León, Guanajuato.- Los leoneses se enfrentaron a la Dama de Negro… bajo su propio riesgo.
Entre gritos, risas nerviosas y miradas de sobresalto, más de 500 espectadores vivieron dos horas de terror y emociones en el Teatro Manuel Doblado, donde la emblemática puesta en escena volvió a demostrar por qué, después de 32 años, sigue provocando escalofríos.
En esta ocasión, Rafael Perrín dio vida a Arthur Kipps, el hombre atormentado por una experiencia sobrenatural que busca compartir su historia. Ernesto D’Alessio interpretó a John Morris, el director que lo ayuda a reconstruir aquellos acontecimientos, aunque su escepticismo pronto se pone a prueba.
Desde los primeros momentos de la primera función (a las 5 de la tarde), la obra jugó con las emociones de los asistentes. Lo que comenzó con risas y situaciones amenas fue transformándose en una atmósfera inquietante, en la que cualquier movimiento, sonido o aparición inesperada podía convertirse en motivo de un grito.
Una historia que sigue provocando miedo
La Dama de Negro volvió a demostrar que el terror no necesita grandes efectos para apoderarse de un escenario. Con una dirección que estimula la imaginación del público, cambios de ritmo y recursos sonoros y visuales, la puesta en escena construye una experiencia en la que los espectadores terminan formando parte de la historia.
La trama transporta a los asistentes a la campiña inglesa del siglo XX, donde Arthur Kipps intenta enfrentar los recuerdos de una experiencia que lo persigue. Para conseguirlo, escribe su relato y busca la ayuda de Morris, sin imaginar que aquello que parecía una simple representación terminaría convirtiéndose en una experiencia aterradora.
La misteriosa mujer de negro deambuló por el escenario y provocó toda clase de reacciones entre los leoneses, quienes pasaron de las carcajadas a los gritos en cuestión de segundos.
La producción, basada en la dramaturgia de Susan Hill y Stephen Mallatratt, fue estrenada en México el 17 de febrero de 1994, bajo la dirección de Rafael Perrín, quien junto con Tomás Perrín apostó por una historia que en sus inicios no convencía a todos los productores, pero que terminó convirtiéndose en uno de los montajes más emblemáticos del teatro nacional.




Rafael Perrín agradece la respuesta de León
Al concluir la primera función y con larga fila para la segunda, Rafael Perrín agradeció al público leonés por mantener vigente esta historia y continuar respondiendo a cada una de sus presentaciones.
El actor recordó que León es una plaza a la que regresa prácticamente cada primero de noviembre, una tradición que lo emociona especialmente.
Estamos festejando 32 años ininterrumpidos de La Dama de Negro. La estrené el 17 de febrero de 1994 al lado del gran actor que, gloria a Dios esté, don Germán Robles”, compartió.
También dedicó palabras de reconocimiento a Ernesto D’Alessio, con quien compartió escenario en esta temporada.

Para mí es un honor compartir el escenario al lado del gran maestro, señor Ernesto D’Alessio. Es un ser maravilloso, con una voz espectacular, un señor tan bello por dentro y por fuera, un gran papá y un espléndido actor”, expresó.
Perrín también hizo una pausa para reconocer el trabajo de los técnicos del Teatro Manuel Doblado y del equipo que acompaña a la producción desde la Ciudad de México. Especialmente aplaudió el esfuerzo realizado para resolver algunos inconvenientes técnicos y garantizar que la función se desarrollara con la calidad que merece el público.
El director destacó que la obra atraviesa un momento histórico, pues actualmente se presentan tres producciones de La Dama de Negro de manera simultánea: dos funciones en Tijuana, dos en Ciudad de México y una en León.
Antes de despedirse, pidió a los asistentes reconocer con un aplauso al equipo técnico, de logística, taquilla y coordinación que hace posible cada función.
Así, entre aplausos y el recuerdo de los últimos sobresaltos, La Dama de Negro confirmó que el miedo también tiene una larga vida sobre los escenarios y que, en León, todavía hay público dispuesto a enfrentarlo… bajo su propio riesgo.
LCCR