El caudillo

Tengo miedo. Pero no porque México siga sumido en la peor crisis económica en la historia moderna. Ni porque el primer trimestre del año lo mida el Inegi con crecimiento cero del PIB y con esto, tengamos 3 años de recesión.

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Por: José Luis Palacios Blanco

Tengo miedo. Pero no porque México siga sumido en la peor crisis económica en la historia moderna. Ni porque el primer trimestre del año lo mida el Inegi con crecimiento cero del PIB y con esto, tengamos 3 años de recesión. Ni por la acelerada inflación, ni por el incremento de la deuda pública, ni por la quiebra técnica de las paraestatales Pemex-CFE sumados a una larga lista de calamidades estructurales. Con emprendimiento, esfuerzo y trabajo colectivo saldremos adelante. Eso no es problema.

No. Tengo miedo por lo que ha mostrado Andrés Manuel, en su lado más autoritario, colérico y vengativo. En esa faz que muestra en las conferencias mañaneras, donde insiste en que se haga su real voluntad y violentando la veda electoral ataca a todos los que no está con él. Los mexicanos (y mexicanas obviamente) a lo largo de la historia hemos oscilado entre regímenes autoritarios y democráticos, entre visiones conservadoras y liberales. En cuatro intentonas quisimos entrar al “País de un solo hombre”. Con Iturbide, con Santa Ana, con Maximiliano y con Porfirio Díaz (nunca sabremos si Juárez se seguiría reeligiendo si no le encuentra un infarto). Precisamente, fueron los conservadores quienes insistieron en que solo la concentración del poder en un solo hombre, nos sacaría de toda la catástrofe y perdieron. Fueron los liberales los que idearon un régimen de equilibrio de 3 poderes. Ellos, los mejores liberales construyeron paulatinamente la República y lograron, primero en 1857 y después en 1917, plasmar estas ideas en la Constitución: equilibrio de poderes, con lo que se ponía fin al lastre de regímenes autoritarios.

Soñé desde joven, en las juventudes del PMT, la victoria de la izquierda y celebrar en el Zócalo de la Ciudad de México, la llegada de un régimen liberal que priorizara la igualdad y la libertad. Como muchos de ellos, luchamos en contra de la imposición de la militarización y a favor de las causas de los derechos humanos de todos. En esa idea de que la concordia y la suma de ideales, nos llevaría con Cárdenas en 1998 a un mejor País, dejando atrás décadas de los nefastos caudillos del PRI.

Pero AMLO, en su gen priísta, sigue en su estilo de querer concentrar poder y toma de decisiones. AMLO ataca descaradamente al INE (Instituto Nacional Electoral), quiere controlar al Poder Judicial y ahora quiere desaparecer a los organismos autónomos e incluso al INE. Insiste en que él “vigilará las elecciones”, cuando la Constitución le da esa facultad exclusiva al INE olvidando que él es Jefe del Estado mexicano, que gobierna para todos, queriendo olvidar que durante sus campañas electorales él mismo sufrió la injerencia de los presidentes en turno y ahora él repite los mismos errores que sus antecesores.

El INE es el árbitro y es autónomo. Si el presidente AMLO insiste en desaparecerlo y en que él pueda tener injerencia en los resultados electorales, -como lo hizo Bartlett, su protegido-, en las elecciones de 1988, nuestro País no tendrá futuro. De continuar usando las conferencias mañaneras para atacar a sus adversarios, el INE deberá aplicar “medidas precautorias” consideradas en la Constitución, para amonestarle por utilizar recursos públicos a favor de su partido, MORENA (medidas, por cierto, que por décadas exigimos la oposición de izquierda). Quizá es la condición humana, quizá es la manera de ser de AMLO, quizá sea su estrategia para intimidar al INE y presionarle en caso de perder las elecciones intermedias, el caso, es que el Presidente claramente está tomando partido desde el poder público.

Los gobiernos socialistas en la era moderna, -contra los principios democráticos que enarbolan en su plataforma social, encaminada a construir una sociedad más justa-, han caído en errores al querer concentrar poder en un solo hombre y en perpetuarse en el poder. Hoy, su desafío es permitir el juego democrático para que sociedades modernas puedan elegir libremente la mejor opción, incluyendo al socialismo como plataforma que ve primero por las mayorías.

Tengo miedo de los ataques del caudillo a los periodistas y editorialistas. Tengo miedo de que, si perdemos la independencia del INE y permitimos la concentración del poder en un solo hombre, sin los contrapesos de los otros dos poderes y sin el peso de la opinión pública y de las organizaciones de la sociedad civil, México volverá a los errores históricos del caudillismo.

*Consejero local del INE

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