Nos preguntamos: ¿por qué el gobierno de Morena defiende a un dictador decrépito en Cuba? ¿Cuál es el beneficio para México? La verdad, la única razón es la ancianidad de la ideología que alienta al ala radical de la 4T, que en muchas ocasiones se cuela por los intersticios de Palacio Nacional.

Mientras una minúscula población de mexicanos todavía apoya el comunismo trasnochado de la dictadura más larga del continente, la gran mayoría espera con ansias la liberación del pueblo cubano. Sabemos que La Habana y toda Cuba serán una fiesta, que el sol volverá con la luz y la alegría de la libertad a un pueblo sometido durante casi siete décadas, sin esperanza y sin dignidad.

Aquí nos resistimos a vivir en un país donde las libertades se agotan año con año y la democracia languidece por la concentración de poder. Tenemos una gran lucha para que no volvamos a vivir como en el pasado: con un presidente que todo lo decide; incluso, hoy está por decidir quién gana y quién pierde en las elecciones si algún extranjero tiene un guiño de simpatía por algún candidato.

Si nos fijamos, carecemos de muchas libertades que sí existen en otros países más adelantados. Aquí no podemos generar electricidad para nuestras industrias porque está prohibido; tampoco podemos explorar y explotar el subsuelo porque solo el gobierno lo decide. Eso nos cuesta una fortuna y nos empantana en deuda pública, porque alimentar a Pemex y a la CFE se lleva recursos que podrían destinarse a infraestructura, educación, salud y “libertad de emprendimiento”.

Tampoco tenemos el beneficio de un sistema de justicia expedito y profesional; eso limita el crecimiento y la confianza para invertir. Estamos a punto de perder otras libertades, como la del libre comercio. Con los controles de precios, el gobierno expone a millones de personas al desabasto. Con reglas y leyes absurdas, perdemos la libertad de obtener mejores cosechas porque los prejuicios ideológicos impiden el uso de transgénicos y del glifosato. La prohibición de explotar la riqueza de los yacimientos de petróleo y gas mediante el “fracking” nos vuelve dependientes del extranjero; nuestra soberanía se ve empequeñecida. Lo mismo pasa cuando compramos millones de toneladas de maíz de Estados Unidos porque no podemos competir con los métodos de producción de la planta originaria.

Porque la capacidad de producir y elevar los niveles de vida de la población tiene más que ver con la ampliación de las libertades que con soluciones autoritarias temporales. Antes teníamos la libertad de acudir a los servicios de salud pública, como el IMSS o el ISSSTE, y de acceder a una educación que mejoraba con los años, y ahora está en sus peores días.

Las políticas públicas equivocadas eliminan el emprendimiento que hace posible la manutención de todos: ciudadanos y gobierno. Ayer publicamos la disminución del registro patronal en el IMSS. Es una verdadera tragedia, porque significa el triunfo de la informalidad. Es probable que muchos empresarios pequeños y medianos prefieran llevar sus negocios donde encuentran mayor libertad que en la formalidad.

Lo peor: hemos perdido la seguridad pública en muchas zonas del país. Somos un país violento e insoportable, con cientos de ciudades donde la ley es la extorsión. Lo que vimos en Morelos es un apunte de lo que sucede en aquellos lugares donde se permitió que el crimen organizado gobernara junto con autoridades corruptas.

Lo que sucede no es responsabilidad de otros sexenios. Cada día queda más claro.