¡México, tenemos un problema; nos estamos acabando los adjetivos! Primero, los críticos u opositores del régimen de izquierda trasnochada que tenemos eran “conservadores”, luego pasaron a ser de “derecha”; de ahí continuaron a señalar como “ultraconservadores republicanos” a quienes en el Gobierno de Estados Unidos pretenden combatir el tráfico de drogas.

A estas designaciones los cuatroteros acaban de agregar una nueva categoría aplicada a sus antiguos “socios” de la izquierda magisterial que los apoyaron para llegar al poder, la CNTE, a la que ahora recién nombró la Presidenta como de ultraderecha. Nos queda poco espacio en la geometría política: ¿qué sigue?, ¿la ultra, ultraderecha?, ¿la recontra ultraderecha?, ¿la extrema recontra ultra, ultraderecha? De seguro ustedes, al igual que su h. servidor, son de la opinión de que cuando se adjetivan los adjetivos, las palabras pierden todo significado.

La importancia de este fenómeno es que, como la cuatroté tiene como su principal apoyo una retórica usualmente embustera y descalificativa que pretende suplir la falta de resultados, al desgastar las palabras de nuestro idioma desarticulan por completo el -o los- mensajes que pretenden convertir en su acción política.

Tres gobernadores de Morena están bajo investigación de Estados Unidos: dos por colaborar con los cárteles del narco y uno por huachicol. ¿Y cuál es la respuesta del “movimiento” cuyo “segundo piso” dice construir la Presidenta? ¡Convertirlo en tema de “soberanía”, acusar a EU de “injerencismo” y desempolvar el petate del muerto: al decrépito Ayatola de “La Chingada” a denunciar a Estados Unidos, denostar a Trump y a ensuciar las aguas diplomáticas acusando el combate al tráfico de drogas emprendido por el país vecino en una supuesta cruzada político-electoral contra el cuatroterismo!

Un solo error en este delicado asunto sería grave, por ello, carece nuestra lengua de palabras adecuadas para calificar lo que es no un error, sino un racimo de pifias concatenadas. Todo el mundo sabe que el problema principal del “movimiento” cuatrotero es que el bocón de “La Chingada” le abrió la puerta a la formación de un narcogobierno en México, el cual resulta imperativo desarticular. Dijo Trump, y los eventos recientes le otorgan la razón: “A México lo gobiernan los narcos”.

Ninguna cantidad de rollo adjetivado logrará alterar la realidad, como tampoco servirá para ayudar al “movimiento” a construir un paraíso socialista que apoya a la tiranía cubana, a Evo Morales, a Nicaragua -y antes a la Venezuela de Chávez y de Maduro- justo en el traspatio de EU. Recurren al más puro onanismo político quienes piensan que una autocracia socialista podría coexistir junto a, y en relación comercial con, el país más capitalista de la Tierra, que siempre se ha caracterizado por ser y actuar como el campeón de la libertad democrática, genuina, en todo el mundo.

La situación no requiere ser adjetivada: necesita ser resuelta con actos concretos de Gobierno, anteponiendo por supuesto los intereses legítimos del país a los ilegítimos intereses del “movimiento” y algunos de sus integrantes, incluyendo al inquilino de “La Chingada”, cuya opinión nadie pidió y a nadie interesa, pues sus bonos se encuentran muy devaluados, tanto por los malos resultados de su Gobierno -si es que así se le puede llamar- como por lo que hoy se sabe de él: de con quién pactó, a quién ayudó y, a su vez, quién le ayudó a él y a los suyos a conquistar el poder.

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