Saldo preliminar

De la incertidumbre... a la incertidumbre. A cerca de un año y medio del inicio de la pandemia de SARS-CoV-2, científicos, gobiernos y los propios ciudadanos comienzan, al fin, a hacer un recuento de estos meses inverosímiles y un balance de las acciones tomadas para enfrentar el desastre.

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Por: Jorge Volpi

De la incertidumbre... a la incertidumbre. A cerca de un año y medio del inicio de la pandemia de SARS-CoV-2, científicos, gobiernos y los propios ciudadanos comienzan, al fin, a hacer un recuento de estos meses inverosímiles y un balance de las acciones tomadas para enfrentar el desastre. Si algo reveló la pandemia, fue la paradójica atomización de las decisiones frente a una amenaza idéntica en todas partes. Como si el virus actuara distinto en China, en Europa o en América, cada país -o, más bien, cada gobierno- optó por medidas diferenciadas, sin siquiera consultar a sus vecinos, en esfuerzos que afianzaban sus posiciones de poder -y detenían la erosión entre sus electores- más que resultar eficaces en la lucha contra el virus.

En efecto, los lugares con tradiciones autoritarias eligieron medidas extremas; la ultraderecha o los populistas desestimaron la gravedad del fenómeno y evitaron tomar acciones drásticas; Oriente se plegó con mayor facilidad al confinamiento, mientras que en Occidente resultó más traumático; y, en fin, las democracias liberales respondieron más lentamente al desafío que sus contrapartes dictatoriales. Al cabo de estos meses, queda claro que las generalizaciones no aplican y se requeriría un riguroso análisis sociológico para evaluar las diversas respuestas a la pandemia.

Lo que queda más claro, cuando nos hallamos en un momento en donde la vacunación ha avanzado con rapidez en muchas partes, es que, si bien los políticos afirmaron que sus decisiones se basaban en los consejos de sus científicos, la ciencia ha tenido un papel marginal en la mayor parte de las medidas impuestas (o no) por nuestros dirigentes. La ciencia ha sido, más bien, el pretexto, porque ésta no se construye con verdades absolutas, sino con hipótesis que se contrastan diariamente con los hechos.

El estilo personal de gobernar ha sido la principal pauta a la hora de decidir qué se ha hecho en cada sitio. A fin de cuentas ha resultado más importante la personalidad de nuestros gobernantes -de la templanza de Jacinda Ardern a la vanidad de Boris Johnson, de la serenidad de Angela Merkel a la desmesura de Donald Trump o de la discreción de Su Tseng-chang a la terquedad de Andrés Manuel López Obrador-, que cualquier recomendación técnica. Y lo mismo aplica para los responsables directos de atender la pandemia: de la mesura sibilina de Anthony Fauci a la veleidosa verborrea de Hugo López-Gatell. Ante una catástrofe global, el peso de cada figura de poder ha sido determinante en este lamentable caos frente al mismo mal.

Debido a lo anterior, es posible sacar ya algunas conclusiones preliminares frente a las distintas acciones ante la pandemia. Si bien los confinamientos estrictos ayudaron a defender los renqueantes sistemas de salud de algunos países -España o Francia, por ejemplo-, es evidente también que la idea de no dejar salir a pasear a los niños durante semanas fue tan radical como innecesaria. En sentido inverso, dejar todo al arbitrio de los ciudadanos -como en México-, también fue del todo irresponsable, lo mismo que no imponer el uso del tapabocas en sitios cerrados. Igualmente, parece que privilegiar el regreso de niños y jóvenes a las aulas, como en la mayor parte de Europa y Estados Unidos, ha sido más sabio que permitir otras actividades económicas, como en México.

Ahora, cuando buena parte de los ciudadanos mayores ya están vacunados -pero otra parte no, en muchos lugares porque se niega frontalmente-, pero no los jóvenes, las respuestas de nuestros distintos países siguen siendo igual de idiosincráticas. Algunos -como Austria o, ahora, Francia- han optado por volver la vacunación un requisito para permitir toda la vida social, mientras que Estados Unidos o México se resisten a probar esta medida. Al final, el caos vuelve a ser la norma global ante esta nueva fase de la pandemia dominada por los contagios entre los jóvenes y por las nuevas variantes del virus. Por desgracia, todo indica que otra vez serán las agendas y los miedos de nuestros gobernantes quienes decidan el futuro de millones.

@jvolpi

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