Historia 308
Esta es la historia 308 de 450 que te contaremos sobre León
Las cárceles de León han cambiado de ubicación conforme la ciudad ha crecido. La primera funcionó junto a las antiguas Casas Reales, en lo que hoy es el Portal Aldama; después fue sustituida por la antigua Cárcel Municipal instalada en la casona de Belisario Domínguez, un edificio que antes había sido bodega de granos, Casa de Diezmo, hospital, hospicio y Monte de Piedad.
Más de un siglo después, los espacios que alguna vez albergaron celdas de hombres y mujeres tienen una vocación muy distinta. La antigua cárcel municipal es hoy sede del Museo de las Identidades Leonesas (MIL), mientras que la antigua cárcel de mujeres resguarda el Archivo Histórico Municipal, dos inmuebles que preservan buena parte de la memoria de la ciudad.
La primera cárcel de León
Mucho antes de que existiera la antigua cárcel municipal de Belisario Domínguez, León ya contaba con un espacio destinado para recluir a quienes infringían la ley.
Documentos del Archivo Histórico Municipal describen que la primera cárcel de la ciudad data del siglo XVII y se encontraba junto a las antiguas Casas Reales, ocupando la parte norte de la Plaza de Armas, sitio que actualmente corresponde al Portal Aldama.

Los antecedentes se remontan a 1589, cuando el Ayuntamiento adquirió las propiedades y terrenos ubicados al norte de la Plaza de Armas con el propósito de construir las Casas Reales y la cárcel.
Diecinueve años después, en 1608, se obtuvieron los recursos para edificar la Casa Real. Posteriormente, en 1615, el virrey Marqués de Guadalcázar ordenó la construcción de la cárcel, que comenzó a funcionar durante el siglo XVII.
Con el paso de los años, el edificio sufrió un marcado deterioro. Documentos de la época describen que sus instalaciones se encontraban en malas condiciones y que incluso parte del muro de la penitenciaría permanecía inconcluso.
Aquella primera cárcel funcionó durante más de dos siglos, hasta que el crecimiento de León hizo evidente la necesidad de contar con un inmueble más amplio y moderno.
Tras dejar de operar como prisión, el edificio desapareció y el espacio fue transformándose con el paso del tiempo. En distintas etapas albergó comercios, oficinas del Partido Acción Nacional y establecimientos como Fábricas de Francia y zapaterías. Hoy ese sitio forma parte del Portal Aldama y muchos lo identifican por el bar La Monarca, ubicado en la planta alta.
Una nueva prisión para una ciudad en crecimiento
Hacia finales del siglo XIX, León experimentaba un importante crecimiento demográfico y urbano. El aumento de la población también representó nuevos retos para las autoridades, entre ellos contar con una cárcel que respondiera a las necesidades de una ciudad en expansión.
Fue así como el 20 de mayo de 1899 el jefe político José María Muñoz presentó la propuesta para establecer una nueva prisión que sustituyera a la antigua cárcel del Portal Aldama.
Sin embargo, el edificio elegido no había sido construido como penitenciaría.
Antes de ser cárcel
El inmueble ubicado entre las actuales calles Belisario Domínguez, Justo Sierra y Comonfort tuvo una larga historia antes de convertirse en prisión.
Construido durante el siglo XVIII, originalmente perteneció al hacendado Cristóbal Marmolejo y Esquivel, uno de los propietarios más acaudalados de León. Mandó edificar una amplia casona que también funcionaría como bodega para almacenar los granos, principalmente maíz, provenientes de sus haciendas El Palote y Duarte.
Tras la muerte de Cristóbal Marmolejo, en 1758, la propiedad pasó a manos de su esposa e hijos. Décadas después, el 23 de febrero de 1803 fue adquirida por Manuel Antonio de Lizardi, quien el 27 de julio de 1805 la vendió en enajenación perpetua al presbítero José María Velarde y a Andrés Domingo de Sistiaga.
A partir de entonces comenzó una nueva etapa para el inmueble.
