El gran distractor

He sido años seguidor y admirador de AMLO. Estas editoriales y mi trayecto de vida han acompañado a la plataforma que ha planteado la izquierda histórica. Como tantos, trato de que mi vida sea consecuente con la utopía realizable de una sociedad más justa.

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Por: José Luis Palacios Blanco

He sido años seguidor y admirador de AMLO. Estas editoriales y mi trayecto de vida han acompañado a la plataforma que ha planteado la izquierda histórica. Como tantos, trato de que mi vida sea consecuente con la utopía realizable de una sociedad más justa. AMLO, fue lanzado a las alturas por el olvido que gobiernos corruptos y frívolos del PRIAN hicieron de las mayorías pobres, para ser hoy, AMLO, nuestro Presidente. Ese empuje se debió a que él entendió lo que las mayorías necesitan, pues nacido desde el “gen” priísta, supo que podía clientelarmente cautivarlos para llegar al poder.

Por eso, tanto voto de ciudadanos “de centro” e incluso de “derecha”, que vieron necesario para el País, que un activista liberal venido del sur, trajera esa visión para pensar “desde abajo” la historia nuestra. Esa tercera parte del electorado que vota consistentemente por la izquierda, se sumó a los liberales priístas que, decepcionados por la corrupción rampante, le dieron la confianza a AMLO, para llevarlos a la prosperidad como resultado de extender la mano para que caiga la dádiva del presupuesto público. AMLO sabía que cosecharía de los errores priístas y panistas, para ofrecer esa “tierra prometida” a un pueblo mal educado y con hambre.

AMLO miró desde el reverso de la historia y dijo que “primero los pobres”. Esta manera de ver la vida es indispensable; es el pivote del cristianismo incluso y se plasma en las plataformas de los partidos políticos de la izquierda histórica, desde el Partido Comunista hasta lo que hoy es Morena, pasando por el PRD. El problema en mi opinión, no está en el “qué”, sino en el “cómo”, pues una cosa es diseñar el presupuesto de egresos y otra, el de ingresos. Gastar no es difícil, el reto es generar riqueza y después repartirla.

Frente a los gravísimos, los peores problemas de la historia reciente de México: recesión, homicidios, narcotráfico, muertos por la pandemia, incremento de la pobreza, AMLO prefirió como estrategia, voltear para otro lado. Creando distractores, sonriendo al comer tlayudas o jugando béisbol, pero en todos casos, provocando que volteemos la cara para otro lado que no sea esta terca realidad. Genio de la comunicación popular, sabía que cancelar el aeropuerto, sabiendo que solo el 5% de la población ha subido a un avión, sería -junto con la venta del avión presidencial-, una decisión inicial que aplaudirían al unísono sus fieles. Todos los días lo hace y para evitar que el accidente de la Línea 12 del Metro le afectara en popularidad, creó como siempre, distractores.

El sueño de la izquierda no era ése. Era construir mirando al porvenir con la suma de esfuerzos colectivos. No era el País de un solo hombre, sino de instituciones con equilibrios. No era la militarización, sino la civilidad. No era usar el presupuesto para el clientelismo que compra votos sino la construcción de capacidades populares. No era amenazar a diario a los periodistas sino permitirles su libre expresión. No era agrediendo siempre a los emprendedores sino entusiasmar a perder el miedo a soñar. No era manosear el proceso electoral, sino respetarlo. Tampoco era burlarse de la pandemia cuando él debía ser el ejemplo. Se trataba de construir junto con las clases medias, los profesionistas, trabajadores de la cultura e investigadores de la ciencia, no en contra de ellos. Se trataba de enfrentar los problemas mirando al futuro, pero no volteando siempre al pasado y aventando culpas a otros, y así, poner ejemplo a las generaciones jóvenes.

 Estoy seguro que AMLO tiene todavía tiempo de enmendar el desastre y convocarnos a todos evitando la división y el odio. Todavía es posible que reaccione su sordera a los resultados de las elecciones. El País ya no resiste tanto encono entre hermanos. Es altamente probable que aún en el “día después”, el 7 de junio, con resultados adversos en el Congreso y en algunas gubernaturas, AMLO denuncie fraudes y ataque a las instituciones electorales y frente a la necia realidad, nos siga inventando cuentos, hablando de una realidad que solo mira él, el gran distractor. 

*Consejero local del INE

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