UNA COSA es que se vaya Guadalupe Taddei de la presidencia del INE y otra que las transas que ha realizado la alta burocracia del instituto también se disipen. Porque las facultades que le dieron desde el Congreso para nombrar unilateralmente a funcionarios y tomar decisiones discrecionales, las tendrá también quien la reemplace.
TADDEI recibió esas facultades porque no podía ponerse de acuerdo con la mayoría de consejeros de un instituto que estaba muy acostumbrado a la colegialidad y al acuerdo entre todos. Las nuevas disposiciones rompieron con eso y así pudo nombrar a incondicionales.
ENTRE LOS CARGOS que entregó Taddei a su grupo leal están la Secretaría Ejecutiva del INE, las direcciones de Administración, de Asuntos Jurídicos; de Prerrogativas y Partidos Políticos; la del Servicio Profesional Electoral; la de Capacitación y Educación Cívica; y la de Organización. Y para cuadrar los números también se agenció la importantísima Unidad Técnica de Fiscalización.
AHORA el propio Congreso debería revisar lo pernicioso que resultó darle todo el poder a la presidencia del INE y ver cómo dotar al instituto de herramientas democráticas y no autocráticas. Está muy claro: si no se transforma la estructura del instituto, se corre el riesgo de que la democracia mexicana caiga diez peldaños más.
RESULTÓ MUY interesante la respuesta del titular del Órgano de Control Interno del INE, Víctor Hugo Carvente, a los diputados Javier Herrera, titular de la Comisión de Vigilancia, y Ricardo Mejía, titular de la Comisión Anticorrupción de San Lázaro, quienes pidieron información sobre las transas en el INE.
LA CARTA se la enviaron los legisladores el 23 de octubre y Carvente respondió ayer ya con la renuncia de Taddei consumada porque antes parecía haberse hecho ojo de hormiga con lo que ocurría en el instituto.
A CARVENTE le correspondía haber anticipado los problemas, denunciado las anomalías y evitado los ilícitos. Pero al final, ya con el agua al cuello, les reveló a los diputados que entre 2025 y 2026 se abrieron 16 expedientes que contenían evidencias de desviación de recursos públicos, simulación de operaciones y ocultamiento de conflictos de interés y de enriquecimiento ilícito.
LA PREGUNTA al titular del órgano de control es por qué no lo reveló antes y promovió sanciones a tiempo. ¿Acaso también estaba en el enjuague?
DE AQUÍ al próximo martes la relación con Estados Unidos andará echando chispas, pues a Donald Trump le urge algo que presumir de cara a las elecciones intermedias. Y una de sus prioridades es aparentar dureza en la negociación comercial y contra el narcotráfico, por lo cual ha estado presionando a México para que le permita atacar aquí a los cárteles. Hasta ahora le han dicho que no. A ver si no comete una locura en esta semana.