¿Fila? No, aquello no lo era, ni lo parecía, la gente sólo se aglutinaba con un sólo objetivo: ver al papa Francisco.
El Estadio José María Morelos y Pavón parecía grande, pero no lo suficiente para la fe, ganas, ánimo o simple curiosidad que llegaba, llegaba y llegaba en forma de jóvenes de todas las edades, de todos los rincones y que se apretaban cada vez más en cada uno de los accesos.
Los organizadores perdieron la cabeza, no pudieron con tantos sentimientos encontrados, no era para menos, el Papa ha dicho que los jóvenes son la esperanza y ellos lo estaban demostrando.
La travesía fue de más de doce horas, más de mil 500 camiones llegaron llenos de mentes despiertas e inquietas, de personas que querían desvelarse orando o cantando en la deportiva Bicentenario.
La parroquia San Francisco de Acámbaro, Guanajuato puso el ejemplo.
“Pues nadie te ama como yo, nadie te ama como yo”, en círculo, Susana Ramos no dejó de cantar, faltaban más de doce horas para ver al Santo Padre pero parecía que los cantos acortaban el tiempo.
Las cuatro de la mañana fue el momento para la procesión pero no del silencio, las dos horas de camino hacia el estadio, entre porras y competencias .
“Ahora qué diga Toño quién es el mero , mero” …pero Toño no respondió
“Llévatelo señor, llévatelo señor” y las carcajas sonaban, mismas que se acabaron al llegar a la zona de acceso, una fila que parecía infinita se adueñó de la última hora para amanecer, de la última donde los grados no perdonaron.
El “milagro” ocurrió después de las ocho de la mañana, cuando todos en montón comenzaron a avanzar, avance que se prolongado por cuatro horas.
“Llevamos cuatro horas más aparte todas las del camino, y luego nos cierran las puertas, nos están asustando que ya no vamos a entrar, venimos con mucha ilusión”, dijo Carmen Castillo, que viajó desde Puebla.
Lo que pudo ser un caos, se transformó en alegría, en gritos, en sudor y en empujones con el mismo fin, llegar a la puerta que los llevaría a ver de frente al más cercano de Dios.
Con sus escasos 16 años y su voz de cansancio, Fatima Gómez hacer ver que el esfuerzo no ha sido en vano.
“Es indispensable creer en Dios para los seres humanos, esto vale la pena”, dijo antes de cruzar la puerta 5.
Lo que menos hubo fue filas, ni organización hubo mucha, pero sí juventud y entusiasmo.
Aprecian necesario volver a lo esencial
Los sacerdotes de México se sienten comprometidos a regresar a lo “esencial” y estar más cercanos a la gente, luego de la visita y los mensajes de Su Santidad, el papa Francisco.
Ayer luego del encuentro con jóvenes en el Estadio José María Morelos, los religiosos entrevistados coincidieron en que el reto es ser mejor sacerdote con la gente pero también hacer que los laicos busquen la iglesia.
“A los sacerdotes nos compromete, a tener olor de oveja, a estar con el pueblo y entender su realidad, él mismo a través de su testimonio nos hace comprender que debemos estar cercanos a la gente.
“No solamente los sacerdotes salir, sino que los laicos deben acercarse”, opinó Carlos Agustín Cazares Martinez, un sacerdote de Monterrey, Nuevo León.
Pero además, los religiosos consideraron que el mensaje que el papa Francisco le daba a los jóvenes, de tener esperanza ante la vida, iba dirigido a aquellos sacerdotes jóvenes que pueden “inyectar” una nueva forma de evangelizar.
“Ahí está la prueba, hay muchos sacerdotes que no hacen ruido y que son como los aviones y solamente el avión caído es aquel que es noticia, hay muchos sacerdotes que realizan muy bien su trabajo”, comentó el padre José Enrique Quintero, quien venía de Ciudad Hidalgo.