Historia 449
Esta es la historia 449 de 450 que te contaremos sobre León
Alberto Mario Estrada Hermosillo tenía 17 años cuando comenzó a trabajar.
Desde entonces, ha pasado por la venta de relojes, la comercialización de espacios en centros comerciales, desarrollos inmobiliarios y bienes raíces. A lo largo de las décadas, cambió de empresas y de ciudades, pero siempre se dedicó a las ventas.
En su familia lo llaman “Papá Beto”. Nació en 1930 y es el menor de los cinco hijos de Benigno Estrada Barajas y María Concepción Hermosillo Anaya, quienes llegaron de Lagos de Moreno como consecuencia de la Guerra Cristera.
Sus hermanos fueron María del Refugio, María de la Luz, Benigno y Salvador.
Antes de empezar a vender, Beto fue seminarista en San Luis Potosí.
A su regreso, empezó a trabajar con la familia Rangel. Después ingresó a una empresa distribuidora de refrescos de Ernesto Romero. En 1955, ingresó a Sears Roebuck, la cadena de tiendas departamentales.
En febrero de 1957 se casó con María del Carmen Reynoso Vela, a quien llamaban afectuosamente “Carmenlona”. Ese mismo año nació Carmen Laura, su primera hija.

Dos años después, Sears lo invitó a trabajar en su matriz, en la Ciudad de México. Durante esa etapa nacieron sus otros cinco hijos: Adriana, Beto, Alejandra, Anabel y Pili. En menos de siete años, el matrimonio formó una familia de seis hijos.

En 1960, Alberto se graduó como administrador en Mercadotecnia en el Instituto de Mercadotecnia y Publicidad, vinculado a la Asociación Nacional de Profesionales de la Mercadotecnia, A. C.
Su carrera de vendedor continuó en otras empresas. En 1964 se desempeñó como gerente de una empresa de General Electric, en la Ciudad de México. En 1969, Harry Steele, fundador de la compañía H. Steele, dedicada a la fabricación y ensamblaje de relojes, lo contrató como gerente nacional de ventas para la distribución de la marca Westclox.
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El regreso a León
Después de once años en la capital del país, Alberto recibió una invitación de Alfonso Sánchez López para regresar a León y hacerse cargo de las ventas de HILSA, la Hulera Industrial Leonesa. En 1970 volvió con su familia.
Dos años después, Ernesto Gómez Hernández, primo y amigo desde la juventud, lo invitó a dirigir las ventas del Centro Comercial Insurgentes, considerado uno de los primeros centros comerciales modernos de León.
La apertura fue una novedad para la ciudad. En el centro comercial se instalaron la primera tienda de autoservicio de Comercial Mexicana en León y Las Nuevas Fábricas, que posteriormente adoptó el nombre de Las Fábricas de Francia. También contaba con el Cine Insurgentes y numerosas tiendas de prestigio, como United Colors y Lemus.
En 1973, Alberto se asoció con Ernesto para comprar en Guadalajara una empresa de los hermanos Carlos e Ignacio Moret, dedicada a fabricar y distribuir helados y paletas. El negocio se llamó La Popi’s.
Su esposa administró la empresa durante quince años, hasta 1988. Sus hijos también trabajaron ahí.
Su prestigio como vendedor lo llevó a otras ciudades. De la mano de Ernesto Gómez tuvo la oportunidad de dirigir las ventas de Plaza Fiesta, en San Luis Potosí, y de administrar un fraccionamiento residencial en Guadalajara.
En León, continuó en el sector inmobiliario. En 1978, Manuel Ortega Barroeta lo invitó a dirigir las ventas del Centro de Exposiciones y Convenciones. Un año después, estuvo al frente de las ventas de la Ciudad Industrial de León, promovida por Antonio Lomelín Guerra.
También encabezó las ventas del fraccionamiento privado y club de golf Villas de Irapuato.
En 1980, el contador público Arturo Sánchez Hernández lo invitó a ser el primer gerente de Lomas de Comanjilla, un fraccionamiento en Silao propiedad de los hermanos Rangel de Alba.
Su propia empresa inmobiliaria
En 1982, Alberto fundó Alberto Estrada Bienes Raíces, en el Condominio Madero. Con esta empresa inició una etapa en la que concentró su experiencia comercial en la venta de inmuebles.
Ahí también enseñó el oficio a su hijo Alberto. La transmisión de conocimientos continuó con otros integrantes de la familia: cinco de sus seis hijos se dedicaron en algún momento a las ventas.

La empresa se encuentra actualmente en la calle Alud. Carmen y Pili han participado en su operación; Alejandra también continuó con el negocio y, en la actualidad, sus nietas Alejandra y Mary José Rodríguez Estrada forman parte de la siguiente generación al frente de la empresa.
En 1997, Alberto y su hijo Alberto comenzaron a comercializar la segunda etapa del fraccionamiento Cumbres del Campestre, de la inmobiliaria Aretor, por invitación de Luis Gerardo Martínez Treviño.
La capacitación también formó parte de su trayectoria. En 1993, a los 63 años, cursó un diplomado en bienes raíces en el Tecnológico de Monterrey, campus León, junto con sus hijos Carmen y Alberto.
A finales de los años ochenta se incorporó a la Asociación de Asesores Inmobiliarios del Bajío, donde fue tesorero. Más adelante se afilió a la Asociación Mexicana de Profesionales Inmobiliarios, sección León.
En 1998 participó en el seminario The Real Estate Success Series, impartido por la National Association of Realtors. Ese mismo año obtuvo una certificación como asesor inmobiliario con especialidad en servicios inmobiliarios, a través del Centro Interuniversitario del Conocimiento y el Gobierno de Guanajuato.
También formó parte de la asociación MAS Propiedades, fundada por sus amigos Carlos de Jesús Torres Jiménez y Carlos Monroy, que actualmente se conoce como ABRE. De acuerdo con sus datos biográficos, continúa vinculado a estas organizaciones.
Otras actividades
Su participación en la vida de León no se limitó a los negocios. Alberto ingresó al Club Rotario de León en 1950 y continúa ligado a la institución como socio honorario. También perteneció al Club Sembradores de la Amistad.
La pintura es otra de las actividades que ha mantenido durante años. Desde 1998 toma clases con distintos maestros, entre ellos Luis Zermeño y Gloria Maisterrena.
En su trayectoria, las ventas han sido el hilo conductor: comenzó como empleado, pasó por la dirección comercial de empresas y centros comerciales, participó en la promoción de desarrollos y finalmente estableció su propia inmobiliaria.

A través de ese recorrido también involucró a su familia en los negocios. Sus hijos aprendieron el oficio en distintas etapas y ahora sus nietas participan en la empresa que fundó en 1982.
Para Alberto, la actividad comercial ha sido una constante a lo largo de su vida: primero como una ocupación, después como una profesión y, finalmente, como un conocimiento que ha compartido con varias generaciones de su familia.
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