Ahora que la película “La Odisea”, de Christopher Nolan, estará de moda durante algunos meses, podríamos tropicalizar algunas de las lecciones que aprendió Ulises en el camino de regreso a casa. Después de 10 años de guerra en Troya, tuvo que navegar otros 10 años para reencontrarse con su amada Penélope en Ítaca. Con algo de imaginación, podemos emparejar a los personajes míticos con nuestra actualidad; en particular, con la actualidad política.
Comencemos por lo más sencillo: Ulises debe atravesar el mar donde habitan las sirenas, cuyo canto hechiza a los marinos y los conduce a la muerte. Advertido por la diosa Circe, ordena a sus compañeros que se tapen los oídos con cera y lo amarren al mástil de la nave. Él desea escuchar aquel canto sin sucumbir a su poder. Cuando las sirenas entonan su melodía, Ulises queda fascinado y suplica que lo liberen, pero sus hombres obedecen sus órdenes y lo mantienen sujeto hasta que se alejan del peligro.
Estos días, las sirenas de la política comienzan a sonar, como cada tres años. De todos los partidos, ideologías y regiones provienen sus promesas melosas. Su canto puede resumirse en convencernos de que les entreguemos el poder mediante nuestro voto porque nos van a multiplicar los panes del erario, porque reducirán la violencia y la pobreza, porque crearán oportunidades jamás soñadas.
El canto se repite y, sin cera en las orejas, como los marinos de Ulises, los ciudadanos escuchamos y participamos de la ilusión que nos proveen. En la antigua Grecia no había forma de grabar el sonido; hoy, la palabra, el sonido y la imagen están grabados en todos los medios de comunicación. Con ello podemos recordar las mil y una veces en que caímos en el encanto del sonido de nuestras sirenas tropicales.
Podría ser un buen ejercicio regresar dos o tres sexenios para escuchar promesas de nuevo. De pura memoria: ¿quién no se acuerda de que la obra de El Zapotillo quedaría terminada en 2016? Entonces, Juan Manuel Oliva lo dijo: tendríamos agua suficiente gracias a los acuerdos del Estado con el Gobierno federal. ¿Cómo olvidar el gran invento llamado “Escudo”, que proporcionaría al Gobierno y a los ciudadanos los instrumentos para aminorar la violencia, los homicidios, la extorsión y el robo en las carreteras? Una sirena nos dijo que solo se necesitarían 2 mil 700 millones de pesos —200 millones de dólares— para un “arrendamiento de equipo” que traería la mítica empresa Seguritech.
Otra sirena, con bastante poder de seducción, convenció al pueblo de León de que podría haber un “Cambio Tranquilo” si echábamos a los gobiernos del PAN y los sustituíamos por uno más ejecutivo del PRI. Que el PRI no sería el mismo de antes, que ahora la población participaría en el cambio verdadero. Con rayos y tormentas llegó el Ayuntamiento más corrupto de la historia.
Las cosas no quedaron ahí: un joven que dijo querer aprender de los mejores viajó por siete mares y prometió un “golpe de timón” para detener la violencia y el crimen. Durante seis años tuvo la oportunidad de hacerlo, pero no hizo caso ni a su conciencia ni a los dioses. Su mandato fue de 10, sí, de 10 muertos diarios. El pico más alto de sufrimiento, violencia y muerte que Guanajuato ha conocido en su historia. Amárrese el entendimiento y no escuche el canto de las sirenas nuevas o recicladas.