El único remedio es la libertad
Enrique Gómez Orozco
Siempre es necesario ajustar el rumbo cuando no encontramos claridad sobre nuestro destino. Sirve a las personas, organizaciones, empresas y gobiernos. Cada paso que damos nos acerca o nos aleja de nuestras metas.
Valga esta entrada para preguntar a nuestros gobernantes: ¿hacia dónde vamos? El caso de Cuba es muy ilustrativo: México envió petróleo a la isla mientras pudo; lo hizo por “razones humanitarias”, seguramente sin esperar cobrarlo. Cuando Donald Trump amenazó con imponer aranceles a quien vendiera petróleo al país comunista, nuestra presidenta desistió de continuar con los envíos. Una buena decisión.
Ahora mandamos víveres de ayuda humanitaria a bordo de dos barcos de la Marina. Estados Unidos envió 6 millones de dólares. Lo de México es un gesto de generosidad hacia el pueblo oprimido y hambriento de Cuba; sin embargo, no hará que cambien las cosas en los últimos días de la dictadura.
Lo que no comprende o no quiere comprender nuestro gobierno es la naturaleza del problema de Cuba. No es de energía; no es de abasto de comestibles, refacciones u otros tipos de bienes. Lo que remediaría todos los problemas es la libertad. Ese ingrediente mágico que movería a todo el mundo a invertir en la isla. Porque no ha sido Estados Unidos el responsable de la desgracia económica de Cuba; lo del bloqueo es un cuentazo que nadie creía hasta hoy, cuando Donald Trump pone una cuerda en el cuello de Miguel Díaz-Canel y la burocracia comunista al eliminar la entrega de petróleo venezolano y mexicano.
¿Por qué México y las naciones latinoamericanas no piden la libertad para los cubanos?
Sabemos que esa garantía está escrita en nuestra Constitución. ¿por qué no deseamos los mismos derechos humanos para todos nuestros hermanos latinoamericanos?
Nicaragua, que abrió la ruta aérea entre La Habana y Managua, acaba de cerrarla. Pudiera darse una emigración masiva. Durante años, el único camino sin riesgos para un cubano era salir en un vuelo al país centroamericano para, de ahí, recorrer el camino hacia Estados Unidos a través de México. La situación se agravará en pocos días; es como ver a toda una nación hundirse en arenas movedizas.
Estados Unidos espera una sublevación interna, algo que podría provocar un baño de sangre si la dictadura aplica la receta de la represión y la cárcel para los líderes que clamen libertad. La CIA debe tener información sobre la temperatura política y social en la isla, suponemos que sabrá hasta cuándo seguir apretando.
Por lo que leemos en múltiples medios internacionales, el desenlace no sucederá en muchas semanas, sino tal vez en unos cuantos días; horas tal vez. Tarde o temprano, el racionamiento y los apagones terminarán con la resistencia del pueblo y su paciencia legendaria de 67 años.
México puede enviar barcos de ayuda humanitaria, pero jamás podrá hacerse cargo de las necesidades básicas de 8,5 millones de habitantes. Más que enviar comida, la diplomacia mexicana debería trazar una solución en compañía de otros países del hemisferio. Canadá, Brasil y Chile podrían ser intermediarios o facilitadores de una transición de Cuba a la libertad. ¿Por qué querríamos que Cuba siga sufriendo el modelo de gobierno que la empobreció y la llevó a la postración en la que vive si jamás lo aceptaríamos para nuestro país? ¿No es más útil la ayuda política al pueblo de Cuba que la ayuda material a la dictadura?