El trabajo científico implica una serie de compromisos que forman parte de la vida misma de los científicos, independientemente del área específica en que laboren. El rigor científico es sin duda uno de los más importantes, pero no el único. Muchas expresiones pseudocientíficas deben de ser con claridad, y sin ninguna ambigüedad, rechazadas. Esto es fundamental como ejemplo para las jóvenes generaciones.  Esto además es doblemente importante en países subdesarrollados como el nuestro en donde, debido al bajo nivel educativo promedio de la población, muchas manifestaciones pseudocientíficas son populares.  Algunos ejemplos son, la creencia en horóscopos, magia, chamanería, telequinesis, astrología, acupuntura, numerología, biomagnetismo, feng shui y muchas otras.

Durante un tiempo se creyó que los planetas y otros objetos celestes se mueven en el espacio debido a que son empujados por ángeles.  Ahora gracias a Newton y Einstein conocemos las leyes que describen el movimiento de estos objetos.  Las Academias de Ciencia de todo el mundo reconocen esta importantísima contribución. Igualmente, durante algún tiempo se creyó que las enfermedades eran el resultado de la posesión de espíritus malignos en el cuerpo, posteriormente, usando un microscopio, Van Leeuwenhoek descubrió bacterias y otros microorganismos y más tarde Pasteur demostró la naturaleza microbiológica de muchas enfermedades. Estos avances son reconocidos por todas las Academias de Medicina de todo el mundo. 

Otros ejemplos son los fenómenos eléctricos que durante algún tiempo fueron considerados como manifestaciones de dioses o espíritus molestos, o los primeros experimentos sobre vacío y presión atmosférica, Torricelli encontró que la medición de la altura de la columna de mercurio utilizada para medir la presión, disminuía al realizar la medición en el tope de una montaña o en un globo. La ingenua explicación inicial a esta observación fue que, al mercurio le da miedo la altura.

Toda persona culta hará referencia al conocimiento aceptado por las Academias y organizaciones más prestigiosas del mundo en cada disciplina.  

No dejo de preguntarme por qué mucha gente, incluidos miembros de organizaciones científicas, exentan de este rigor al uso del lenguaje (en nuestro caso el idioma español), y en lugar de acatar lo establecido y aceptado como correcto por las academias de la lengua española (La Real Academia Española y la Academia Mexicana de la Lengua), insisten en hacer uso de modas ignorantes y ridículas, indignas de personas cultas.  

Del mismo modo en que una persona instruida acepta lo señalado por las más prestigiosas Academias de Ciencia, de Medicina, de Astronomía, de Matemática, etc., igualmente debería de aceptar y hacer uso de las reglas de nuestro lenguaje tal cual son expuestas por la Real Academia Española.  

Al no hacer uso correcto de nuestro idioma, estas personas muestran la misma ignorancia de quienes creían que los objetos celestes son movidos por ángeles o que las enfermedades son causadas por espíritus malignos. Ojalá que estas personas disfruten el siguiente poema titulado: “POR UN IDIOMA SIN IDIOMO”, de Roberto Santamaría-Betancourt:

Si no tiene “dío” el día,

y el trigo no tiene “triga”,

ni existen las “gobernantas”,

tampoco las “estudiantas”,

ni “hormigo” entre las hormigas.

Aunque lo intenten, comprar

con millones y “millonas”

un trono no tiene “trona”

ni “jaguara” has de llamar

a la hembra del jaguar,

y aunque el loro tenga Lora,

y tenga una flor la flora

mi lógica no se aplaca:

no tienen “vacos” las vacas

ni los toros tienen “toras”

Aunque las libras existan

con los libros no emparejan,

y tampoco se cotejan

suelos, que de suelas distan,

por mucho o “mucha” que insistan

mi mano no tiene “mana”,

no tiene “rano” la rana

y foco no va con foca,

ni utilizando por boca

al masculino de Ana.

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