Addicción al celular afecta al desarrollo de los niños en Guanajuato. Foto: Salma Hernández.
Celaya.- Lo que para muchas familias comenzó como una herramienta de entretenimiento para el tiempo libre de niñas, niños y adolescentes, se ha transformado en un desafío de salud pública que amenaza el desarrollo del cerebro infantil, la tolerancia a la frustración y la convivencia social.
Frente al debate nacional sobre la regulación de dispositivos móviles, especialistas del Centro de Integración Juvenil (CIJ) de Celaya y de la Universidad de Guanajuato (UG) coincidieron en que el problema va más allá de prohibir las pantallas; se trata de enfrentar sistemas digitales diseñados para generar adicción y devolverle el espacio al juego presencial, la estructura familiar y las habilidades de la vida real.
Para el psicólogo Abraham Bustos Rendón, director del CIJ Celaya, la exposición constante a los estímulos digitales está mermando capacidades que históricamente se adquirían en el patio o la sala de casa.
De manera muy particular, el juego, cuando es presencial, no únicamente es un espacio recreativo, sino que también es algo que les puede permitir varias habilidades que utilizamos en la vida adulta, como aprender a negociar, aprender a resolver conflictos, aprender a tolerar la frustración y aprender a expresar emociones”, explicó el titular del CIJ.
Sin embargo, cuando el tiempo libre ocurre exclusivamente frente a dispositivos móviles, los menores desarrollan baja tolerancia al aburrimiento y una notable pérdida en la capacidad de imaginación.
Esta perspectiva clínica coincide con la evidencia científica presentada por el doctor Salvador Estrada Rodríguez, investigador y profesor de la Universidad de Guanajuato (Campus Celaya-Salvatierra), durante el XII Congreso Internacional de la Red Iberoamericana de Innovación y Desarrollo Tecnológico (RIDIT) en Costa Rica. Estrada advierte que el reto no es la pantalla en sí, sino el ecosistema conductual detrás de ella.
Las pantallas dejaron de ser solamente una herramienta de entretenimiento para convertirse en una infraestructura conductual, moldeada por algoritmos diseñados para mantener la atención”, señaló el investigador de la UG, quien comparó el desplazamiento infinito de videos con un “casino adaptado a menores”.
Focos rojos: cerebro inmaduro, irritabilidad y aislamiento
Exigir “fuerza de voluntad” a un menor para soltar el teléfono es biológicamente desproporcionado. Salvador Estrada recordó que la corteza prefrontal, zona cerebral encargada del autocontrol, termina su maduración entre los 25 y 30 años.
“Bajo esa premisa biológica, exigirle a un niño que use ‘fuerza de voluntad’ para dejar un juego digital es injusto: aún no dispone de las herramientas cerebrales plenas para resistir estímulos diseñados para explotar sus reacciones automáticas”, enfatizó.
Por su parte, el director del CIJ Celaya alertó a los padres de familia sobre los focos rojos en casa que evidencian un abuso o dependencia de los dispositivos:
Pérdida de interés en actividades recreativas: “Si el menor a lo mejor le gustaba mucho salir a jugar fútbol y deja de hacerlo únicamente por estar en el dispositivo, es un foco rojo”
Irritabilidad y rabietas explosivas al momento de retirarles el teléfono o la tableta.
Aislamiento social y alteraciones significativas en los hábitos del sueño y el rendimiento escolar.
Interferencia con responsabilidades básicas, como el higiene personal, la alimentación o las tareas de colaboración en el hogar.
Estudios citados por Estrada respaldan este deterioro: pasar más de cuatro horas diarias frente a pantallas (fuera de tareas escolares) aumenta considerablemente el riesgo de inactividad física, obesidad, cuadros de ansiedad, depresión e insomnio.
Guanajuato: el celular reina como punto de acceso
La urgencia de regular y monitorear el entorno digital toma especial relevancia frente a la realidad territorial del estado. En este contexto, el investigador de la Universidad de Guanajuato, Salvador Estrada, destacó que la entidad registra una alta conectividad.
De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2025 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), cinco millones 12 mil 521 personas utilizan internet, equivalente al 85.37% de la población, porcentaje ligeramente por debajo de la media nacional, que es de 86.05%, lo que deja al estado en el lugar número 19.
Añadió que cuatro millones 874 mil 75 guanajuatenses utilizan teléfono celular, lo que representa el 83.01% de la población, frente al promedio nacional de 84.65%.
Asimismo, explicó que el 81.4% de los usuarios guanajuatenses accede a internet principalmente mediante un teléfono inteligente, ya sea con datos móviles o conexión Wi-Fi.
Doctor Salvador Estrada Rodríguez, investigador y profesor de la Universidad de Guanajuato. Foto: Salma Hernández.
Sigue siendo la pantalla reina, aunque casi todos navegan desde el celular. Cuatro de cada 10 hogares en Guanajuato todavía no tienen contratado internet fijo, dependen de las recargas de datos móviles o de colgarse de redes públicas para trabajar o estudiar”, detalló el doctor Estrada Rodríguez.
El reto: estructura, congruencia y “recolorear” la infancia
Ambos especialistas coincidieron en que la prohibición absoluta es sólo una solución temporal; la salida de fondo requiere negociación, estructura familiar y un rediseño del entorno socio-técnico.
Bustos Rendón enfatizó que en los hogares se necesita congruencia entre lo que los padres exigen y sus propias conductas, además de establecer rutinas claras, sobre todo en periodos vacacionales, como cursos de verano, horarios de sueño definidos y noches de juegos de mesa en familia.
No es tanto como castigar, no es prohibir, sino que tiene que ver más con establecer acuerdos, llegar a una negociación y nosotros como adultos incluirnos en esta misma dinámica, porque es importante tener congruencia… Los niños aprenden a través del ejemplo”, afirmó el director del CIJ.
Finalmente, el investigador de la UG propuso aplicar la “Economía de Colores”, transitando de un entorno digital amarillo-marrón (tecnología dominada por la monetización de la atención) hacia iniciativas naranjas, púrpuras y verdes que fomenten creatividad cultural, inclusión social y sostenibilidad.
“Una escuela llena de niños aprendiendo colaborativamente, jugando en parques o creando arte local es un ‘paisaje digital’ mucho más diverso en matices que una fila de pupitres mirando videos virales”, concluyó Estrada.
“La negociación es diaria, pero tenemos que dar el ejemplo”
Para familias celayenses como la de Roberto Morales, padre de dos menores de 9 y 13 años, lidiar con la atracción de los dispositivos exige paciencia, acuerdos constantes y autocrítica por parte de los adultos.
“Es una batalla diaria, sobre todo en estas vacaciones. Al principio cometimos el error de prohibirles el celular de golpe y sólo provocábamos peleas en casa, así que tuvimos que cambiar de estrategia. Optamos por meterlos a un curso deportivo por las mañanas y pusimos una regla innegociable: en la mesa y una hora antes de dormir no hay pantallas.
Lo más difícil ha sido poner el ejemplo nosotros como papás al llegar del trabajo, pero hemos notado que cuando les dedicas tiempo para salir al parque o jugar algo en familia, ellos mismos se olvidan del teléfono”, resaltó.
De este modo, el desafío para las familias y la sociedad no radica en librar una guerra sin cuartel contra la tecnología, sino en recuperar los espacios humanos que el algoritmo ha desplazado.
AAK
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