La vacunación ha marcado la historia de la humanidad. El hecho que generaciones enteras hayan podido ser protegidas de multitud de enfermedades y lograr que se puedan vivir vidas mucho más saludables, ha sido en parte gracias a este hito de la ciencia médica. 

Cada año las inmunizaciones salvan millones de vidas y evitan secuelas graves, reduciendo el riesgo de contraer enfermedades al poner en marcha el sistema inmune, para construir una defensa ante varias afecciones que abarcan, entre otras, la difteria, sarampión, rubéola, paperas, influenza, varicela y poliomielitis. 

Se entiende entonces que los programas de vacunación son componentes clave de los sistemas sanitarios y deben ser considerados como pilares de aseguramiento del derecho humano a la salud. Así mismo, son elementos críticos para la prevención y control de enfermedades infecto-contagiosas, por lo que la inversión en ellos es imprescindible para cualquier nación que apueste a un mejor futuro. 

Sin embargo, a pesar de la importancia y trascendencia de la vacunación y los múltiples logros y avances que se han tenido a últimas décadas, este sistema se sostiene de manera frágil y es notorio que multitud de personas tienen acceso limitado o insuficiente a las vacunas y en algunos países los progresos en cuestión de cobertura se han paralizado o incluso van en retroceso. 

Entre los factores de esta andanza hacia atrás y parálisis, se encuentra la desinformación originada en el movimiento anti-vacunas, el cual ha sido un golpe importante para la salud pública, al generar dudas e incertidumbre en la población sobre la seguridad y efectividad de las inmunizaciones, minando la confianza en las mismas y alejando a multitud de usuarios potenciales que se transforman en focos rojos de riesgo epidemiológico y en últimas fechas resuena también otro factor importante: el desabasto de estos productos biológicos. 

Esta situación tiene diversos orígenes, que van desde un incremento inesperado en la demanda, pasando por interrupciones o disrupciones en la cadena de procesamiento y abastecimiento o incluso por la carencia de recursos para su compra. La complejidad que rodea a un abasto seguro y suficiente de vacunas para la población, se relaciona con fluctuaciones en la demanda global, condiciones mercantiles adversas a ojos de las compañías productoras (gran inversión vs pocas ganancias), financiamiento estatal limitado, número reducido de productores (que concentran la pericia de desarrollo y manufactura), problemas técnicos, desabasto de reactivos e insumos primigenios y la dificultad para acreditar los cada día más exigentes requisitos de calidad y seguridad acordes a normativas y regulaciones nacionales e internacionales de buenas prácticas de producción.  

Tener entonces una visión completa de lo que ocurre detrás de esta problemática, es la única manera de encontrar soluciones integrales (obviamente sin dejar de atender la situación de desabasto presente con medidas emergentes) y para ello deberán considerarse colaboraciones inter-organizacionales, regionales e internacionales, en cuestiones de regulación, calidad, seguridad, propiedad intelectual, precios, uso y distribución de productos biológicos y otros medicamentos. La inversión en el desarrollo e implementación de sistemas de colección y monitoreo de datos respecto a vacunas (disponibilidad, precio, gasto y utilización) y la vigilancia y participación en los procesos de mercado (costos de desarrollo, investigación, cadena de suplementos, regulaciones, venta y distribución) son la manera de establecer un acercamiento más sistemático para la consecución de políticas públicas, que proporcionen certeza en el afán de mantener disponible y vigente este preciado elemento de la salud poblacional. 

Es un derecho humano el acceso a la salud y es una obligación de los estados el garantizar el acceso a vacunas y otros medicamentos seguros, efectivos y de calidad. Así mismo, es obligatorio también como ciudadanos participar de manera activa en el resguardo de la salud pública, vacunándonos y exigiendo este derecho fundamental. 

Debe quedar claro que para alcanzar el bienestar de la población mexicana, el caminar siempre debe ser para adelante, nunca en retroceso. 

 

 

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