Guanajuato.- En una ciudad donde el patrimonio no es sólo paisaje, sino identidad viva, la maestra María Eugenia Camargo Mendoza fue reconocida por el Club de Leones de Marfil en Guanajuato Capital, luego de que su postura durante las manifestaciones del pasado Día Internacional de la Mujer generara una intensa conversación pública.
El acto, realizado en el Museo de Arte Primer Depósito, en Guanajuato, reunió a integrantes del club y asistentes que no escatimaron en aplausos para quien, semanas atrás, se volvió viral por defender las emblemáticas escalinatas de la Universidad de Guanajuato frente a intervenciones durante la marcha del 8M.
Fernando Zamora, presidente del club, explicó el sentido del reconocimiento:
Nos dimos cuenta de lo que pasa, como conscientes de donde vivimos, hemos escuchado mucho de patrimonio, mucha gente vive y goza del patrimonio y creemos que es una riqueza que pocos lugares tienen como Guanajuato”. Bajo esta premisa, dijo, decidieron distinguir a ciudadanos que, desde su trinchera cotidiana, contribuyen a preservar ese legado.
Al presentar a la homenajeada, Zamora subrayó el impacto de su reacción: “Todos o la mayoría nos dimos cuenta de que tomó una actitud con mucho valor”. La historia de la maestra acompaña ese momento: nacida y criada en la capital, formada en la Escuela Normal Oficial, inició su labor docente en 1979 y durante 26 años llevó educación a distintas comunidades, hasta completar más de tres décadas de servicio.
Por su parte, la maestra María Eugenia evocó aquel episodio que la colocó en el centro del debate:
Mi actitud ese día frente a esas jóvenes… pero mis palabras fueron ‘aquí no, aquí no vas a pintar, es la universidad, ¿cómo se les ocurre?, así no, manifestarse así no’. El resultado se dio, se retiraron”, comentó.
Más allá del momento, su reflexión apuntó hacia lo colectivo:
Como sociedad debemos actuar con determinación ante acciones que perjudican nuestro patrimonio, promoviendo valores desde el seno familiar, en las escuelas, en las instituciones… respeto al entorno, a nuestra historia, responsabilidad de que aquí vivimos y debemos preservar nuestro patrimonio”, concluyó.
El reconocimiento transcurrió entre aplausos y gestos de respaldo, en una jornada que también dejó claro el delicado equilibrio que atraviesa la discusión pública: el respeto al derecho a la manifestación y, al mismo tiempo, la defensa de los espacios que forman parte de la memoria compartida de una ciudad que se sabe patrimonio.
LF