Hay ventanas de oportunidad que no se repiten para salir a construir obras públicas. A pesar de la incertidumbre en la economía nacional, Guanajuato tiene recursos para aprovechar el tiempo y desplegar el músculo constructor. La gobernadora, Libia García, anuncia una inversión cercana a los 8 mil millones más lo que hay pendiente del acueducto. Magnífico, pero podría ser el doble sin problema porque hay suficientes recursos para hacerlo. Veamos:
El balance del estado muestra un activo circulante de 36 mil 749 millones de pesos al cierre de marzo. Además, cuenta con dinero invertido a largo plazo en su activo fijo por 2 mil 562 millones. Debemos poco. El pasivo circulante es de 9 mil 844 millones. Si fuera una empresa (que sí lo es en el fondo), Guanajuato cuenta con más de 26 mil millones de pesos en capital de trabajo.
Aprendamos del pasado: entre 2014 y 2016 se dieron las tasas de interés más bajas en el país en dos generaciones. Los registros del Banco de México marcan que en noviembre del 2014 la tasa TIIE bajó hasta el 3.28 %. Como la inflación era del 4 %, las tasas reales eran negativas. En ese entonces escribí algo semejante: había que pedir todo el dinero que fuera posible para construir. A Miguel Márquez Márquez le gustaba construir pero no estaba convencido de tomar deuda. En ese entonces el estado también tenía mucho dinero en bancos y poca deuda. Se podían conseguir, sin problema, tasas de interés fijas a largo plazo del 5 % al 6 %. Márquez pudo construir el doble o el triple de infraestructura; pudo comprar bancos de tierra para desarrollos urbanos -hubiera multiplicado el dinero y las oportunidades de hacer obra- pudo construir más, como la excelente obra del gran hospital que hizo en León, pudo construir una nueva y moderna carretera entre Silao y San Miguel de Allende (de eso falta mucho por aclarar por el despojo que realizó Diego Sinhue Rodríguez).
Diego también pudo construir mucho, justo después de la pandemia, cuando las tasas volvieron a registrar bajas con un TIIE de entre el 4 % y el 5 %. También había mucho dinero en bancos, pero a Diego nunca le interesó construir ni gobernar de verdad. Fueron 6 años perdidos en desarrollo de infraestructura y seguridad pública.
Desde hace años los gobernantes argumentan que los “recursos están etiquetados” y no se pueden usar, pero jamás hemos entendido por qué Nuevo León tiene 90 mil millones de deuda en el estado y 10 mil en la paraestatal de agua y drenaje. Apenas cuenta con 9 mil millones en bancos. ¿Cómo es que Nuevo León puede invertir este año 38 mil millones de pesos en obra sin tener dinero y Guanajuato apenas 8 mil? Lo mismo pasa con Jalisco, con un pasivo de 27 mil millones y un circulante de 9 mil millones, este año planea invertir 22 mil millones en obras públicas? ¿Por qué el estado que más dinero tiene y el menos endeudado es el que menos proyectos grandes diseña y menos obra construye en volumen?
Dejo esas preguntas para hacer una investigación formal en el futuro cercano. Sabemos que Libia es ejecutiva y le gusta que las cosas se den; tiene una ventana de oportunidad de 15 meses para aprovecharla. Si no lo hace “¡hoy, hoy, hoy!”, es probable que el diseño de los próximos presupuestos del 2028 al 2030 tengan que ser negociados con una mayoría de la oposición morenista.