Existe un dicho: “la tercera es la vencida”. Pero en esta aventura de Laura González del Castillo, la connotación es diferente y cambia: la tercera es la última.
En su tercera y última expedición al Monte Everest, donde el recuerdo y presencia de su esposo Yuri Contreras está más presente que nunca, Laura recuerda constantemente el porqué y así, con la emotividad que la caracteriza, lo refleja en su página de Facebook.
El pasado martes, desde temprano, relató la odisea que atravesó en el tercer día de la expedición. Titulada “Escalera al inframundo”, destacó la fortaleza de su hija Andrea.
“El segundo día transcurrió con calma, como si la montaña nos concediera tregua. Llegamos a Chatra Kola, a 3,150 metros, ganando altura con paciencia, dejando que el cuerpo y el ánimo se adaptaran al ritmo silencioso de la montaña”, narró la leonesa, antes de evocar lo complicado del tercer día.
“Salimos más temprano que nunca. Atravesamos un bosque espeso que pronto se transformó en un mundo de bambúes, como si hubiéramos atravesado otra dimensión”.

Narrando el paisaje con detenimiento, resaltando la fuerte nubosidad que existía en el ambiente, que, por lo mismo, no era perceptible del todo, Laura reveló el cansancio que comenzó a experimentar su hija Andrea.
“Ascendimos durante horas, ganando quizá unos 500 metros de altitud, hasta que, sin previo aviso, comenzó la bajada. Siempre se espera el descenso como un descanso. Y al inicio lo fue. Pero pronto, la montaña mostró su cara.
“‘Mamá, no aguantó el dolor de las rodillas. Una me duele más que la otra. Ojalá que pronto vuelva la subida’, me dijo Andrea. Pero la subida no regresó y la bajada continuó durante horas, a veces más inclinada, a veces menos, pero siempre descendiendo”.
Al final, Laura recalcó que Andrea se tomó un analgésico y resistió todo el camino hasta que, después de 12 horas de camino, la recompensa apareció en forma de un puente colgante y “un río que rompía el silencio”.
Ambas llegaron a la pequeña villa de Kothe, a 3,550 metros, para descansar, recargar energía y seguir su expedición como madre e hija.

El orgullo reinó en este día para Laura, quien dejó en claro el amor que le tiene a su hija.
“…hicimos todo lo posible por atender las rodillas de Andrea con los recursos disponibles. No era mucho, pero era lo que había. Y a veces, eso basta.
“…siento un orgullo inmenso por ella, por su fortaleza, determinación y forma de abrazar el sufrimiento sin rendirse. Estoy segura de que Yuri también estaría orgulloso”.
La última expedición al Everest de Laura González
Este fue apenas el tercer de los 50 días en los que Laura y su hija Andrea planean vivir esta tercera expedición al Monte Everest, la última cumbre que la leonesa escala en su carrera.
En total, escalarán 8,848 metros por el lado norte hasta llegar a la cima de la montaña, donde esparcirán al viento una parte de las cenizas de Yuri Contreras.
La expedición, que comenzó el 15 de abril, espera tener su final el 4 de junio, dependiendo de las situaciones climatológicas.