Primero funcionó como Casa de Diezmo, destinada a la recaudación de las contribuciones entregadas por los fieles a la Iglesia.
Destinada a beneficio social
Posteriormente, tras la aplicación de las Leyes de Reforma, la propiedad fue nacionalizada y entregada al Ayuntamiento de León con la condición de destinarla a fines de beneficio social.
En 1865, el primer obispo de León, José María Diez de Sollano y Dávalos, dispuso trasladar al edificio el Hospital de San Juan de Dios.
Con el paso de los años también funcionó como Hospital Civil, Casa Cuna para niños en situación de abandono y Monte de Piedad, institución dedicada al préstamo prendario con fines asistenciales.
La amplitud de la finca permitió que varias de estas instituciones convivieran en distintos espacios del inmueble, mientras que las Hermanas de la Caridad permanecieron al frente del hospital y del hospicio hasta 1874, cuando fueron expulsadas del país en cumplimiento de una disposición federal.
Tras la salida de las religiosas, la antigua casona quedó prácticamente abandonada durante varios años.
Ese aparente abandono marcaría el inicio de una nueva etapa en la historia del edificio.
Las obras para adaptarlo como cárcel municipal comenzaron el 24 de agosto de 1899 y concluyeron en 1902.
La nueva cárcel municipal
Tras casi tres años de trabajos de adecuación, la nueva cárcel municipal fue inaugurada el 27 de octubre de 1902.
El edificio conservó gran parte de la estructura de la antigua casona, pero fue adaptado para cumplir las funciones de una penitenciaría y de sede de los juzgados.

El acceso principal estaba conformado por tres grandes portadas de hierro ubicadas en la esquina de las actuales calles Belisario Domínguez y Justo Sierra. En la planta baja se distribuyeron las celdas, galeras y oficinas de la prisión, mientras que el segundo nivel albergó los juzgados penales y civiles.
La cárcel fue destinada para hombres. Sin embargo, durante sus primeros años también permanecieron recluidas mujeres, debido a que la ciudad aún no contaba con un espacio independiente para ellas.
Una cárcel para mujeres
La necesidad de ampliar los espacios destinados a los hombres privados de la libertad llevó al Ayuntamiento a buscar un inmueble exclusivo para las reclusas.
El 31 de agosto de 1908 se autorizó el traslado de las mujeres al edificio contiguo a la cárcel municipal, ubicado sobre la calle Justo Sierra, donde hasta entonces funcionaba la Depositaría Municipal.

Con ello, los espacios que ocupaban dentro de la cárcel principal pudieron destinarse a talleres donde los internos desarrollaban distintos oficios como herrería, carpintería, zapatería y panadería, actividades que en aquella época eran consideradas parte del proceso de reinserción social.
La historia de este edificio también era mucho más antigua que su uso como prisión.
Originalmente perteneció al presbítero José María Velarde, quien habitó la finca hasta su fallecimiento, en 1819.
Posteriormente, el 5 de marzo de 1851, el Gobierno del Estado adquirió la propiedad, durante la administración del gobernador Octavio Muñoz Ledo, con el propósito de establecer un hospicio para personas en situación de pobreza.
El hospicio permaneció en funciones hasta 1864.
Hermanas de la Caridad
En 1865 el inmueble fue ocupado por las Hermanas de la Caridad como residencia. Ellas atendían el Hospital Civil y la Casa Cuna instalados en la antigua Casa de Diezmo, sobre la calle Belisario Domínguez.
Las religiosas permanecieron en León hasta diciembre de 1874, cuando fueron expulsadas del país por disposición del Congreso de la Unión.
Tras su salida, el edificio quedó desocupado durante varios años.
El 5 de enero de 1903 la finca, conocida todavía como “el hospicio”, fue entregada por el Gobierno del Estado al Ayuntamiento para utilizarla como Depositaría Municipal.
Cinco años más tarde comenzó una nueva etapa en su historia.
En septiembre de 1908 llegaron las primeras mujeres privadas de la libertad.
