Si se mide la eficacia únicamente por el resultado más visible —los homicidios dolosos—, Coahuila es probablemente el caso de éxito más notable en seguridad estatal en México durante la última década, mientras que Guanajuato representa el más costoso y con peores resultados relativos, pese a contar con presupuestos significativamente mayores para seguridad y procuración de justicia.
En Coahuila, el PRI barrió en las elecciones; hubo un aumento de la votación y la Alianza PRI-UDC obtuvo más de la mitad de los sufragios. Los observadores dicen que el sostenido triunfo del PRI se debe al éxito del gobierno en garantizar la seguridad pública. Desde hace dos sexenios la mejora ha sido continua. El nivel de ingresos de los coahuilenses es un 60% mayor que el de los guanajuatenses. La deuda, que llegó a 36 mil millones al término del gobierno de Humberto Moreira, fue una buena inversión en infraestructura que hoy rinde frutos en más inversión y desarrollo.
La seguridad y la paz de ese estado de gran extensión (4 veces más grande que Guanajuato) no implicaron enormes gastos en tecnología, aunque mejoraron considerablemente las condiciones de sus cuerpos policiacos. El éxito no dependió de la Federación, ni de la Marina o del Ejército, aunque fue de gran ayuda la coordinación
El año pasado, Coahuila contabilizó 81 homicidios dolosos; Guanajuato, 2.400. Nosotros tenemos el doble de población. La tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes fue de 2.4 en Coahuila y de 37 en Guanajuato.
El PRI logró cambiar el rumbo del destino del estado fronterizo. Durante el sexenio de Felipe Calderón, los Zetas dominaron el territorio, causando un gran daño a la paz y a la economía de la región. Humberto Moreira no pudo con la situación, a pesar de haber logrado transformar la infraestructura mediante el crédito. Su hermano Rubén llegó al poder en 2011; fue entonces cuando comenzó el cambio que hoy sitúa a su estado entre los más seguros del país. Su receta la escribió en un libro titulado “Jaque Mate al Crimen Organizado”, publicado por la editorial Planeta. Sólo quiero citar el principio que rigió su acción: “El problema sólo se puede resolver con la voluntad política del gobernador para asumir la misión de hacerle frente, con sus propios recursos, en una estrategia multidimensional”.
La responsabilidad no es de la federación, ni del Ejército, ni la Marina, sólo la determinación de un gobernador puede transformar un entorno de miedo y violencia en uno de paz y prosperidad. Coahuila está mejor que Estados Unidos y que muchos países desarrollados. Guanajuato se ubica entre las entidades más violentas del país y del mundo.
Los dos gobernadores anteriores de Guanajuato hicieron esfuerzos; invirtieron mucho dinero en tecnología, en la Fiscalía y en la Secretaría de Seguridad. Fracasaron. Miguel Márquez Márquez sostuvo que la violencia provenía de Michoacán; Diego Sinhue Rodríguez persistió en la estrategia con los mismos funcionarios, sin realizar cambios significativos y siempre pasándole el bulto a la Federación. La incompetencia de sus administraciones costó miles de vidas y miles de millones de pesos al Estado.
La gobernadora Libia García tiene logros, pero hay muchas cosas que puede hacer si toma como ejemplo a Coahuila. La primera es aceptar que la responsable principal de la seguridad pública es ella.