Historia 389
Esta es la historia 389 de 450 que te contaremos sobre León
Manuel Ángel Aranda Portal podría presentarse como médico, fotógrafo, poeta, cronista de la ciudad y artista. A sus 86 años ha escrito siete libros, toma fotografías y en su taller pinta al óleo y talla figuras de madera.
La medicina fue su profesión. La fotografía, una forma de apartarse por momentos de ella, y la escritura le permitió conservar recuerdos de su familia y de León.
Junto con el doctor Jesús Sashida Key realizó la intervención quirúrgica con la que se inauguró la primera clínica del Seguro Social en León. Fue jefe de Urgencias de esa institución y continuó impartiendo clases hasta los 78 años.
Su familia conserva miles de fotografías del cronista gráfico José R. Mena, quien documentó la transformación urbana, las festividades y la vida cotidiana de la ciudad, principalmente durante las décadas de 1920, 1930 y 1940. Este legado ha sido compartido con historiadores e instituciones sin afán de lucro: “no tiene mucho valor tenerlo guardado”, afirma.
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Infancia y juventud
El doctor Manuel Aranda nació en León en 1940 y tuvo 10 hermanos. Sus padres fueron el ingeniero civil y maestro Manuel Aranda Ulibarri y María Guadalupe Portal.

El ingeniero Aranda Ulibarri trazó y puso nombre a las calles de la colonia Moderna en 1937, contratado por Enrique Aranda Martínez. Como parte de su pago, recibió dos lotes en la avenida principal, llamada México. En uno de ellos construyó la casa familiar y en el otro, la casa de la abuela, María Luisa Ulibarri, quien era dueña de la Hacienda Arriba. Fueron de los primeros habitantes de la zona.
De aquellos años, el doctor Manuel Aranda escribe que por su calle pasaban manadas de vacas, toros y borregos; recuerda al soldador, a las “huilas”, como entonces llamaban a los papalotes, y la tienda de su madre, “La Escondida”.
Hace mención del Instituto América, fundado en 1943, y de la maestra Josefina Escobedo; de José Lira Arroyo, prefecto de la Preparatoria Oficial; de sus seis años en la Facultad de Medicina; luego, de su trabajo en el Hospital General y, finalmente, de la primera clínica del Seguro Social, en el bulevar López Mateos.
De su padre, quien murió a los 58 años, escribe que construyó la parroquia de la Divina Providencia, en la colonia Moderna. El templo tenía un altar de madera y piso de barro cuando el ingeniero Aranda logró transformarlo a principios de los años 50.

El primer libro y la fotografía
Manuel Ángel Aranda comenzó a escribir en 1963, cuando casi había concluido la carrera.
“Quería corroborar vivencias que estaba teniendo como médico”, explica.
Se casó en 1964 con Rosa María Mena, hija del cronista gráfico José R. Mena. Tuvieron cinco hijos.
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Con los años, Manuel Aranda convirtió la fotografía en algo más que una afición.
Trabajaba en el IMSS, en la T1, y como jefe de Urgencias atendía situaciones que describe como traumáticas.
“Me gustaba ir a observar la naturaleza y liberarme de las tensiones… me gustaba viajar, ver el otro extremo de la vida, la belleza que nos brinda nuestro país, la naturaleza, los atardeceres”.
Durante sus vacaciones recorría el país con su esposa en una camioneta acondicionada para pasar varios días fuera. Instalaron un segundo acumulador para tener luz eléctrica por las noches y poder dormir en cualquier parte.
Conocieron casi toda la República. Sólo les quedaron por conocer Tamaulipas y Sonora.
Aprender con otros fotógrafos
Formó parte del Club Fotográfico Leonés y de Foto Arte, donde aprendió de otros profesionales y aficionados. Recuerda entre ellos a Pepe Macías, al ingeniero Jorge Pimentel y a Alberto Morales.

Más tarde impartió clases de fotografía en la Universidad Iberoamericana e hizo una cámara llamada “minutera”, similar a las que veía en parques y plazas, con las que se ofrecían “fotos al minuto”.
Siete libros
La escritura que comenzó en 1963 se convirtió con los años en siete libros, además de colaboraciones en otras publicaciones.

El primero fue “Del amor y el tiempo”, un libro de poesía en el que combinó fotografías con textos.
Después publicó “Abstracción poética”, donde volvió a unir fotografía y escritura, esta vez a partir de reflejos, luces, formas y composiciones.
Le siguió “Mar Leonidas”. El nombre reúne sus iniciales —Manuel Aranda—, su origen leonés y su admiración por el pintor ruso Leonid Afremov.
Pero uno de sus trabajos más ligados a León es “Gajos de mi niñez”, su autobiografía.
En ese libro recupera recuerdos de la ciudad que conoció durante los años 40 y 50, cuando la población todavía no llegaba a 200 mil habitantes.
Narra las creencias de aquella época, los juegos, las calles sin pavimentar y las costumbres familiares.
Otro de sus libros lleva por título “Yo médico”. Lo dividió en dos partes: una dedicada a su Facultad de Medicina, a la que considera su alma mater, y otra a las experiencias que le dejó la atención de pacientes.
Como jefe de Urgencias tuvo contacto con todo tipo de casos: traumatismos, enfermedades infecciosas y situaciones que exigían una atención inmediata.
“Historia de mi fotografía”, reúne experiencias de sus viajes por México y aquello que encontró durante sus recorridos.
Lo que sigue
Desde niño aprendió carpintería y mantiene un taller en su casa. Muchos de sus muebles fueron hechos por él. Actualmente continúa trabajando la madera y realiza tallados inspirados, entre otras cosas, en culturas prehispánicas, como la maya y la mexica. También ha pintado con acuarela y óleo.
Su esposa suele decirle que es acumulador por la cantidad de objetos que conserva. Esa afición también llegó a la literatura.
En otro de sus libros, “Espíritus de mi alcoba”, imagina que los objetos que ha reunido durante años —un ventilador, un fonógrafo, una máquina de escribir y otros— cobran vida durante la noche y le cuentan su historia.
León como punto de partida
Manuel Aranda nunca ha querido dejar León. Cuando se le pregunta qué le ha dado la ciudad, responde:
“Para mí León es mi ciudad, casi casi puedo decir es mi nación”.
Reconoce que la ciudad que conoció de niño ya no existe. Entonces, recuerda, tenía alrededor de 150 mil habitantes. Hoy calcula que la población se acerca a los dos millones.
Pero siempre vuelve al lugar que conoció desde niño.
“En fin, León para mí es mi nación”, repite.
DAR
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