Recuerdo un día de noviembre de 1963, cuando por primera vez tuve conciencia de lo que era una noticia mundial. Tenía 8 años y caminaba distraído por el jardín de la casa de la abuela cuando Luis Gómez Velázquez gritó: “Mataron a Kennedy, mataron a Kennedy”. Tal vez por el tono de voz, el apuro y la sorpresa, el momento quedó marcado para siempre. Lo que no podía aquilatar era la trascendencia del hecho.
El 20 de julio de 1969, reunidos en familia, gozamos del alunizaje de Neil Armstrong. En la memoria quedan la imagen de ese primer paso y los sonidos de las voces de Jacobo Zabludovsky y Miguel Alemán, quienes narraban la transmisión. Todos tenemos recuerdos de hechos que cambiaron al mundo o al país. El primero de enero de 1994 recordamos la entrada al TLC y el alzamiento del EZLN en Chiapas. El miércoles 23 de marzo de ese mismo año, regresaba de una reunión a la redacción del periódico cuando se anunció que habían asesinado al candidato del PRI, Luis Donaldo Colosio. Fue un shock.
Hace 25 años, salí de casa con el cielo despejado y escuché en la radio que un avión se había estrellado en una de las Torres Gemelas de Nueva York. El cronista del noticiero no podía saber cuál era la causa: si se trataba de un accidente o de un atentado terrorista. El clima en Nueva York era semejante al de León: fresco y transparente. Era imposible que un piloto profesional de American Airlines hubiera perdido el rumbo y chocado contra el edificio más alto de la ciudad. De inmediato regresé para ver los noticieros de televisión. Entonces vino a la memoria Osama bin Laden, el terrorista de origen saudí que había amenazado a Estados Unidos.
En pocos minutos los periodistas que cubrían la tragedia tuvieron más información para identificar el ataque de autoinmolación terrorista. Llegó el segundo avión en plena transmisión en vivo. El mundo se detuvo en un instante cuando se derrumbó la primera torre y luego cuando cayó la segunda. Recordaba que 8 años antes habíamos llegado al hotel que estaba justo entre las Torres Gemelas. El mundo vio escenas terribles en las que quienes estaban en los pisos más altos, frente al fuego, prefirieron saltar al vacío.
Ese día el arquitecto Didi Pei estaba en León. Venía desde Nueva York con su equipo de trabajo para iniciar proyectos del Foro Cultural. Pocas veces había visto a alguien tan desconcertado. Mi padre, Ernesto Gómez Hernández, quien lo había invitado a participar en el diseño del proyecto de acuerdo con Don Roberto Plasencia, no sabía cómo expresar su solidaridad con el arquitecto Pei, el hombre que había diseñado la pirámide de cristal en el Museo del Louvre y decenas de proyectos internacionales inspirados en su padre, el arquitecto I.M. Pei. Juan Antonio García y Gerardo Alderete nos acompañaban.
Recordé a Franklin D. Roosevelt, el presidente norteamericano que recibió la noticia del ataque a Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941. Al día siguiente, Roosevelt dijo que era un día de “infamia” que quedaría en la historia. Acto seguido declaró la guerra al Imperio japonés.El ataque a las Torres Gemelas fue el segundo contra el suelo estadounidense después del de Hawái.
Recogeremos múltiples ideas y reflexiones sobre el ataque a Nueva York, visto desde la distancia de 25 años. Una infamia que nunca se podrá olvidar.