Tremendo alboroto hizo en redes sociales esta semana, el espectáculo de burlas que dos diputadas de Morena en mi natal Puebla, hicieron de nosotros, los adultos mayores. Aparentemente la cuestión es si se contextualizó o no, lo dicho en el podcast llamado “Descasadas”, al declarar en el mismo, que los adultos mayores “huelen a baúl”, “como a humedad” o bien, “que ya se están pudriendo”.
Pero considero que es más de fondo la cuestión, pues se trata de asuntos culturales y ancestrales en un país lleno de discriminación. Los especialistas señalan que, en la modernidad, el respeto o la veneración hacia los mayores se ha ido perdiendo y la generación millennial ya está desapegada de ese respeto.
Pero lo que más llama mi atención y me duele, es que provenga de esos perfiles de arribistas que se encumbraron de poder y dinero, gracias a MORENA y a la 4T. Un partido de izquierda o con plataforma de izquierda, debería promover el respeto a los adultos mayores y sancionar internamente a quien no lo haga. Y aquí es en donde, desde mi opinión Morena sigue mostrando enormes incongruencias, “viendo la paja en el ojo ajeno y no viendo la viga en el propio”, pues cuando se trata de usar a sus Fiscalías o al Poder Judicial contra adversarios, son implacables, pero son omisos cuando se trata de sus correligionarios.
Por eso no vamos a ver una expulsión de los derechos partidarios para estas diputadas -que, como muchos otros de ese partido, provienen de clases sociales acomodadas- y que no pasaron por las luchas sociales y el estilo de vida de los militantes de la izquierda histórica.
Por eso digo, que nos hace falta mucho como País para regresar a la historia ancestral, en donde los ancianos eran figuras respetadas y que influían en la conservación de los valores comunitarios. Con los cambios demográficos, además, veremos en 20 años que los adultos mayores serán más de la mitad de la población mexicana. Es bastante el trabajo de reconstrucción social y el respeto a los adultos mayores, para que formemos redes solidarias y se incremente el porcentaje de adultos mayores que tengan una vida digna, pues todas las proyecciones señalan la carencia de seguridad social y por tanto, la alta probabilidad de vivir en vulnerabilidad.
El 15 de junio recién se conmemoraba el Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez. La ENADIS 2022 del INEGI revelaba que cuatro de cada 10 personas mayores aseguraron haber sido discriminados al buscar empleo. La discriminación hacia los adultos mayores en México, conocida como “edadismo” o “viejismo”, afecta a más del 60% de las personas mayores de 60 años. Se manifiesta en la exclusión laboral, la falta de ingresos suficientes, la infantilización mediante el lenguaje y el abandono social o institucional.
Los tipos de discriminación laboral son: la negación de empleo o, según el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), restricciones para obtener créditos o puestos de responsabilidad por prejuicios de improductividad económica y social. La pensión insuficiente para necesidades básicas y percepción errónea de que representan una carga económica. En el trato cotidiano (infantilización), el uso despectivo de diminutivos (“viejitos”, “abuelitos” fuera del ámbito familiar) o hablarles con tono aniñado, anulando su autonomía. También es institucional y de salud, con retrasos o negativas en la atención médica especializada y escasez de redes de apoyo eficaces.
Claro que hay acciones legales y de apoyo, por la prohibición de discriminar por edad, que está estipulada en el Artículo 1º Constitucional de México y la Ley de los Derechos de las Personas Adultas Mayores. Debemos reportar actos graves de discriminación, maltrato o vulneración de derechos humanos ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) o el propio Conapred para contrarrestar la “gerontofobia” debido a que excluye y limita nuestros derechos humanos como personas mayores, lo que también deriva en violencia por abandono, exclusión social y discriminación.
Al menos hay algo bueno en este episodio triste de las legisladoras morenistas y es que como sociedad, llegamos a un debate público sobre la necesidad de acabar con todos los esquemas de discriminación, para caminar hacia una sociedad respetuosa, tolerante e igualitaria.