Si los adeptos a la censura fueran más listos, verían que la única forma de escapar del escándalo es evitar hacer cochinadas en el ejercicio del poder.

¡Cárcel merecen quienes osan criticar a la cuatroté! Eso no está permitido por el Supremo Politburó, nadie puede expresar su verdad si ésta es contraria a los intereses de los cuatroteros.

La señora Brugada, seguramente intentando hacerle la parada a su Jefa, la Presidenta, está ya pisando los linderos de la censura a los medios, y la Presidenta misma se muestra intolerante ante la crítica y a veces se le salen expresiones hostiles hacia algún medio que -ejerciendo su independencia y la libertad de expresión- publica información que no les gusta a los oficialistas.

No pueden ocultar los de la cuatroté que en muchos de ellos late el corazón de un dictadorcito y admiran a los tiranos que anulan las libertades de sus ciudadanos, entre ellas, las de pensamiento y expresión.

Acaba de mostrarlo -una vez más- el “illuminati” más verborreico de la 4T, Fernández Noroña, el de la mansión en Tepoztlán en tierras comunales, que le costó doce millones de pesos, que hubieran sido más si no es porque practica, como buen cuatrotero, la “austeridad franciscana” decretada por el Tlatoani Tropical. ¡Ajá!

Como ustedes ya sabrán, Julio Scherer Ibarra, que fue consejero jurídico al inicio del sexenio del Maoma Macuspano, acaba de publicar el libro “Ni venganza ni perdón”, y él, habiendo estado dentro de la bestia cuatrotera, conoce mejor que nadie sus tripas.

Entre muchas otras cosas, Scherer detalla cómo quien es hoy, hoy, hoy, coordinador de Asesores de la señora Sheinbaum, Jesús Ramírez Cuevas, habiendo sido en el sexenio pasado coordinador de Comunicación de la Presidencia con el inquilino de “La Chingada”, tomó una partida de 27 mil millones de pesos que le otorgó su jefe para, entre otras cosas, “comprar” el apoyo del Sindicato de Luz y Fuerza del Centro (indemnizaciones ya saldadas) para la campaña de la señora Brugada a la Jefatura de la CDMX.

Habrá que ver el enjambre cuatrotero, indignadísimo, llamando “traidor” y merecedor de ir a la cárcel al Lic. Scherer por osar divulgar “su” verdad, lo que afirma haber vivido al interior de las tripas de la bestia que lleva el fierro “4T”. Y fue Fernández Noroña quien le dio voz a la indignación del oficialismo, negándole el derecho a expresarse a Scherer.

No duden ustedes que la Presidenta, en su mañanera, si alguien le pregunta sobre el libro, responda: ¿dónde están las pruebas? Las pruebas, admirable dama, le toca recabarlas a la FGR, en donde duerme el sueño de la impunidad la investigación sobre el huachicol fiscal descubierto por Estados Unidos, en el que están involucrados miembros de la Marina y varios servidores públicos.

Scherer aporta un dato interesante que merece cuando menos ser investigado: que involucrado en este espinoso tema está un señor Carmona, que era muy amigo de Ramírez Cuevas. Quien, terminado el sexenio, fue revivido por Sheinbaum y puesto a cargo de su oficina, en el mero mero círculo interior, desde donde un espía de cepa mala, militante de Morena, podría estar transmitiendo secretos a los -digamos- no discípulos de la Presidenta. No solo nos parece inexplicable este nombramiento de continuidad, sino un error extremo.

Pero hablábamos del libro de Scherer, el cual, por el solo hecho de ser una versión de alguien que estuvo adentro y cerca del santo al que le rezan los cuatroteros, no deja de ser sumamente interesante.

Igual que “El Rey del Cash”, libro de la Lic. Elena Chávez, ex pareja de César Yáñez, el hombre más cercano al Mesías Tropical -que debió haber quedado en el puesto de Ramírez Cuevas- y quien acompañó al tabasqueño en todas sus campañas, siendo su chofer, asesor, guarura, confidente y hombre de confianza. Como a Scherer, a la Lic. Elena también intentaron silenciarla, la acusaron de maltrato animal, la amenazaron con cárcel y le hicieron la vida imposible.

Si los adeptos a la censura fueran más listos, se percatarían de que la única forma de escapar del escándalo es evitar hacer cochinadas en el ejercicio del poder, siendo no solo honestos e íntegros, sino transparentes y acostumbrados a la rendición de cuentas, ésta como regla, no como excepción, y como obligación; no como graciosa concesión del gobernante.

Interesante será atestiguar, en los próximos días, amigos lectores, en dónde y cómo paran estas misas negras.