Bajo la visión del sexenio pasado, el Ejército no debió esparcir balazos en Tapalpa, Jalisco, sino abrazos. El gobierno de Andrés Manuel López Obrador no cumplía con la ley porque nunca creyó en ella. El problema fue la acumulación de poder y territorio por parte de los grupos del crimen organizado, en particular el CJNG. Su líder, Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, gozó de impunidad personal, aunque sus familiares sufrieron las consecuencias de sus actividades. 

Una de las muestras de poder del CJNG era el cogobierno que ejercía en Puerto Vallarta. La hermosa Bahía de Banderas era su territorio y gozaba de una paz envidiable. Era sabido por todos y se aceptaba el poderío del cártel porque la percepción de seguridad era de las más altas del país. El turismo, tanto nacional como internacional, en aumento, contribuyó a que se convirtiera en una de las zonas más caras. El Grupo Aeroportuario del Pacífico invierte en una nueva terminal. Todo era pujanza. 

En un día todo cambió. 

La ciudad quedó congelada, las playas desiertas y la gente encerrada en casas y hoteles. La respuesta fue inmediata por parte de los miembros del cártel: quemaron autos y supermercados y provocaron caos por dondequiera. Con las columnas de humo, imaginamos una ciudad de Medio Oriente y no nuestra joya del Pacífico. Quisieron cobrar caro la muerte de su líder. 

En Jalisco se levantaron en armas grupos de sicarios cuya instrucción fue generar caos. La respuesta fue directamente proporcional a la importancia de Oseguera, quien, hasta ahora, había gozado de la protección de su ejército personal y del temor del gobierno a que sucediera lo ocurrido en 11 estados. 

El costo para el país será alto por muchas razones: primero, porque toda la actividad comercial y laboral sufrió un parón en seco durante el domingo y parte del lunes; segundo, por el sentimiento de inseguridad que provocaron los incendios. El turismo se verá muy afectado en todo el país. No sabemos la respuesta, pero podemos creer que hoy la gente se siente más insegura que el sábado pasado. Es el precio que paga la sociedad y la propia presidenta, Claudia Sheinbaum, por la indolencia de López Obrador. Se dejó pasar el tiempo, se enviaron señales de abrazos, se desestimaron las repercusiones internacionales del poder de los cárteles mexicanos. Todo cambió con el secuestro del Mayo Zambada y la guerra intestina en el  Cártel de Sinaloa. Suceso que terminó con la “pax narca” de ese lugar. 

Los detractores de la 4T tienen la boca llena de la palabra “Calderón”, es decir, el operativo militar para capturar al Mencho se parece más a lo que decía el expresidente: “a la delincuencia hay que combatirla con todo el peso del Estado”. Eso lo hizo el Ejército, apoyado por la información de Estados Unidos. Los sistemas de inteligencia del Pentágono, la CIA y el FBI tienen todas las herramientas para saber dónde está cada capo en México, cada político asociado, cada gobernador protector. 

Mientras dormimos, drones con cámaras capaces de leer placas de coche vigilan todos los movimientos de los grupos armados. Interceptan sus llamadas, siguen sus trayectos y conocen de dónde llega su dinero y en qué lo invierten. También pueden hacerlo desde el espacio, con satélites, o desde el lugar de los hechos, mediante informantes secretos. Por eso AMLO no quería a los agentes de la DEA en territorio nacional. Aun así, supieron todo. 

El gobierno cumplió con la ley. A la larga eso será mejor: saber que el gobierno cumple con su deber. 

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