Al llegar el momento de decidir a qué dedicar profesionalmente mi vida tres opciones brillaron en mi mente; fisicomatemático, filósofo y biología o medicina. Según el adolescente que era yo en ese momento, esas tres profesiones cubrían gran parte de lo que el hombre conoce del universo, lo cual era finalmente mi objetivo. 

Por circunstancias inevitables de la vida solo obtuve grados universitarios en filosofía y en física.  

Ahora, al ojear o leer algunos artículos científicos no dejo de reprocharme el no haber cumplido cabalmente mi sueño adolescente y haber estudiado también biología o medicina. Esto me hubiera permitido tener una mejor comprensión de algunos temas. Tal es el caso de un artículo publicado en pasado 10 de junio en la prestigiada revista “Nature” que reporta cómo el dormir y hacer ejercicio disminuye el daño que algunas mutaciones nos pueden causar. 

El hecho es que dormir suficiente y bien, así como asistir al gimnasio con regularidad, tiene un impacto en algunas mutaciones genéticas que incrementan el riesgo de problemas cardiovasculares e infartos.  El sentido común más elemental nos dice que así es, sin embargo, el artículo mencionado reporta en detalle las mutaciones genéticas que se inhiben por dormir y hacer ejercicio, así como el efecto que esto tiene en la salud general.  Estos resultados ilustran la profunda y compleja interacción que se da entre la genética y el comportamiento humano.  

La Dra. Teresa Gerhard de la Escuela Icahn de Medicina del Hospital Monte Sinaí de Nueva York comenta que, por ejemplo, una persona puede voluntariamente dejar de fumar pero no puede evitar sus genes, sin embargo, uno puede realizar acciones que tienen influencia en su actividad. Diariamente células en la sangre se dividen y replican generando miles de millones de nuevas células.  Este proceso mantiene las defensas del sistema, pero también crea pequeñas modificaciones en el ADN.  La mayoría de estas mutaciones son inofensivas sin embargo otras pueden conducir a cáncer y a otros problemas de salud.  Los investigadores detectaron estas mutaciones en el diez por ciento de personas mayores de setenta años.  

Como es de esperar, estas personas tienen un mayor riesgo de cáncer la cual también está asociado con un 30 o 40 porciento de mayor mortalidad. La valoración de los datos genéticos y de la actividad física entre más de 91,000 personas adultas británicas y americanas, encontró que las mutaciones dañinas disminuyen en aproximadamente un 13 por ciento al tener actividad física regular.

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