Donald Trump parece decidido a inscribir su nombre en la historia como el gran liberador de pueblos sometidos a décadas de brutales dictaduras. Primero Venezuela, ahora Irán, y Cuba será la siguiente parada en su cruzada. La narrativa es tentadora: tiranos derribados con operaciones fulminantes y pueblos liberados. Pero la realidad es más compleja.
Decapitar una dictadura, aprehendiendo o liquidando a un tirano, no es tan difícil. Lo que viene después sí lo es. Dejando de lado el quimérico sueño de una transición hacia la democracia, construir una sucesión mínimamente estable es complejo. La historia reciente ofrece advertencias. Irak y Libia nos recuerdan que eliminar a la cúpula produce titulares vistosos, pero rara vez transforma para bien la estructura de poder que la sostuvo.
Un cambio de régimen real exige planificación y paciencia. Ni Trump ni su equipo la tienen, y menos cuando en ocho meses enfrentará elecciones en las que perderá al menos una de las dos Cámaras del Congreso. Su gabinete está lejos de tener estrategas como Kissinger o Brzezinski, baste decir que su secretario de Defensa era, hasta hace poco, un comentarista de tercer nivel en Fox News.
Trump le dijo al pueblo iraní que él ya hizo su parte al aniquilar al tirano y que les toca a ellos reclamar el poder. Es improbable que le tomen la palabra. Se estima que el aparato represor iraní asesinó a más de 20 mil manifestantes durante las protestas de enero. Esa maquinaria está intacta. No depende del Ejército, sino de la Guardia Revolucionaria Islámica –el Pasdarán– y de la milicia Basij, paramilitares entrenados para reprimir protestas e imponer control ideológico.
Un cambio de régimen exigiría una invasión terrestre, algo políticamente suicida para Trump. Él le prometió a su base que jamás repetiría guerras como Irak o Afganistán y se concentraría en prioridades domésticas. Además, el encarecimiento de la vida cotidiana se ha vuelto políticamente toral y se agravará con precios del petróleo al alza. Irán lo entiende. De ahí los ataques contra yacimientos y refinerías, y el intento de cerrar el Estrecho de Ormuz, por donde transita el 20 % del petróleo mundial. También podrían afectar el suministro de gas licuado que Qatar envía a Europa. Mientras mayores sean los costos económicos y se prolongue el conflicto, más probable será que Trump elija declarar victoria por haber decapitado al régimen y culpe al pueblo iraní por no aprovechar el momento. Es importante subrayar que el PIB de EU es hoy 70% menos dependiente del petróleo que en los años 70 y tienen 425 millones de barriles en su reserva estratégica. Israel, mientras tanto, seguirá demoliendo la infraestructura nuclear y la capacidad iraní de lanzarles misiles y drones. Esta es la primera incursión militar que EU comparte con un aliado –Israel– desde la Segunda Guerra.
Irán estará dispuesto a todo. El régimen busca sobrevivir. La amenaza de ataques terroristas está latente. A mediano plazo, un riesgo es que una dictadura militar aún más beligerante reemplace a la teocracia. Un escenario más extremo sería el colapso del Estado, con el riesgo de que los 440 kg de uranio enriquecido que poseen terminen en manos de extremistas afines al régimen.
No comparto la idea de que detrás de esto exista una magistral estrategia geopolítica. Haberle complicado el suministro de petróleo a China es un beneficio incidental, pero Pekín también obtiene ventajas al ver a EU otra vez atrapado en Medio Oriente, lo que le imposibilita reaccionar ante una invasión de Taiwán. Además, aspiran a participar en una eventual reconstrucción iraní. Tampoco parece tratarse de una cruzada global por la democracia, sería audaz considerar a Trump un paladín de ese ideal; o para “derechizar” al mundo. El régimen iraní no era de izquierda, y ésta sigue gobernando en Venezuela. Veremos qué ocurre con Cuba, aunque a estas alturas sus barbas deben estar ya empapadas.
El mundo está mejor sin un tirano criminal como Alí Jamenei, también lo está con Maduro tras las rejas. Pero patear un avispero rara vez termina como uno quisiera. Esto apenas empieza.