Historia 307
Esta es la historia 307 de 450 que te contaremos sobre León
Durante los últimos días de marzo y los primeros de abril de 1990, León vivió uno de los episodios de mayor temor de su historia reciente. En distintos puntos de la ciudad comenzaron a registrarse ataques con ácido muriático contra personas aparentemente elegidas al azar, lo que provocó una creciente psicosis entre la población.
Las primeras víctimas fueron un menor de edad en la colonia Azteca y un estudiante cerca del Parque Manzanares. Durante poco más de dos semanas, el responsable logró mantenerse sin identificar mientras los rumores crecían y el miedo se apoderaba de las calles. La prensa terminó por bautizarlo como “El Loco del Ácido”.
El caso alcanzó su momento más dramático la tarde del 9 de abril de 1990, cuando Ana Bertha Guzmán fue atacada al salir de trabajar, cerca de la Cámara de la Industria del Calzado, a unos metros de la Deportiva Enrique Fernández Martínez.
De acuerdo con la investigación publicada por AM, el agresor actuó con ayuda de varios cómplices. Tras arrojar el ácido sobre la joven, huyó a bordo de un Sakura azul. Un compañero de trabajo de Ana Bertha intentó auxiliarla, pero sufrió quemaduras en las manos al entrar en contacto con la sustancia.
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Identifican al “Loco del Ácido”
Conforme avanzaron las investigaciones, la Policía Judicial identificó como principal responsable a Gerardo de Alba Rodríguez, de 26 años, profesionista y vecino de la calle León, en la colonia Jardines del Moral. Las indagatorias apuntaron a que el móvil del ataque fue una venganza, luego de que Ana Bertha terminara la relación sentimental que ambos mantenían desde finales de 1989.
El entonces subdirector de la zona norte de la Policía Judicial del Estado, Emilio Islas Rangel, declaró —según publicó AM el 29 de abril de 1990— que el ataque había sido motivado por despecho.
Los cómplices
Las investigaciones permitieron detener a Guillermo García, alias “El Memo”, y Alfredo Beltrán, alias “El Vacas”, señalados como colaboradores de Gerardo de Alba Rodríguez.
El juez Quinto Penal, Juan Francisco Moreno Vázquez, les dictó auto de formal prisión por tentativa de homicidio, lesiones y daños en agravio de Ana Bertha Guzmán. Ambos apelaron la resolución y se declararon inocentes.
Durante el proceso judicial, uno de ellos declaró que acompañó a Gerardo de Alba Rodríguez en algunas de las agresiones previas, mientras que el otro sostuvo que desconocía que el contenido de la cubeta era ácido, pues, según su versión, le hicieron creer que únicamente se trataba de agua con la que pretendían humillar a la joven.

La fuga
Mientras sus presuntos cómplices enfrentaban el proceso penal, Gerardo de Alba Rodríguez logró escapar.
En aquellos meses surgieron distintas versiones sobre su posible paradero. Algunas lo ubicaban en Guadalajara y Monterrey. El 23 de mayo de 1990, Emilio Islas Rangel informó que existían indicios de que había huido a Los Ángeles. Otras versiones periodísticas mencionaban España como posible destino, aunque ninguna fue confirmada oficialmente.
También trascendió que su padre habría ofrecido entregarlo voluntariamente a las autoridades, aunque esa posibilidad nunca se concretó.
Hasta la fecha, Gerardo de Alba Rodríguez nunca ha sido detenido.
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La lucha por sobrevivir
Mientras la búsqueda continuaba, Ana Bertha Guzmán libraba una batalla por su vida.
El reporte médico emitido por el Hospital Aranda de la Parra diagnosticó quemaduras químicas de tercer grado en aproximadamente el 40% de la superficie corporal. Principalmente en rostro, cuello, ojo izquierdo, mano derecha, tórax, espalda y abdomen.
El doctor Fidel Pegueros Morales, especialista en Cirugía Plástica y Reconstructiva, advirtió que las lesiones comprometían la vida de la paciente. Además, de que, en caso de sobrevivir, enfrentaría secuelas permanentes tanto estéticas como funcionales. Respecto al ojo izquierdo, el pronóstico iba desde una opacidad de la córnea hasta la pérdida del globo ocular.
Durante las primeras horas de atención médica, los especialistas tardaron varias horas en retirar los tejidos dañados por el ácido. Los primeros injertos practicados en cuello y rostro no prosperaron, según los reportes médicos difundidos en ese momento.
A pesar de la gravedad de las lesiones, Ana Bertha manifestó desde su habitación de hospital que lucharía por sobrevivir. Pidió a las autoridades capturar a Gerardo de Alba Rodríguez para evitar que hubiera más víctimas y se hiciera justicia.
La exigencia de justicia
El 5 de mayo de 1990, sus padres, Juan Guzmán y Margarita Vázquez, solicitaron al alcalde Carlos Medina Plascencia que la investigación se acelerara. El Presidente Municipal les ofreció respaldo.
Semanas después, el 26 de mayo, el gobernador Rafael Corrales Ayala visitó de manera inesperada a Ana Bertha en la habitación 433 del IMSS. El encuentro fue breve. El mandatario le expresó su apoyo y le aseguró que el Gobierno del Estado continuaría trabajando para esclarecer el caso. Su padre agradeció públicamente el gesto.
Un caso que sigue abierto en la memoria
Los únicos que enfrentaron una condena fueron los cómplices Guillermo García, “El Memo”, y Alfredo Beltrán, “El Vacas”.
En cambio, Gerardo de Alba Rodríguez, señalado como el principal responsable, nunca fue capturado.
Con el paso de los años surgieron diversas versiones sobre su destino. Una de ellas aseguraba que había sido internado en una clínica especializada en salud mental en Inglaterra, aunque esa información nunca fue confirmada oficialmente.
Han transcurrido más de tres décadas desde aquellos ataques que sembraron el miedo en León. El caso del llamado “Loco del Ácido” permanece como uno de los episodios criminales más impactantes en la historia reciente de la ciudad. Y continúa siendo una de las investigaciones que nunca logró cerrarse con la captura de su principal señalado.
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