Al fondo del inmueble también funcionaba el Asilo de San Antonio. Para separar ambos espacios fue necesario dividir el patio donde antiguamente se encontraban la huerta y las caballerizas mediante tapias y ventanas.
El asilo permaneció en ese lugar hasta septiembre de 1979, cuando fue trasladado a la colonia Oriental. Posteriormente el inmueble tuvo diversos usos, entre ellos un taller mecánico de Obras Públicas y un estacionamiento municipal.
Más de ocho décadas de funcionamiento
Durante décadas, la cárcel municipal y la cárcel de mujeres fueron parte de la vida cotidiana del Centro Histórico.
Por sus celdas pasaron cientos de personas, mientras que los talleres de herrería, carpintería, zapatería y panadería funcionaban como espacios de trabajo para los internos.
La antigua casona de Belisario Domínguez permaneció como la principal prisión de León durante más de ocho décadas. Hasta que el crecimiento de la ciudad volvió a hacer insuficientes sus instalaciones.
El 30 de julio de 1986 concluyó una etapa de la historia penitenciaria de León.
Ese día fueron trasladados al nuevo Centro de Readaptación Social (CERESO), ubicado sobre la carretera a Cuerámaro, 119 hombres —54 de ellos procesados por homicidio— y tres mujeres.
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El operativo se realizó con apoyo del Ejército Mexicano y de agentes judiciales. Utilizaron tres camiones para efectuar el traslado de las personas privadas de la libertad.
Con la salida de los últimos internos concluyó la historia de las antiguas cárceles del Centro Histórico.
De prisión a guardianes de la memoria
Con el traslado de las personas privadas de la libertad al Centro de Readaptación Social (CERESO), las antiguas cárceles del Centro Histórico quedaron desocupadas.
Comenzó entonces una nueva etapa para ambos edificios.
La antigua cárcel municipal, ubicada en la esquina de Belisario Domínguez y Justo Sierra, fue adaptándose a distintas necesidades del gobierno y de la vida cultural de la ciudad.
En diferentes momentos albergó oficinas de Desarrollo Urbano, la Banda Municipal, el área de Impuesto Predial y el Taller Municipal de Teatro.
En la antigua capilla de las Hermanas de la Caridad se instaló en 1991 la biblioteca Wigberto Jiménez Moreno. Posteriormente, parte del inmueble fue ocupado por oficinas y salas del entonces Instituto Cultural de León.
Museo de las Identidades Leonesas
El edificio volvió a transformarse el 3 de marzo de 2015, cuando concluyeron los trabajos de restauración que permitieron abrir sus puertas como Museo de las Identidades Leonesas (MIL).
Actualmente, el museo conserva el carácter histórico del inmueble y funciona como un museo de sitio. Cuenta con dos exposiciones permanentes, salas para exhibiciones temporales y amplios patios donde se realizan actividades culturales. Esto mantiene vivo uno de los edificios con mayor historia de la ciudad.
La antigua cárcel de mujeres también inició una nueva vida institucional.
Después de 1986, el inmueble fue ocupado por diversas dependencias municipales. Entre ellas funcionaron un dispensario de salud para la atención de sexoservidoras, oficinas del entonces Instituto Nacional de la Senectud (INSEN), bodegas de Reglamentos Municipales y de Mercados, oficinas de telesecundarias y un centro custodio para mujeres con enfermedades mentales.
Sin embargo, el destino que terminaría por definir su vocación llegó pocos años después.
En 1988, el Ayuntamiento autorizó que parte del edificio fuera destinado al Archivo Histórico Municipal.
El traslado del acervo representó un enorme esfuerzo.
Con el apoyo de 155 estudiantes de preparatoria que realizaban su servicio social, miles de documentos fueron llevados al inmueble hasta acondicionar los espacios donde quedarían resguardados.
Finalmente, el 2 de marzo de 1989 el Archivo Histórico comenzó oficialmente sus actividades en la antigua cárcel de mujeres. Convirtiéndose desde entonces en el principal guardián de la memoria documental de León.
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