Ignacio Candiani fue, a mi manera de ver y de lo que pude extraer de su manual de tipografía, un hombre extraordinario de su siglo. Se tiene noticia de que nació en 1816 y que, con unos once o doce años, ingresó como aprendiz a la imprenta de Gobierno en la capital de Oaxaca dirigida por Guillermo Haaf. Éste, “de origen inglés, excelente tipógrafo”, como recordará Candiani más de sesenta años después, lo formó en el que se consideraba el arte tipográfico. Durante la década de 1840, ya con una reputación a cuestas, fue buscado por el cubano Antonio Valdés y Moya para dirigir su imprenta, donde prosperó y, tras diversos cambios de patrón, montaría su propio negocio en 1854. El prestigio alcanzado en su ciudad lo llevó a convertirse en catedrático del Instituto de Ciencias y Artes del Estado hacia 1862. Un año más tarde, había echado a andar una imprenta en el Instituto que sería clave para la edición de libros escolares y académicos. Los vaivenes de gobiernos no modificaron la posición de Candiani. Incluso el 2 de junio de 1866, durante el Segundo Imperio mexicano, se le ratificó su nombramiento oficial como catedrático de Tipografía del Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca.
Hacia 1868, ante la falta de material impreso en la materia, escribió el pequeño manual que sería usado durante décadas en su disciplina, y que complementaría y ampliaría desde la primera impresión conocida, de 1882, hasta la cuarta edición de 1894, dedicada al gobernador del estado, general Gregorio Chávez. Por entonces, es posible que Candiani ocupara incluso una curul como diputado suplente por el distrito de Teotitlán en la XVII Legislatura estatal, que correspondía al periodo de septiembre de 1893 a septiembre de 1895.
No conocemos su fecha de fallecimiento, pero su impronta (el término le viene como anillo al dedo) en la sociedad oaxaqueña justificó con creces la reciente edición facsimilar de su manual por la Universidad Autónoma Metropolitana. Lo acompañan tres textos muy valiosos: un relato de Ana Paulina Calvillo, proveniente de una familia de impresores, donde ficciona la llegada al taller de Candiani de una disposición de Porfirio Díaz contra la mariguana; un estudio contextual de Juan Pascoe sobre la imprenta en Oaxaca; y notas sobre la enseñanza de la tipografía en ese estado a cargo de Francisco José Ruiz Cervantes.
Para su manual, Candiani emplea el método catequético; compuesto por más de doscientas preguntas y respuestas repartidas en cuatro capítulos y un complemento, como examen final. El oaxaqueño vivió la transición de las antiguas prensas de madera a las famosas metálicas de la Chandler & Price que aún perviven en decenas de talleres del país y que resisten con estoicidad la absoluta hegemonía del off-set y la impresión digital. Quedan para los registros del lenguaje, términos como clive, tángano, atacador, tamborilete o chivalete. O las galeras, el mordente divisorio, las varas de imposición, entre muchos otros. También las abreviaturas para saludar o despedirse como: AA. SS, M. P. S, B. L. M, C. P. B, Q.D.G, y tantas otras. ¿No sabe qué significan? Muy bien explicado está en el manual de Candiani.
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