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Historia 390

Esta es la historia 390 de 450 que te contaremos sobre León

A los 98 años, Rafael Rionda Sanabria, conocido como “El Gallo”, habla de lo que todavía quiere hacer: pintar, caminar mientras las piernas aguanten y estar presente en las corridas de toros.

Su afición a la fiesta brava comenzó cuando era niño. No terminó la secundaria porque llegaba tarde a la escuela y le tocaba sentarse en el suelo. Los retardos se debían a que  pasaba las horas en la plaza de toros.

Su padre, Rafael Rionda Manrique, quien fue secretario particular del gobernador Agustín Arroyo Ch., decidió entonces mandarlo a trabajar a la fábrica de calzado Cóndor, de Lorenzo Rodríguez.

Tenía que presentarse a las 8:30 de la mañana. Durante siete años no faltó. Después decidió tener su propio negocio. Reunió 370 pesos y compró un costal de hormas. Con el saco a cuestas llevaba los zapatos a coser y después a la máquina de acabar, hasta que un día compró una bicicleta.

No tuve papá rico, no tuve herencia de nadie, y si logré hacer un poquito ha sido gracias a mi dedicación, a mi esfuerzo”, dijo en una entrevista realizada por José Luis Díaz, publicada en 2007.

Rionda recuerda también las palabras de don Lorenzo: “No vayas a ser un zapatero del montón, sé un zapatero que se distinga”, dijo.

Primero los toros

“El Gallo” nació en 1928, en Guanajuato, pero vivió hasta los 15 años en la Ciudad de México. La familia llegó a León en 1944.

Su deseo de ser torero pudo tener relación con su padre, aficionado a la fiesta brava y amigo de Rodolfo Gaona, “El Califa de León”.

“La preparación de un torero es muy difícil”, recuerda. “Es más fácil ser presidente de la República que figura del toreo: un presidente sale cada seis años; una figura del toreo, no”.

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Su padre intentó persuadirlo para que desistiera de ser torero.

“Me quitó pronto el deseo de ser torero… pensé que era preferible ser un buen aficionado y no un torerillo de la legua, fracasado”, afirmó en aquella entrevista.

Entonces decidió torear como aficionado. Lo hacía con traje corto y participaba en festivales y tientas.

En 1958, asegura, participó en una corrida de toros el día que se inauguró la Plaza de Toros La Luz. Días después toreó en San Cristóbal, en presencia de Rodolfo Gaona. Aquella tarde recibió una cornada.

“Brinqué al ruedo y empecé a torear; me engolosiné. Había visto que por el lado izquierdo la becerra se vencía mucho, pero quise hacerla embestir por ese lado. Empecé a acosarla, pegándole con la espada; la becerra reculó, me embistió y me pegó un rayón largo en la pierna, pero cuando el animal sintió que cogió, levantó la cabeza y me metió el pitón en el estómago”, narró en la entrevista con José Luis.

Tenía 32 años. La herida dejó al descubierto la vena ilíaca. Lo llevaron a León en automóvil. Se recuperó y volvió al ruedo. Después reapareció en un festival, toreó en ganaderías y comenzó a criar toros bravos.

Cuando le preguntaron por qué toreaba, respondió:

“El toreo no es nada más pararse frente al animal, sino hacerlo con gusto, arte, estética… hay que dominar la adrenalina, el miedo, para estar frente al animal”.

Mientras seguía en el toreo, Rionda comenzó a fabricar calzado para dama. Su marca era Jacaranda.

De los talleres pasó a construir su propia empresa en el Barrio de San Miguel. Encontrar modelos atractivos para las mujeres y mantener la honradez en el negocio fueron parte de las razones de su crecimiento.

Si yo tenía un zapato de cien pesos, debía tener cien pesos ahí. Mi zapato tenía demanda, era durable, cómodo, de moda y la gente lo buscaba”.

Llegó a manejar tres fábricas de calzado y una de acabado.

Cuando Jacaranda comenzó a crecer, hizo a un lado su deseo de ser torero. “No podía distraer tiempo ni dinero”.

También dejó la crianza de toros que había iniciado en un rancho que le compró a Ignacio García Téllez.

Participó en organismos empresariales y fue presidente de la Cámara de la Industria del Calzado.

Como dirigente de los zapateros impulsó, en 1974, la primera edición del SAPICA, Salón de la Piel y del Calzado, junto con José Abugaber Sara y Ramón Padilla Chávez y colaboró en la creación de CIATEG -Centro de Asistencia Tecnológica del estado de Guanajuato-.

Al terminar su gestión al frente de la Cámara, el entonces gobernador Luis H. Ducoing Gamba lo nombró presidente del patronato para la pavimentación e introducción de drenaje en el bulevar Adolfo López Mateos.

“Me costó tiempo, dinero y desatender el negocio”, dice.

Calzado Jacaranda cerró en 2008. 

“A mis hijos no les interesó. Llegó el momento en que dije: se acabó; tengo facilidad para caminar, viajar, hay que aprovecharlo ahorita… Desde niño me ha gustado la pintura y, después de años de no hacerlo, regresé a pintar”.

Rafael se casó con María Elena Reynoso Vela. Tuvieron cuatro hijos: Rafael, Mariela, Mauricio y Verónica.

Ninguno heredó su afición por la fiesta brava.

La enseñanza de la tauromaquia

Los toros siguieron presentes en su vida. En 1979 fue fundador del Centro Taurino de León junto con  Javier Ramírez, Guillermo Liceaga, Manuel Villarreal y Manuel Ortega. La fiesta brava, explica, le enseñó a convivir con el miedo.

“El miedo es algo normal para todo el mundo. Pero saber dominar el miedo es lo más importante”.

A esa afición se sumaron otras actividades. Fue alpinista, montañista, excursionista y jinete. Subió tres veces al Popocatépetl y presenció más de 15 corridas de toros en España.

Actualmente dedica gran parte del día a pintar acuarela, principalmente paisajes, en un estudio iluminado. Con entusiasmo anuncia que vivirá más de 100 años. 

Actualmente dedica gran parte del día a pintar acuarela. Foto: José T. Méndez

“Me gustaría seguir pintando y gozando de mis hijos, de mis nietos, de mi familia y de mis amigos”.

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