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Desde los primeros talleres de calzado en los años veinte del siglo pasado, en los que don Delfino Muñoz Becerra y doña Petra Rodríguez aprendieron el oficio, hasta la innovación empresarial de Miguel Ángel Muñoz Rodríguez, se extiende la historia de una firma leonesa que ha construido una trayectoria de más de ocho décadas en la fabricación de botas vaqueras.

La historia comienza con don Delfino, un leonés que nació en 1902. Su primer empleo fue en una fábrica de rebozos, una actividad económica importante en la ciudad antes del auge de la industria del calzado. Cuando este sector comenzó a desaparecer, pasó a trabajar en talleres de calzado, incluyendo la fábrica de don Francisco Lozornio.

En 1920, don Delfino ingresó a su primer oficio en una pequeña fábrica de calzado. Foto: Cortesía Río Grande

La experiencia le permitió conocer las distintas etapas de la fabricación de zapatos, lo que lo motivó a abrir su propio taller en 1930, ubicado en la calle Díaz Mirón, en el barrio de San Juan de Dios. Sin embargo, el negocio no prosperó. Aquel intento no sería el final, sino el comienzo de una historia que daría origen a una marca internacional.

El taller que cruzó fronteras

En 1942, con el respaldo de doña Petra Rodríguez y la ayuda de dos empleados, don Delfino decidió abrir otro taller de calzado en la calle 13 de Septiembre, en la zona Centro.

En 1942, se fundó el primer taller, el cual se convertiría en lo que hoy es Río Grande. Foto: Cortesía Río Grande

Los primeros años estuvieron marcados por el esfuerzo y las dificultades propias de emprender. El taller fabricaba calzado de diseño argentino. Con los años, se convirtió en el punto de partida de una tradición familiar que encontró en la bota vaquera su principal identidad comercial.

Una figura fundamental para el crecimiento de la empresa fue José Luis, el hijo mayor de la pareja, quien abrió mercados en el país y en el extranjero a inicios de los años sesenta.

La empresa comenzó a despegar y a tener presencia en todo México. En los años setenta llegó a ser el mayor fabricante de botas vaqueras del país, además de contar con 42 tiendas propias en el norte de México. Durante ese tiempo utilizó distintos nombres comerciales, como Botas Delfino, Botas Mustang y Botas Jaca.

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Miguel Ángel Muñoz Rodríguez: continuidad e innovación

En 1984, el negocio tomó un nuevo rumbo con la reorganización de las empresas. Miguel Ángel Muñoz Rodríguez asumió la dirección general de una de las dos fábricas, Botas MURO, S. A., y en esa nueva etapa nació la marca Río Grande, hace 42 años.

Desde entonces, la innovación y el diseño se convirtieron en los ejes de su estrategia empresarial, hasta reinventar la bota vaquera en México.

En 1985, Miguel Ángel lanzó el diseño de la primera bota roper en México. Caracterizada por su horma más cómoda, caña corta, tacón más bajo y ausencia de bordados. En 1991 desarrolló la primera bota flexible del mercado.

“A los 31 años fui Presidente de la CICEG, en 1994 y 1995, dos años muy complicados para la industria”, señala.

Miguel Ángel Muñoz Rodríguez. Foto: Mónica Ávila

La innovación constante se ha enfocado en la comodidad, mediante plantillas acojinadas y suelas flexibles y ligeras, pero resistentes. Esta propuesta reflejó una transformación en la manera de concebir la bota vaquera: mantener su apariencia, durabilidad y personalidad, pero mejorar la experiencia de quien la usa.

Para Muñoz Rodríguez, desde que asumió el liderazgo de la empresa, la innovación y el diseño han sido el ADN de Río Grande y MURO.

En 1984, cuando tomé la fábrica, desde el día uno comencé a exportar y a los tres meses me fui a Europa a vender y posicionar la marca Río Grande y MURO. Al mismo tiempo, contraté agentes de ventas en México con la intención de atender los dos mercados, el nacional y el internacional”, compartió Miguel Ángel.

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Llega MURO, la primera marca mexicana de moda en el mundo

A la par de la fabricación de botas vaqueras tradicionales, de rodeo y exóticas, nació la marca MURO en 1987. Desarrollada bajo el sello creativo de Miguel Ángel Muñoz.

Su identidad estaba vinculada con botas y zapatos de piel de estilo alternativo, diseños poco convencionales, moda atrevida y una propuesta dirigida a consumidores que buscaban originalidad. MURO logró construir un estilo y una personalidad propios en el mundo del calzado y la moda internacional.

Tal fue el éxito de sus diseños que la marca llegó a comercializarse en 25 países durante 15 años, incluidos Japón, Australia, Alemania, Reino Unido, Italia, España, Dinamarca, Chile, Taiwán y Singapur, entre otros.

MURO se presentaba en las ferias más importantes de Europa y Asia. Llegó a abrir una boutique en Alemania y otra en San Francisco, California.

MURO fue una creación propia, pues desde niño me gustó el diseño de zapatos. Eran creaciones únicas e innovadoras que atraían a un consumidor que buscaba ser diferente; las Spice Girls y Gloria Trevi, entre otros muchos artistas y personalidades en varios países, usaron calzado MURO”.

No obstante, la evolución de los gustos de los consumidores, las transformaciones comerciales y las nuevas tendencias de la moda llevaron a dejar de producir calzado MURO en 2002.

La fabricación de botas vaqueras nunca se detuvo. A la fecha, Río Grande, después de 42 años de trayectoria, continúa como una marca destacada en este segmento.

Inauguración de la primera tienda de Río Grande, en la Gran Plaza, León. Foto: Cortesía Río Grande

Trabajo y constancia

Río Grande y MURO son resultado del trabajo y la constancia. Así como parte del patrimonio y legado de don Delfino y doña Petra, quienes recibieron en 1995 el San Crispín de Oro, distinción vinculada con la Cámara de la Industria del Calzado del Estado de Guanajuato (CICEG). Hasta la fecha, doña Petra ha sido la única mujer en recibir este galardón.

En 1995, don Delfino y doña Petra recibieron en 1995 el San Crispín de Oro. Foto: Cortesía Río Grande

El premio representó un reconocimiento a la trayectoria de una pareja que contribuyó al desarrollo de la actividad zapatera de León desde la fabricación y el emprendimiento.

Actualmente, Río Grande continúa vinculada con la tradición manufacturera de León. Su trayectoria refleja el desafío de las empresas familiares mexicanas: honrar el legado de quienes comenzaron, generar nuevas oportunidades y mantener vivo un oficio que se transforma con cada generación.

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