Al saturarse el mercado, las ventas cayeron y esos discos terminaron en el remate, generando pérdidas no reveladas para CBS y esquivando el pago de regalías completas para el artista. Para muestra, las reseñas especializadas de aquel año:
Revista Rolling Stone (1984): “El debut en inglés de Julio Iglesias es una obra de ingeniería comercial, no de arte musical. ‘1100 Bel Air Place’ suena excesivamente calculado para no ofender a nadie y agradar a todos. Su voz, que en español posee una calidez natural, aquí suena rígida, como si estuviera leyendo fonéticamente un manual de instrucciones románticas. Los duetos con Diana Ross y Willie Nelson no son colaboraciones orgánicas; se sienten como contratos corporativos firmados en una sala de juntas y pegados artificialmente en un estudio de grabación”.
The New York Times (1984): “La maquinaria de CBS ha inundado el mercado americano con la figura de Julio Iglesias, pero el resultado en este disco es un pop de sacarina y predecible. Lo que el público internacional adora como ‘pasión’, traducido al inglés se convierte en un murmullo meloso y plano. Es el triunfo del marketing sobre la sustancia”.
Los Angeles Times (1984): “El intento de emparejar a Iglesias con Diana Ross resulta insoportable. La química entre ambos es inexistente y la producción convierte la canción en un ejercicio de cursilería…”
“Los reportes de las tiendas minoristas fuera de los mercados metropolitanos con alta población hispana muestran una resistencia del consumidor masculino y joven, quienes rechazan el sonido sobreproducido del álbum”.
3.- Una leyenda que no necesita disfraces
Los creadores de contenido actuales posiblemente no actúan de mala fe; simplemente se limitan a replicar los datos de Wikipedia o los viejos boletines oficiales de Sony Music. Al no haber vivido la época, compran el mito sin contrastarlo.
Los expertos en la industria estiman que una cifra real y aceptable de ventas físicas para Julio Iglesias rondaría el 60% de lo que se le atribuye oficialmente. Esa cantidad sigue siendo gigantesca y digna de aplauso, no había ninguna necesidad de inflar sus números a niveles inverosímiles para elevarlo al estatus de un ser inalcanzable.
Algo similar ocurre cuando estos videos proyectan sus encuentros con Frank Sinatra -destacando su participación en el tema “Summer Wind”, del álbum Duets- sugiriendo que “La Voz” lo eligió por encima del resto. Se les olvida que, a lo largo de su vida, Sinatra reconoció el talento de grandes figuras de la música hispana como Pedro Vargas, Javier Solís, Los Hermanos Castro, José José y, por supuesto, Luis Miguel (quien también participó en sus duetos con “Come Fly with Me”).
Aquella colaboración de Julio en 1993 fue, de nuevo, un extraordinario movimiento de relaciones públicas operado desde las oficinas de la multinacional. ¿Necesita un cantante tan exitoso que la nostalgia digital le fabrique una mitología artificial? El bloguero Adrián Montero afirma categóricamente que sí en su documental de más de una hora para el canal Historias de Ídolos, tratándolo como una deidad viviente. Creemos sinceramente que no es necesario.
En lo personal, sigo disfrutando de grandes temas suyos como “Todo el amor que te hace falta”, “Momentos”, “Pregúntale” o “Por ella”. Su calidad interpretativa en nuestro idioma es indiscutible. Lo mejor que podemos hacer los oyentes es quedarnos con la música que nos apasiona y evitar comulgar con una leyenda construida con retazos de mercadotecnia.
Fin