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El nuevo engaño de AMLO: la consulta para ‘enjuiciar’ a expresidentes de México

Hay un añejo dicho del sistema político mexicano: cuidado con abrir la puerta de la cárcel a un expresidente, porque esa puerta ya no se vuelve a cerrar.

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Por: Carlos Loret de Mola

Hay un añejo dicho del sistema político mexicano: cuidado con abrir la puerta de la cárcel a un expresidente, porque esa puerta ya no se vuelve a cerrar.

Con ese dicho en mente, acuñado en la era del hegemónico Partido Revolucionario Institucional (PRI), los nuevos presidentes podían atacar verbalmente a sus antecesores —aunque fueran del mismo partido—, meter a la cárcel a exfuncionarios e incluso a sus familiares, pero nunca poner tras las rejas a alguien que portó la banda presidencial.

El actual presidente, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), se ha propuesto romper con todos los símbolos del pasado, quebrar todas las reglas del viejo sistema político mexicano. Y ahora juguetea con la idea de encarcelar no a uno, sino a todos los expresidentes de México vivos (con excepción de Luis Echeverría): Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.

La intención de AMLO no parece estar alimentada por un deseo de justicia sino por una urgente necesidad electoral: a menos de un año para las elecciones intermedias, su popularidad iba en picada ante la falta de resultados de su Gobierno hasta que empezó a revivir los expedientes de corrupción del pasado.

El Presidente oficializó su deseo de pedir una consulta pública para que los mexicanos voten si los expresidentes deben o no ser enjuiciados. Anunció que él votará en contra porque “hay que mirar hacia adelante” —curiosamente, a diario habla del pasado—, pero considera que el pueblo tiene que decidir.

El pueblo, sin embargo, no parece interesado: para solicitar que se haga la consulta se necesitaban 1.8 millones firmas. En un país con 130 millones de habitantes —donde 30 millones votaron por AMLO—, el Presidente y su partido, Morena, sufrieron para juntar las firmas requeridas. A tal grado que un día antes de la fecha límite, el presidente tuvo que usar sus facultades para pedir él mismo la consulta.

En resumen: el Presidente dice que el pueblo debe decidir en una consulta si se enjuicia a los expresidentes; el pueblo no se muestra interesado; el Presidente dice que él no quiere meter a la cárcel a los expresidentes, pero de todas maneras solicita la consulta. Y el mismo día que la solicita, Morena presenta en el Congreso una iniciativa de ley de amnistía para los expresidentes, para “blindar la consulta”.

Todo este sin sentido empuja a la conclusión de que el Presidente quiere repetir en el 2021 su exitosa campaña política de 2018: hacer que la elección sea sobre la corrupción. Al hablar de la corrupción del pasado, evita que la elección se vuelva un referéndum sobre el presente.

Tiene lógica electoral. Si el 2021 es una evaluación del gobierno de Morena, el Presidente está destinado a la derrota. La pandemia ha dejado más de 72,000 muertos, superando ampliamente el escenario “catastrófico” calculado por el propio gobierno. La inseguridad ha dejado 60,000 asesinatos en casi dos años, un arranque peor que en los sangrientos sexenios de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. La economía se prevé que caerá 10% este año, sin que el Gobierno trate de mitigar el golpe con algún programa fiscal de rescate a la ciudadanía. Y el combate a la corrupción colapsó el día que aparecieron videos del hermano del presidente recibiendo paquetes de dinero, y este lo exoneró a la mañana siguiente.

La consulta sobre enjuiciar a los expresidentes es solo el más reciente truco para distraer la atención por un largo tiempo. La última palabra la tiene la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), que deberá definir si la pregunta que se hará en la consulta viola o no la ley. Hay constitucionalistas que señalan que sí lo hace: está sometiendo al voto popular aplicar la ley contra personas en lo individual, lo que vulnera el debido proceso de esos individuos (los expresidentes) y también viola el derecho a la justicia de las víctimas de los delitos que hubieran cometido estos.

Si la SCJN valida la consulta, AMLO quiere que se modifique la Constitución para que se realice el día de las elecciones intermedias, en las que Morena se juega su mayoría en la Cámara de Diputados. Si la Corte la rechaza, AMLO podrá seguir alimentando el discurso de que la élite privilegiada del pasado —los ministros de la Corte incluidos— está en contra de la justicia y la transformación del país.

Así que, cualquiera que sea la definición de la SCJN, el Presidente tiene el discurso que estaba buscando. Y cualquiera que sea el resultado de la eventual consulta, en el fondo pasará lo que el presidente quiera con sus antecesores: la Fiscalía General de la República, que llevaría las investigaciones de los exmandatarios, no tiene que actuar en función de lo que diga la consulta.

Si AMLO abre la puerta de la cárcel a los expresidentes, pondrá a prueba en él mismo la regla del viejo sistema político: porque donde esa puerta no se cierre, un hombre que ha gobernado con tanto deseo de venganza, que ha atizado el odio y la división para llegar al poder y ejercerlo, podría ser una irresistible tentación para un futuro presidente que sea su adversario.

Por ahora, parece que no le interesa abrir esa puerta, sino presentarse ante el electorado como quien la va a abrir. Y jugar electoralmente con la ilusión de una justicia largamente anhelada por los mexicanos.

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