De cara al próximo proceso electoral, a celebrarse el año entrante, desde ahorita ya se empiezan a vislumbrar cuáles pueden ser las posibles fortalezas o debilidades de los principales partidos políticos en la elección municipal para alcalde o alcaldesa de León, en el entendido de que lo que para un partido puede resultar positivo o negativo no necesariamente lo es igual para la sociedad.
Empezando por el Partido Acción Nacional (PAN), se dibujan desde ahorita las siguientes variables que jugarán a favor o en su contra:
El PAN todavía tiene a su favor el voto duro, sobre todo de personas adultas de clase alta y media que han estado con el partido desde el cambio que se dio en 1988, con la primera alternancia frente al PRI, y que tradicionalmente siempre salen a votar por el blanquiazul. Es cierto que este voto ha ido disminuyendo con los años, pues los jóvenes ya no se identifican tanto con ese partido, pero hoy en día todavía sus votantes en esos estratos son fieles.
De igual manera, el PAN conservará el voto del sector empresarial institucional o corporativo. Las cámaras y asociaciones empresariales le siguen siendo leales al partido; los reciben y apapachan en sus consejos, pues se han convertido en una cantera de ciudadanos que conforman los consejos de las paramunicipales que dependen de gobiernos panistas. Además, los grandes empresarios y los grandes capitales, esos que manejan autos de lujo plaqueados en otros estados, siguen disfrutando los privilegios de la cercanía con el poder, sobre todo en los sectores inmobiliario, industrial y de transporte. Simplemente se aprecia ese matrimonio en eventos empresariales, en donde los principales invitados de honor son las y los legisladores o gobernantes azules.
Si bien es cierto que el panismo está apanicado porque ya no contará con toda la estructura territorial municipal para utilizarla a su favor en las próximas elecciones en León, eso seguramente ya se tiene contemplado contrarrestar enviando a León una locomotora cargada de contingentes para distribuir apoyos estatales vía los programas sociales, como la Tarjeta Rosa, encabezados por la Secretaría del Nuevo Comienzo, que vengan a influir en los votantes para apoyar a los candidatos oficialistas.
Sin embargo, el panismo hoy tiene fuertes problemas en sus liderazgos, a quienes parece ser que esa famosa apertura del partido a la sociedad les vale sombrilla. Solo basta ver lo que están haciendo en la designación de su candidato en León, pues los aspirantes que se han perfilado no tienen nada de ciudadanos y sí tienen todo de burócratas o servidores públicos asalariados, lo que ha generado un gran rechazo de una buena parte de sus simpatizantes tradicionales.
Además, su cero autocrítica como partido, y su complaciente, permisivo y tolerante trato a los funcionarios y exfuncionarios públicos que han sido relacionados con temas de corrupción, le han generado una enorme carga negativa que exhibe la sumisión de sus principios básicos. Al PAN, el desgaste en el poder y su inacción contra gobernantes que ahora son empresarios lo tienen con una mala imagen ante un electorado más crítico, más joven y más liberal.
Finalmente, y sin ser un tema menor, su doctrina conservadora, que siempre tuvo una fuerte aceptación en esta región del país, por su pragmatismo se ha visto adaptada y sujetada, o traicionada, a temas más relacionados con una filosofía liberal, lo que ha decepcionado a una buena parte de sus electores y, sobre todo, a uno de sus más grandes aliados: la Iglesia católica.
Vamos a ver cómo siguen actuando los panistas, pues deben estar conscientes de que, ante la incorporación de nuevas opciones electorales, ellos sufrirán la mayor pérdida de votos.
Nos leemos la próxima semana para hablar de Morena.
LALC