Para toda empresa, el flujo de efectivo representa la sangre que corre por sus venas y le da vida; sin los recursos que transitan por sus cuentas bancarias, producto de sus ventas y sus pagos, la empresa simplemente no podría subsistir y moriría, pues nunca debemos olvidar que una cosa es tener utilidades y otra muy diferente es tener recursos para hacerlas líquidas.

La vida de una empresa depende de muchos factores: por supuesto, de una buena dirección y, sobre todo, de tener un producto o servicio que genere valor para quien lo adquiere. Sin estos atributos, ninguna empresa es viable.

Pero también es cierto que muchas veces la viabilidad de una empresa se deposita en factores que están fuera de su control y que, ante un cambio en alguno de ellos, la sobrevivencia de la organización puede ponerse en entredicho.

Hace unos días, en este diario se publicó una nota en portada que daba cuenta del retraso que han sufrido muchas empresas para recibir sus devoluciones del IVA, lo cual afecta directamente el flujo de efectivo en sus cuentas bancarias. Recordemos que el IVA es un impuesto indirecto que las empresas solo administran y que pagan por la diferencia entre el IVA cobrado a sus clientes y el pagado a sus proveedores.

Una empresa que solicita una devolución de IVA lo hace porque su balance en este impuesto es deficitario; es decir, la empresa pagó más IVA a sus proveedores del que cobró a sus clientes.

El SAT actualmente atraviesa por una situación en la que, de manera injustificada, no está devolviendo el IVA a las empresas dentro de los plazos establecidos por la ley, lo que origina una sequía en sus flujos de efectivo y compromete su existencia.

¿Por qué no regresa el SAT el IVA a las empresas? Por una razón muy sencilla: porque no tiene recursos. ¿Y por qué no tiene recursos? Porque el Gobierno Federal seguramente los está destinando a otros rubros. ¿A cuáles? Pues imagínese usted: a los programas sociales, a subsidiar las obras faraónicas, a evitar la quiebra de Pemex, etcétera.

Lo cierto es que, si el SAT sigue sin devolver oportunamente el IVA, se generará un cierre masivo de empresas que provocará una gran pérdida de empleos, ocasionará un problema más grande para el Gobierno y nos enfilará hacia una crisis de enormes proporciones. El SAT no debe jugar con fuego porque nos vamos a quemar todos.

Y, por si esto fuera poco, tenemos también el tema del tipo de cambio, que, para muchos, inexplicablemente sigue apreciándose, lo que para la industria exportadora representa una disminución real de sus ingresos e impacta igualmente, de forma importante, sus flujos de efectivo.

El beneficio que puede tener un peso fuerte para disminuir el costo de la importación de insumos o incluso para viajar al extranjero no se equipara con el daño que puede causar a la industria mexicana que vende sus productos a otros países y que genera una enorme cantidad de impuestos para el Gobierno y las finanzas públicas.

Ciertamente, la política pública federal de los últimos años, incluida la 4T, ha sido dejar “flotar” nuestra moneda de acuerdo con la oferta y la demanda; solo que esa flotación y la insolvencia del Gobierno para regresar los impuestos pueden convertirse en una combinación mortal de la que ya no nos recuperemos.

Una buena causa para el Gobierno del Estado y para la gobernadora Libia García sería interceder por las empresas guanajuatenses ante el SAT para que se acelere la devolución del IVA. Esa sí sería una decisión acertada y más productiva que muchos de los programas estatales que son más propaganda que resultados.

LALC

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