Opinión

Mente pobre

El empresario y escritor Jürgen Klarić, -quien se ha dedicado a investigar sobre la conducta humana con base en la antropología y la neurociencia-, atribuye la situación económica y social de México a nuestros valores y la educación que impartimos.

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Por: José Luis Palacios Blanco

El empresario y escritor Jürgen Klarić, -quien se ha dedicado a investigar sobre la conducta humana con base en la antropología y la neurociencia-, atribuye la situación económica y social de México a nuestros valores y la educación que impartimos. Afirma que “si el Presidente es mente pobre hace un pueblo de mente pobre, un país de mente pobre”.

Por años viví en colonias populares, ya rurales, ya suburbanas, con el propósito de aprender y aportar a la organización popular. Mi intención, como la de muchos compañeros militantes de la izquierda, fue contribuir a construir organización popular y así mejorar la calidad de vida de los más pobres. Considero que a buena parte de quienes vivimos estas experiencias nos quedaba claro que la organización popular consistía en construir capacidades y siempre rechazar dádivas ya del gobierno para conseguir votos, ya de los ricos buscando tranquilizar su conciencia. Puedo asegurar que viviendo esta experiencia era lógico rechazar la compra de voluntades por parte del PRI, el partido al que combatimos por décadas.

Cuando escucho al presidente AMLO y su sano desapego de lo material, concluyo que se empeña en dar un mensaje al pueblo, de que tener riqueza es algo malo. Parece que la receta para tener prosperidad, es acabar con la riqueza, no de verla como una virtud. Es cierto que el desprendimiento de lo material es una virtud, pues pone primero al “ser” que al “tener”, pero parece que AMLO en su afán de denunciar las grandes desigualdades sociales, desprecia la creación legal y justa de la riqueza. Pero eso era lo que buscábamos desde las cooperativas populares, ya de construcción, ya de ahorro, ya de consumo: formas más igualitarias de generar riqueza y compartirla.

En mi opinión, fue en parte nuestra religión católica la que nos metió ideas de que la riqueza es mala, en tanto que, desde su surgimiento, el protestantismo impregnó a sus fieles la idea de que el bienestar material era primero que el espiritual. El problema es cuando nuestro Presidente AMLO, -conductor de las voluntades de las mayorías pobres del País-, pone como prioridad de su gobierno el otorgar subsidios a casi 25 millones de personas (en una acción que clamaba ya justicia al cielo), corre los riesgos de que destruya la cultura del esfuerzo en los grupos sociales que son sus destinatarios.

¿Por qué digo entonces que AMLO tiene “mente pobre”? Porque transmite a su feligresía, la falsa idea de que no debemos superarnos, que basta con exigir al Estado nos provea de apoyos, que el mercado y la competencia son producto del neoliberalismo y que basta con movilizarnos en las calles para que se nos dé lo que falta; que el emprendimiento y la creación de empresas son tan malos que los presenta como el origen de todos los males. Al final la “mente pobre” del líder se transmite y permea a sus fieles. El desdeño por la fuerza de la creación de productos y servicios innovadores mata a los jóvenes emprendedores que pueden preferir recibir becas que luchar por ellas. Si AMLO transmite desde hace décadas la idea de que afuera del País no hay competencia, de que no es importante para los jóvenes el aprendizaje de los idiomas, si insiste en que para vivir en la economía del conocimiento no se requieren computadoras, si no permite que haya mecanismos de estímulos a los resultados del profesorado y deja solo los de la antigüedad, esa “mente pobre” seguirá inyectando a las generaciones jóvenes la mirada al pasado y evitará soñar el futuro.

Durante décadas di mi vida en educación a los más pobres y pude constatar que es la cultura del esfuerzo y la superación, junto con proveer los medios –ya tecnológicos, ya alimentarios, ya financieros-, los que permitieron que los pequeños pudieran construir un proyecto de vida pleno. En los casos donde las dádivas se entregaban sin esfuerzo, los corrompían y creaban confort. Necesitamos que el presidente AMLO salga del País y se entere de lo que sucede afuera; que sepa de energías renovables y de la economía del conocimiento. Que invite a los jóvenes a superarse creando riqueza colectivamente en épocas en que la recesión y el narcotráfico amenaza con acabarnos. Necesitamos que tenga “mente de abundancia” y no “mente pobre”.

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