“Marx fingía desear la felicidad del proletariado, cuando en realidad lo que verdaderamente quería era la infelicidad de la burguesía”.
Lord Bertrand Russell
La maravilla de YouTube es la posibilidad de recuperar todo tipo de contenidos del pasado. Ahí podemos escuchar las voces de admirados pensadores como José Ortega y Gasset y Bertrand Russell, dos filósofos insignes del siglo XX. En una entrevista, a Russell le preguntan: “¿Para quienes rechazamos a Marx, nos puede dar una filosofía que nos dé un mejor futuro?”
Russell, con su claridad académica, explica que el marxismo es un desastre porque se basa en el odio y que ninguna filosofía puede tener éxito si ese es su fundamento. Luego, asegura que el problema son los dogmas: las creencias fijas de las que no se duda. El hombre racional siempre debe dudar, incluso de la propia filosofía de Russell, lo sugiere el lord inglés.
El matemático racionalista muestra una vena de profundo humanismo cuando asegura que cualquier pensamiento sobre el futuro debe fundamentarse en la bondad y el amor. Después de escuchar varias veces su mensaje, caemos en la cuenta de que los líderes de la izquierda radical, como Fidel Castro, Hugo Chávez y Nicolás Maduro, no quieren elevar al proletariado de la pobreza y llevarlo a la clase media. Lo dijeron en público: “Si llevamos a los pobres a la clase media, no votarán por nosotros”. También lo dijo Andrés Manuel López Obrador. Una verdadera miseria de pensamiento: mantener a los pobres pobres para obtener ganancias electorales.
Luego, al recordar la destrucción del aeropuerto de Texcoco, podemos coincidir con Russell: el resentimiento es el motor de la izquierda radical, no de la moderna socialdemocracia europea o nórdica, sino de la roja, la de los gobernantes como Kim Jong-un, el loco de Corea del Norte, que pone a todo un pueblo pobre a trabajar para producir armas nucleares. Odia a la burguesía occidental.
Otra muestra del resentimiento y del odio de López Obrador contra la llamada “burguesía” fue reunir a los más ricos del país en una cena para pedirles 20 millones por cabeza para la rifa del “avión”. Fue una sutil burla al sometimiento de quienes tanto odiaba. Ese mismo sentimiento lo llevó a terminar con las reformas de Enrique Peña Nieto que liberaban la capacidad de inversión del sector privado en energía, algo que tanto necesita México.
Pero en ningún lugar advertimos la razón del pensamiento de Russell como en Cuba, un país que sufre 67 años de revolución, donde lo que prevalece es el odio marxista hacia quienes pueden destacar. La miseria de ese pueblo, la hambruna que le viene y la desgracia del exilio forzado sólo muestran un gran odio por parte del Partido Comunista de Cuba. Pasaron más de medio siglo empeñados en el dogma del desprecio al mérito: la lucha de clases y el materialismo histórico, en los que, según Marx, el hombre es lobo del hombre, prevalecen en la isla.
Lo increíble es que las élites de los partidos y la burocracia llevan vidas de la alta burguesía. Lo notamos en México con los desplantes del chavista Gerardo Fernández Noroña y de Adán Augusto López; con los hijos del expresidente López Obrador y, últimamente, con los desplantes de gasto en la Suprema Corte de Justicia. Por fortuna, los países latinoamericanos rescatan, desde la democracia, el valor de la libertad. Costa Rica es el último país que se alinea con la voluntad mayoritaria de vivir sin violencia y en paz con el triunfo de Laura Fernández Delgado, quien será su primera presidenta.
AAK