientales se reflejan casi de inmediato en plantas, proveedores y empleo.

Además, problemas como el robo de carga, la extorsión y la presión sobre recursos estratégicos como el agua empiezan a pesar cada vez más en las decisiones de inversión. Guanajuato no solo concentra riesgos; también podría estar entre las regiones mejor posicionadas para aprovechar la transición hacia la electromovilidad, si logra atender a tiempo estos desafíos.

Otro tema central en Davos fue la inteligencia artificial (IA). Más allá del entusiasmo tecnológico, el diagnóstico es sobrio: la IA ya está transformando tareas administrativas e industriales y redefiniendo la competitividad. Para regiones manufactureras como el Bajío, el dilema es claro: usar la digitalización para subir en la cadena de valor o quedar atrapadas en segmentos de ensamblaje cada vez más presionados.

La agenda climática aparece ligada a todo lo anterior. Los riesgos ambientales y la transición energética dejan de ser asuntos lejanos para convertirse en factores económicos inmediatos: influyen en regulaciones, costos de producción y acceso a mercados, especialmente en sectores como el automotriz.

Visto desde México, el mensaje es menos optimista que urgente. La seguridad, el Estado de derecho, la formación de talento, la política industrial y la adaptación tecnológica ya no pueden tratarse como agendas separadas: son piezas de una misma ecuación. La reconfiguración de la economía global abre oportunidades reales, pero no automáticas ni permanentes.

La pregunta que deja el Global Risk Report, y que Davos hizo visible, es incómoda pero inevitable: ¿está México – y en particular regiones industriales como Guanajuato – listo para competir en esta nueva era, o volverá a descubrir demasiado tarde que la ventana de oportunidad ya se cerró, porque no hizo a tiempo las tareas de seguridad, talento y política industrial que esta nueva geoeconomía exige?

adriana.martinez@enes.unam.mx 

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