Las encuestas daban ventaja a Luiz Inácio Lula da Silva, el actual presidente de Brasil, y a su Partido de los Trabajadores. En segundo lugar estaba el hijo de Jair Bolsonaro, Flávio Bolsonaro, del Parten las elecciones celebradas ayer en el país más grande de Latinoamérica. Antes de los comicios, Lula tenía una ventaja de 2 a 4 puntos sobre el derechista. Al terminar el día, Bolsonaro aventajaba a Lula por casi tres puntos porcentuales. Irán a una segunda vuelta.
El derechista, apoyado por Donald Trump, gana terreno durante la campaña por dos razones fundamentales: la seguridad pública y la economía. El 25 de este mes se realizará la votación definitiva, en la que las apuestas estarán a favor de Bolsonaro y en contra de Lula.
Siete países latinoamericanos han cambiado de rumbo en los últimos años: Argentina, Chile, Bolivia, Colombia, Honduras, Ecuador y Perú. Si Bolsonaro derrota a Lula, Brasil sería el octavo país que pasaría de gobiernos izquierdistas y populistas a gobiernos derechistas de distinta intensidad. Falta Venezuela, que, tarde o temprano, tendrá elecciones y se alejará del populismo socialista.
Latinoamérica ahora camina del lado de la banqueta de Trump. Salvo México, Uruguay, Cuba y Nicaragua, los países latinoamericanos comparten una ideología similar. Para el actual gobierno de la 4T son malas noticias porque el mensaje es que la posibilidad de cambios en las elecciones de 2027 es real. Sería difícil que Morena y sus aliados, el PT y el Verde, perdieran la mayoría absoluta en el Congreso o la mayoría de los estados en las elecciones. Lo que sí puede suceder es que pierdan la mayoría calificada necesaria para realizar cambios a la Constitución.
Cada país tiene circunstancias distintas, pero hay constantes en la política y una de ellas es el desgaste natural de quien gobierna. En México no hay una oposición fuerte y organizada; tampoco hay líderes visibles que puedan encabezar una causa capaz de inspirar al electorado a cambiar. Lo que sí existe son circunstancias locales donde los cambios se pueden dar.
Hay quienes piensan que los escándalos de corrupción del hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador no pesarían mucho en el ánimo de los electores, o que la crisis en los sistemas de salud pública tampoco sería suficiente para mover la intención de voto. Incluso se niega la influencia que las votaciones en otros países podrían tener para impulsar cambios como los que se dieron en otros siete países y que podrían darse en Brasil el día 25.
Si bien es cierto que la oposición se ve débil y dividida, los pleitos internos en Morena también cuentan. Mucho dependerá del liderazgo de cada candidato en cada estado. También dependerá de la calidad que tengan los candidatos de oposición y de la posibilidad de que unan fuerzas, como lo proponen Vicente Fox y Alejandro Moreno del PRI.
Las encuestas que daban ventaja a Lula en Brasil eran serias y formales, pero no pudieron precisar el ánimo del electorado. Por lo menos hubo 4 o 5 puntos de divergencia. La ventaja de Bolsonaro dará otro empuje a los votantes que quieren cambios, porque, al final del día, a la gente le gusta votar por quien va a la cabeza.
México se queda en un vecindario desagradable, junto a Cuba y Nicaragua. Sólo Uruguay es un buen ejemplo.