El reconocimiento fue tanto nacional como internacional: la presidenta Claudia Sheinbaum “cruzó el Rubicón”, dice un comentarista de Bloomberg. Pasó de la política pasiva de López Obrador a la guerra activa de Felipe Calderón, pensamos aquí. 

Se dice “cruzar el Rubicón” por el hecho histórico de que  Julio César cruzó el río de ese nombre para conquistar Roma. Significa que no hay retorno. Por eso, el comentarista de Bloomberg, Juan Pablo Spinetto, estampa en una frase la grave decisión que tomó la presidenta Sheinbaum. Otro ejemplo más castizo es el de Hernán Cortés, quien “quemó sus naves” para que sus soldados no soñaran ni por un momento con regresar a España.  

En los hechos se parece a la decisión de Felipe Calderón de enfrentar, con todo el poder del Estado al crimen organizado.  Ante la grave respuesta del CJNG y los soldados caídos en la refriega del domingo, el Estado debe prevalecer. 

Decimos que la decisión fue la más difícil que se haya tomado en una década. Nemesio Oseguera, “El Mencho”, era el líder más poderoso de todos los cárteles que hayan existido en el país. El Cártel de Sinaloa extendía sus dominios en la costa oeste y mantenía acuerdos con algunos grupos dispersos en otros estados, pero nunca se supo de una organización tan compleja y poderosa como el Cártel Jalisco Nueva Generación. 

El despliegue de terror en 20 estados fue inédito. Nunca habíamos visto que cientos de locales comerciales fueran incendiados, cientos de autos y decenas de vehículos de transporte público y de carga fueran quemados para retar a la autoridad. Los datos aún son confusos, pero se dijo que los rebeldes mataron a 27 miembros de las fuerzas públicas. Un momento trágico y luctuoso, no sólo para el Ejército y la Guardia Nacional, sino para toda la Nación. 

Hay una medida a la que nunca se le echa mano: la suspensión de garantías o el llamado “estado de sitio”. En casos como la rebelión del domingo, el gobierno puede y debe aplicar esa ley para detener en seco a quienes destruyen bienes privados y públicos. Nayib Bukele, el controvertido líder salvadoreño, recurrió a esa medida para detener a conocidos pandilleros y criminales. Su ventaja era que la Mara Salvatrucha y la pandilla del Barrio 18 llevaban tatuadas sus iniciales. Tuvieron la soberbia de hacerse notar por su poderío ante una población desprotegida. Algo parecido sucedió con el CJNG cuando realizaba un desfile de sus camionetas blindadas y de sus poderosos armamentos, como los que encontró el Ejército tras la detención de El Mencho. A la inmensa mayoría de la población no le afectaría una suspensión de garantías, sobre todo en lugares puntuales, donde estalla la violencia de hombres armados afiliados a cárteles de la droga, de la extorsión o del robo de transportes. 

Al difundir sus delitos en redes sociales, el mensaje es claro: somos más poderosos que el Ejército. Todos sabemos que el poder de fuego de las Fuerzas Armadas es cien veces mayor que el de cualquier  grupo armado en México. Quedó demostrado el domingo.  Eso nos hace recordar a uno de los narcotraficantes más célebres, El Azul Esparragoza, quien decía que su negocio no se llevaba bien con las balas. 

La pregunta que se repite en todos los medios  es quién heredará el mando de Oseguera, pero eso es un asunto secundario. Lo importante es que *presidenta habemus*. Ni abrazos ni balazos, sólo el deber del gobernante de hacer lo imposible para lograr un presente y un futuro de paz. 

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Soy veracruzano de nacimiento, regio por necesidad y jalisciense por adopción. Mi experiencia en medios inició en Monterrey en el 2006 como encuestador, luego editor impreso de estados y nacional, me...