León, Guanajuato.- El aficionado esmeralda vivió una semana de polos opuestos. Luego de la eliminación de la Concachampions y con la derrota en Guadalajara, el sentimiento general era de decepción.
Las críticas arreciaron y estaban fundamentadas. Tanto en Los Ángeles como en Jalisco, el León salió a jugar sin alma, sin espíritu competitivo y sin pasión. Las formas derrumbaron de un plumazo todo el orgullo que este mismo equipo había construido en el pensamiento de sus aficionados, y estos comenzaron a pedir la cabeza de Ignacio Ambriz.
Pasó la semana, la más larga y complicada de todas, y hasta el domingo tuvieron la oportunidad de redimirse. No sería sencillo, porque salían sin centro delantero por la baja de Leo Ramos, y Ambriz tuvo que recurrir a un chico de 20 años para salvar la situación.

Además, en un gesto por demás simbólico, junto con el joven canterano debutó en este torneo Ignacio González, que con 15 años más que Armando León, lideró a la central verdiblanca con autoridad moral y jerarquía. Este será su último torneo como profesional, y alentado por eso, Nacho nlo entregó todo en el campo.
Así fue como este escenario nos dio la respuesta a las incógnitas que presentaba la Fiera. En el equipo había calidad, eso ya lo sabíamos, pero lo que faltaba era honor, sangre y valentía.
Eso mismo aportaron en Juárez Ignacio González y Armando León, uno porque apenas empieza su carrera y otro porque está a punto de terminarla. Pero ambos tienen en común que no tienen nada que perder, y que lo único que les queda es matarse en cada pelota dentro de la cancha.
Nacho González y Armando León son dos polos opuestos, pero ambos tienen en el ecuador la pasión por el Club León.

Y solo con ellos cambió en un partido el sentimiento de decepción de la fanaticada por el de la ilusión. Esa simple demostración de futbol entregado y visceral bastó para que el pueblo verdiblanco recuperara la fe y volviera a engancharse con su equipo.
En una semana, el ambiente pasó de la tristeza a la esperanza, pero ya no hay oportunidad para flaquear. El próximo encuentro es en casa frente a Pumas, y el equipo no se puede permitir perder el impulso conseguido en la frontera. Ha recuperado su hambre de grandeza y ya no puede soltar a los dos faros que los guiaron entre las tinieblas.
“¿Si no vas por todo, a qué vas?”, pregunta siempre Ignacio González. Y este es el mejor momento para que el Club León le responda.
JRP