Los señalamientos para exigir cuentas claras y señalar falta de transparencia que ha hecho el diputado Miguel Salim hacia el Patronato de la Feria vuelven a poner en el centro del debate a un organismo público que se ha destacado últimamente por sus logros, pero también por sus decisiones polémicas.
Lo señalado por el legislador Salim forma parte de su narrativa constante para señalar lo que, a su juicio, son diversas irregularidades en el funcionamiento del Patronato de la Feria; sin embargo, nunca han quedado claros los verdaderos motivos que lo mantienen en esa línea.
Puedo estar de acuerdo con algunos de sus señalamientos, pero difiero completamente en la mayoría de ellos, por ejemplo:
Coincido con Salim en que el Patronato de la Feria puede haber perdido el rumbo, pues lo que antes era un organismo que tenía plena conciencia de su responsabilidad social, hoy parece haberse convertido en una institución en donde el glamour, el dinero y el ego son más importantes para algunos consejeros.
Me tocó promover una reforma al reglamento del Patronato mediante la cual se proponía conformar un Consejo más profesional y plural, incorporando profesionistas y representantes de las delegaciones de nuestra ciudad; se buscaba ponerle contrapesos al predominio empresarial que siempre había tenido. La propuesta, aunque fue aprobada, nunca gozó de las simpatías de los empresarios.
Salim tiene cierta razón cuando señala los despilfarros y la frivolidad con la que se gastan algunos recursos del Patronato; erogaciones como el Solareón y las conferencias Inspira dilapidaron los recursos públicos sin que existiera alguna rentabilidad social medible y útil. El colmo fue cuando los consejeros se autorregalaron boletos de cortesía para conciertos que habían sido pagados con recursos públicos.
Antes, la feria generaba remanentes y, con ellos, construía aulas o centros del saber; hoy pide subsidios municipales o estatales para cumplir con su objetivo.
Sin embargo, de todo lo que dijo el diputado Salim recientemente, difiero en casi todas sus aseveraciones, por ejemplo:
Dijo que mandó a hacer una revisión independiente a las cuentas del Patronato, pero no dijo que el despacho que hizo la revisión pertenece a quien es su suplente como diputado federal, lo cual afecta la imparcialidad del resultado.
En cuanto a su señalamiento sobre la discrepancia entre los ingresos por admisión y la cifra de visitantes, efectivamente es un tema que se ha manejado con poca transparencia, y no por una razón relacionada con algún acto de corrupción, sino porque simplemente la cifra de visitantes ha sido determinada sin sustento técnico durante muchos años.
La cifra de visitantes se obtiene, desde hace muchos años, de multiplicar los boletos vendidos por un factor que nació discrecional. No estoy de acuerdo con el señalamiento de Salim porque él fue alguna vez miembro del Patronato y sabía cómo se obtenía esa cifra. No se debe hoy sembrar intriga cuando siempre ha sabido la respuesta, o ¿por qué cuando él fue parte del Patronato no hizo nada para cambiar las cosas que hoy dice que estaban mal?
Y en cuanto al supuesto otorgamiento de un poder con facultades de dominio otorgado al director, le faltó decir al diputado que el poder está limitado solo para lograr la donación de un inmueble al municipio, y no le da facultades para “vender la feria”, como dijo.
Lo que se nota claramente es que, desde hace años, hay un interés del diputado Salim en cuestionar el funcionamiento del Patronato de la Feria, y no es que esté mal que un representante popular vigile el ejercicio de los recursos públicos en un organismo municipal; lo interesante sería saber por qué este interés se está convirtiendo en obsesión. ¿A quién realmente va dirigida y perjudica toda esta grilla?
LALC