Ser bombero no es solo un trabajo: es una vocación que combina coraje, disciplina y un genuino deseo de ayudar al prójimo. Alberto Ayala Díaz, de 50 años, sabe bien de esto. Con dos décadas en el cuerpo de Bomberos de San Francisco del Rincón, Alberto comparte con los lectores de am su historia y su pasión por salvar vidas.
Su camino dentro del cuerpo de Bomberos de San Francisco del Rincón comenzó casi por casualidad.
Conocí a un compañero en el servicio militar que estaba en el cuerpo de bomberos voluntarios. Me llamó la atención, le pregunté cómo podía entrar y me dijeron que tenía que ir a la junta del sábado y expresar mi interés. Y así fue como comencé”, recordó.
La capacitación, al principio, era “sobre la marcha”.
En mis inicios entrabas como aspirante y después de un año te hacían examen teórico y práctico para tener el grado de bombero y después del examen tenías que reunir las firmas de los de mayor grado”, mencionó.
Mencionó que cada sábado había una junta y luego prácticas: enrollar mangueras, recogerlas después de los servicios y, tras unos meses, empezar a salir a los llamados de emergencia.
Nos enseñaban a estar atentos a los peligros, checar la seguridad de la escena, bajar la luz en casas en llamas para evitar accidentes. Era aprendizaje práctico, directo, de primera mano”, comentó.


Con el tiempo, Alberto compartió que complementó su experiencia con cursos especializados: rescate vehicular, uno llamado en sus tiempos “El Fire” —donde participaban municipios de toda la región— y entrenamientos ofrecidos por la Asociación de Bomberos del Estado de Guanajuato, el cual se realizaba en la ciudad de Salamanca.
Su motivación siempre ha sido clara: ayudar.
Siempre tuve la inquietud de ayudar a la gente. Primero quería ser sacerdote, pero así, de alguna manera, sigo salvando vidas”, compartió.
Como voluntario, ha vivido momentos difíciles y conmovedores. Recuerda un accidente que involucró a una niña, que además mencionó, son los que más lo han marcado en su vida:
Estábamos afuera de Bomberos y un señor pasó muy rápido en su camioneta; más adelante se escuchó un fuerte golpe. Fuimos a ver y vimos a una niña que se salió de la camioneta… eso me marca mucho”, relató con sinceridad.
Pero también hay recompensas:
A veces llegamos a fábricas o casas con incendio y logramos controlar todo. La gente nos da las gracias, y eso nos llena. Nos comentan que no hablaban porque pensaban que cobramos, pero les decimos que nuestra ayuda no tiene ningún costo”, agregó.
Actualmente, Alberto combina su voluntariado con su trabajo en el Hospital de Alta Especialidad, donde desde hace casi un año se encarga del sistema contra incendios.
Los cursos de primeros auxilios y la experiencia en Bomberos me sirven tanto aquí como en la vida diaria. Saber qué hacer en una emergencia te cambia la manera de ver las cosas”, aseguró.
Su mensaje para quienes se interesan en el cuerpo de bomberos es simple y contundente:
Se necesita ganas de ayudar a la gente. Invito a quienes quieran vivir la experiencia a que lo hagan; es bonito ayudar y recibir un ‘gracias’”, expresó.
Y sobre el futuro, Alberto es claro:
Seguiré hasta que por alguna razón ya no pueda. Mientras pueda, ahí estaré, ayudando a los demás”, concluyó.
En San Francisco del Rincón, la labor de voluntarios como Alberto recuerda que detrás de cada emergencia hay personas con vocación, coraje y un corazón dispuesto a salvar vidas.
LF