Opinión

Las Leyes ‘Patrióticas’

El 26 de octubre de 2001, a un mes de distancia de los atentados terroristas cometidos en Nueva York en contra de las torres gemelas, fue aprobada por aplastante mayoría en el Congreso de los Estados Unidos

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Por: Francisco Martín Moreno

El 26 de octubre de 2001, a un mes de distancia de los atentados terroristas cometidos en Nueva York en contra de las torres gemelas, fue aprobada por aplastante mayoría en el Congreso de los Estados Unidos, la USA Patriot Act, un acrónimo de “Uniting and Strengthening America by Providing Appropriate Tools Required to Intercept and Obstruct Terrorism Act”, o sea, una ley promulgada por George W. Bush para unir y fortalecer a Estados Unidos al proporcionarle las “herramientas apropiadas” para interceptar y obstruir el terrorismo en aquellos países que pudieran significar una amenaza para su seguridad nacional.

Con arreglo a una supuesta lucha en contra del terrorismo, Estados Unidos se atribuyó, entre otros objetivos, el derecho a invadir militarmente otras naciones que pudieran ser consideradas sus enemigas. Dentro de este bárbaro contexto de aplicación extraterritorial de la ley, los cárteles mexicanos podrían llegar a ser considerados terroristas, tal y como consta en el documento “Country Reports on Terrorism”, a través del cual se recurriría, en primera instancia, a la diplomacia y a sanciones económicas, hasta llegar a utilizar la fuerza militar.

A los ojos de las autoridades norteamericanas no existe una estrategia diseñada por el Gobierno de AMLO para combatir al narcotráfico. La ridícula política de los “abrazos, no balazos” para reducir los cultivos de enervantes, clausurar los laboratorios clandestinos, aprehender a los mafiosos y confiscar sus cuentas de cheques, no solo no constituye una táctica idónea y eficaz para erradicar dichos flagelos, sino que podría implicar un colaboracionismo camuflado de la 4T con el hampa. El “pórtense bien” de AMLO debe desesperar a Donald Trump, quien contempla la muerte anual de 70,000 de sus paisanos envenenados por “culpa” de su vecino del sur, como la gran oportunidad para volver a lucrar electoralmente, ahora con las ideas evangélicas de su colega mexicano, a quien tal vez etiquete como un apóstol de la paz, un supuesto iluminado incapaz de comprender los bestiales niveles de criminalidad y la insaciable avaricia de los “gangsters” del siglo XXI. Atacar a México siempre le redituó a Trump inmensas ganancias electorales.

AMLO rechaza el concepto de extraterritorialidad vigente en Washington, de donde puede desprenderse una nueva invasión de marines yanquis en México para arrestar a maleantes ubicados en nuestro territorio, claro que lo rechaza, como los ciudadanos también rechazamos, a voz en cuello, la patética incapacidad de su gobierno para contener al crimen organizado, rechazamos ser abofeteados con más 30,000 muertos al año que delatan la existencia de un país de salvajes, así como nos humillan las macabras fotografías de decapitados, los retratos de las siniestras fosas comunes, los fraudulentos y desesperantes cobros de piso, los secuestros, las extorsiones y los miles de desaparecidos. Todo lo anterior son focos de angustia y vergüenza para la nación.

Si se llegara a equiparar el narcotráfico con el terrorismo, sería indeseable pero no remoto, el arribo de decenas de aviones Hércules de la marina de Estados Unidos, de los que caerían cientos de marines paracaidistas sobre Culiacán para arrestar, solo para comenzar, a las cabezas del cártel de Sinaloa. Para tratar de evitar este atropello que no padecíamos desde la expedición Pershing al intentar atrapar a Villa, liberemos a nuestras fuerzas armadas de restricciones estúpidas e ineficaces, para que, junto con las autoridades de inteligencia financiera de Estados Unidos logremos erradicar este pavoroso cáncer que consume el organismo nacional. ¿No queremos ver a los marines paracaidistas caer sobre territorio mexicano ni deseamos que nos apliquen sus “leyes patrióticas”? ¿No...? Entonces diseñemos y ejecutemos de inmediato una estrategia con nuestros militares y Washington y abstengámonos de insistir en los “abrazos, no balazos” que solo generan burla e ira, tanto en México, como en el extranjero, además de despertar sospechas sobre la temeraria complacencia del Gobierno mexicano con el narcotráfico, las que se acentúan con el asilo concedido a Evo Morales, un productor masivo de cocaína...

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